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A Cuba, que quiso ser y fue

Un artículo de Cristina Barrial

Han pasado ya 55 años desde que se atrevió. Saltándose cualquier norma impuesta y renunciando a un presente de explotación y casino que auguraba un futuro vacío de soberanía, se atrevió. A 90 millas del Imperio, hubo alguien que se atrevió a desobedecer. Desobedeció a aquellos que, durante el siglo XIX, la habían intentado comprar seis veces, ignorando que algunas cosas no entienden aquello de ponerse en venta. La ocupación estadounidense perpetrada en 1898 recibió su respuesta 60 años después. El 1 de enero no es solamente el día de celebración de la entrada de un nuevo año. No es solo el calendario el que renace para algunos pueblos. El día 1 de enero de 1959, Cuba se atrevió y gritó. Aún podemos oír ese eco que no se extingue.

La revolución cubana no es perfecta – dice una manifestante de La Habana el día del trabajador – porque es humana. Pero está llena de una dignidad y un valor que, de brillar por su ausencia, no habrían permitido que hoy Cuba fuera lo que, valientemente, es. La isla caribeña necesita – y qué no – de contexto para poder ser entendida. Es por eso que, cuanto más se la entiende, más se la quiere. José Martí estaba presente entre aquellos que asaltaron el cuartel de Moncada y derrocaron a Fulgencio Batista. La revolución cubana como colofón a las guerras independentistas.

Para entender la Cuba actual, deben ser dejados a un lado los reduccionismos y las actitudes paternalistas que tanto abundan en el mundo occidental. Cuba vive, desde 1959, en un estado de excepción permanente. Cuba vive un bloqueo económico inhumano que la encorseta y asfixia, que llega a impedir que empresas de terceros países le vendan bienes o servicios cuya tecnología contenga más de un 10% de componentes estadounidenses, aunque sus propietarios sean nacionales de esos países. Un bloqueo que, entre otras cosas, retarda y hace casi imposible la adquisición de material médico de repuesto en la isla. No podemos entender Cuba si no somos conscientes del asedio al que fue y sigue siendo sometida a diario. No, no podemos entenderla si no tenemos en cuenta la guerra biológica, si no tenemos en cuenta que EEUU introdujo en la isla el dengue hemorrágico en 1981, y que el bloqueo impidió la adquisición del producto químico necesario para la eliminación del agente transmisor. Tampoco podemos entender Cuba si pasamos por alto la injerencia constante, los más de 6000 atentados financiados por EEUU que han costado la vida de 3.478 civiles cubanos, entre ellos, el atentado al vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976 cuyo autor intelectual fuera Posada Carriles que, ante la duda, sí; vive plácidamente en Miami.

Pese a las circunstancias, la isla sigue sin arrodillarse. Son muchos los que la quieren muerta y es por eso que sea un logro poder decir que Cuba sigue viva. Que la revolución sigue viva, en tanto que el desarrollo cubano sigue siendo fruto de su éxito. Vive la revolución que ha hecho de esta isla el país de América Latina con la tasa más baja de analfabetización y la de escolarización más alta. Vive la revolución que entiende la educación como arma de futuro y destina un 13% del PIB – más que cualquier otro país- a ella. Vive la revolución que ha conseguido que la tasa de mortalidad infantil se sitúe en el 4,6% (por debajo de EEUU y Canadá), y que dispone del mayor número de médicos per cápita. Vive la revolución de la Operación Milagro y el Yo, sí puedo

Vive aún esa revolución de la que tan poco, y dentro de lo poco, tan mal, sabemos. Esa cuyos logros son escondidos bajo la alfombra del status quo y con cuyos defectos nos dinamitan a diario a través de los televisores especialistas en la cuestión cubana, cuyo paternalismo les llena la boca con la palabra dictadura – porque la democracia, obviamente, es solo la burguesa- pero que no han leído siquiera la Ley electoral cubana, enmendada por última vez en el 2002. En esta sociedad del no saber nada crónico, las únicas voces que nos hacen ver creíbles son las de bloggeros disidentes financiados por Miami que, desde la Habana, dicen no gozar de libertad de expresión y que, sentados al lado de Aznar, afirman no poder salir del país. Yoani Sánchez sabe de lo que hablo.

Hay que comprender Cuba para quererla, pero no por ello dejar de ver sus errores, y en ellos, posibles mejorías. Como dijo Eduardo Galeano, “en un mundo donde el servilismo es alta virtud; en un mundo donde quien no se vende, se alquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad. Cuba está siendo, una vez más, boca de esa voz. Esta revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos que lo que quería pero ha hecho mucho más que lo que podía.” Defendamos esta revolución con uñas y dientes ante sus detractores. Impulsemos, sin embargo, una crítica constructiva entre sus defensores, que combata las limitaciones sin parar de aupar al pueblo cubano hacia la victoria. Que este pueblo continúe siendo materia de barro, de tierra humana. Que su condición de humana la siga haciendo contagiosa. Que siga siendo lo que quiso ser.

 

Fuente: embajadacuba.com.ve

Fuente: embajadacuba.com.ve

Redacció

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