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Els ponents han aconseguit omplir de gom a gom el teatre de la UAB - Fotografia de Sara Sánchez
Els ponents han aconseguit omplir de gom a gom el teatre de la UAB - Fotografia de Sara Sánchez

27 i més: El movimiento estudiantil cierra filas alrededor de los encausados

Una crónica de Alberto Prieto

Ya pasa un cuarto de hora de las 11 y la aglomeración a la puerta del Teatre de la Cívica empieza a ser notable. “Es la Autónoma, no esperemos más”, se oye. Y efectivamente, ese descontrol tan propio del campus de Bellaterra se ha apoderado también de la rueda de prensa de los 27. Una vez abren las puertas rápidamente queda claro que, como en las aulas, en el teatro no se cabe. Los que encuentran sitio es porque han ido rápido y los que no acaban entre las escaleras y el pasillo. Con ya todos sentados  – también los ponentes – el público espera aún no sabe a qué. Ermengol Gassiot es el lógico objetivo de una cámara de la Agència Catalana de Notícies, mientras los cupaires Anna Gabriel y Eudald Calvo charlan amistosamente. Los imputados que han podido estar presentes en el acto ultiman los detalles, reparten papeles, colocan las aguas sobre la mesa y se sitúan detrás de los ponentes como suscribiendo silenciosamente sus discursos.

Javier Rubio, encausado en el caso de los 27, da el lógico paso de contextualizar la causa. Recuerda todo el proceso: alrededor de un mes y medio, desde mediados de abril hasta el 17 de mayo de 2013, de lucha activa del movimiento estudiantil. Decenas de estudiantes, perfectamente vigilados y marcados por la dirección de la Universidad como elementos peligrosos, ocupaban el rectorado de la UAB reclamando la aplicación de las medidas aprobadas en el Claustro. “Un acuerdo de mínimos”, lo llama Rubio. Los manifestantes reclamaban, antes que nada, establecer un diálogo con el rectorado. Nada más lejos, Rubio describe lo que ocurrió como “una guerra institucional del  Equipo de Gobierno contra la demanda mayoritaria de los estudiantes”.

La primera en subirse al atril es Anna Gabriel, con un discurso que retrata el carácter autoritario del rectorado. La portavoz de la CUP abre su discurso solidarizándose con el Casal Tres Lliris. “Nos desalojan cuando nos encerramos pero también cuando abrimos espacios de sueño”. Más de uno apunta este momento a una larga lista de emociones provocadas por la diputada desde la campaña, y el aplauso la interrumpe. Pero al referirse al rectorado pierde el carácter comedido de su discurso habitual para dejar paso a la agresividad dialéctica. Enumera las prácticas represivas del Equipo de gobierno: Listas negras de alumnos por ideología, criminalización de asambleas y sindicatos, y sobretodo, viniendo al caso, su actuación ante la ocupación del rectorado. “Ni una sola línea (de los informes del rectorado) explica los porqués de las demandas (de los manifestantes)”. El énfasis sobre esta frase es uno de los puntos álgidos del verdadero ensayo sobre la manipulación institucional que da Gabriel. Recuerda cómo se descontextualizaron publicaciones, tweets y declaraciones para criminalizar a los estudiantes. Recuerda, también, las dificultades que puso el Equipo de Gobierno a los intentos de negocio y de mediación por parte de los manifestantes. Solidarizándose con los encausados, Gabriel cierra su ponencia alabando a “aquellos que se dejan horas de sueño y de trabajo construyendo una universidad mejor no sólo para ellos, sino para todas las hijas e hijos de la clase trabajadora”.

Coge el relevo, precisamente, Xavier Pellicer, de Alternativa Solidària – una organización de la Esquerra Independentista dedicada a denunciar la represión de las autoridades sobre los movimientos sociales – siguiendo con esta crítica a la represión de los movimientos sociales. Pellicer se muestra tremendamente vehemente. Ninguna frase está medida, todas salen directamente de alguien que se sabe antagonista de su opresor. Reivindica las luchas estudiantiles ya que, como él mismo recuerda, “La universidad es muchas veces la punta de lanza de las luchas obreras y sociales”. Los ejemplos, los más: las manifestaciones obreras de finales de los 90, el No a la guerra en 2003 o el clima huelguista de 2011-2012 son ejemplos de luchas que salieron de las facultades. Y cierra con contundencia. “Que la represión no nos haga olvidar por qué luchamos”.

Eudald Calvo, alcalde de Argentona, se define a sí mismo como un “Habitual de las listas negras”. Varios años de una relación complicada con el rectorado y sobretodo con la vicerrectora de estudiantes, Silvia Carrasco, han hecho de Calvo – militante estudiantil primero, de la Esquerra Independentista más tarde – un verdadero escéptico, cuanto menos, de las políticas institucionales de la UAB. “Hay dictaduras africanas con más garantías democráticas que esta universidad”, afirma, refiriéndose a la dudosa elección del actual rector, Ferran Sancho. El análisis del alcalde maresmenc es profundo: el alza de los precios de  las matrículas, la homogeneización de la enseñanza universitaria, la entrada de empresas privadas en las facultades mediante el patrocinio de cursos de Master… Todo ello responde a una estrategia de la que la dirección de la UAB es cómplice: “Pretenden hacer del estudiante un cliente, una mercancía”. Liberalización masiva de la enseñanza. Calvo define, por su parte, un paradigma universitario colaborativo, fuera de la competitividad que se desea imponer con, en sus propias palabras, el “embate neoliberal” que sufre la universidad pública.

Tras dos intervenciones cortas, las de Lluís Blanco (de la Intersindical Alternativa)  y Miriam Ferrándiz (de la Crida per Sabadell) reclamando solidaridad en las luchas sociales como arma contra la represión y reafirmando el apoyo institucional a los encausados, llega el main event de la mañana. Ermengol Gassiot, profesor de la universidad, secretario general de la CGT Catalunya y encausado por la ocupación del rectorado. Gassiot hace una intervención larga, y potente. Recuerda la represión histórica de las luchas obreras – menciona incluso, en un punto, el asesinato de Durruti por fascistas hace hoy 79 años – y hace una poderosa reflexión sobre la imposición de la cultura de crisis, a la normalización del autoritarismo en la sociedad y, en concreto, en la universidad. “No nos sometemos a la tiranía de la normalidad. No aceptaremos situaciones aberrantes como normales”.

El secretario general de la CGT Catalunya sintetiza, al final, cuál es la correlación de fuerzas, dónde está el enfrentamiento que mantienen los trabajadores y estudiantes con el Equipo de Gobierno. Lo describe como “El conflicto entre el aire fresco de la juventud con una propuesta diferente de construir el mundo y los buitres que aún pululan entre la carroña, bajo el palio de los militares y las togas de los jueces”. Un antagonismo absoluto, del que encuentra una reedición en el proyecto del 3+2. Una oposición diametral contra las élites neoliberales que toma la forma de construcción del sistema universitario pero que es, en realidad, la definición de “el futuro que queremos como pueblo y como sociedad”.

El último de los turnos es para Carles Escolà, alcalde de Cerdanyola, que reedita la visión de Ferrándiz y Blanco de apoyo institucional a los encausados y a todas las luchas estudiantiles. El momento álgido de su intervención se da en el sonoro aplauso que recibe al comunicar las sanciones económicas del ayuntamiento a la UAB por la demolición sin permiso de la guardería La Gespa. Las caras de muchos de los asistentes son de alegría controlada. Miran al alcalde como diciendo ya era hora de que alguien se los cargara. Cierra con un “Hasta la victoria, siempre”  un poco deslucido, porque justo antes de la cita del Ché pierde el hilo del discurso,  y da paso de nuevo a Javier Rubio. El encausado recupera a Gramsci – como si alguna vez se hubiera ido – citándolo con aquello de “La indiferencia es el peso muerto de la historia” – una frase hábilmente colocada en una pancarta a la puerta del propio rectorado durante la ocupación – , pero cierra con un mensaje de optimismo para continuar con las luchas contra la opresión de lo que él define como “clase ociosa”, y anima a los asistentes a quedarse al vermout organizado en la puerta. Los encausados  acaban entre gritos de “Sancho dimisión”, y el público se dirige hacia el aperitivo compuesto de refrescos de marca blanca – todos, curiosamente, menos una botella de tónica – y bolsas de patatas y olivas en mesas de madera. Y la sala, que ha temblado durante casi dos horas, se va, por fin, quedando vacía.

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