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“A Esmorga”, la obra de Ignacio Vilar llega a Barcelona

Una crítica de Iris Rodríguez

El metro de Barcelona te lo recuerda a cada paso, “A Esmorga: una historia universal destilada en Galicia”. Sin duda Ignacio Vilar dio un golpe de efecto en el audiovisual gallego con su última película, que ahora se proyecta en VOSE en salas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Pamplona. La adaptación – cuanto menos fidedigna- de la novela de Eduardo Blanco Amor ha sido todo un éxito de cartelera. Estrenada inicialmente el 21 de noviembre solo en las salas de Galicia, únicamente distribuyendo 18 copias del filme consiguió permanecer más de un mes en cartelera y conseguir más de 40 mil espectadores y una recaudación que ronda los 200 mil euros. Además de colocarse entre las diez películas más taquilleras del 2014 en el Estado español.

La película es el doceavo proyecto de la productora gallega Via Láctea, que apuesta por la producción audiovisual en gallego desde los años 90. En este caso ha contado con la colaboración de la Editorial Galaxia y evidentemente con una importante suma de financiación pública por parte de la Xunta de Galicia. La Axencia Galega das Industrias Culturais (Agadic) escogió A Esmorga entre los 18 proyectos para cofinanciar, concediéndole un total de 334 mil euros entre 2012 y 2015 para la película.

Lo cierto es que este éxito de taquilla es una bocanada de aire fresco para un sector que lleva sufriendo recortes constantes desde la llegada de Feijóo al gobierno gallego. Las últimas subvenciones convocadas por Agadic han sufrido un recorte acumulado del 77%, recibiendo anualmente desde 2013 1,1 millones de euros, que mucho distan de los 4,9 que recibían en el 2009. Cantidad que es necesario contextualizar en los 61 millones de presupuesto que recibe la Consellería de Cultura (en lo que respecta al 2014) y que se ha reducido un 58% desde la entrada del gobierno popular. Se trata además de la primera vez que TVE compra los derechos de una película en gallego.

Al margen de estas proyecciones en las grandes ciudades, la película sigue una ruta de distribución en caravana por toda Galicia, repitiendo la experiencia de Pradolongo y Vilamor –las películas anteriores del director- . Como afirma Vilar “los cines están en manos de las multinacionales y para el cine gallego la distribución es muy compleja. Si no optas por una distribución alternativa es muy complicado que llegue a los espectadores”.

El filme de Ignacio Vilar ha causado sensación entre la crítica, de hecho ha sido el primer largometraje en gallego nominado a los Goya. Escenografía de calidad y actores de reputada fama en el audiovisual gallego han sabido representar a la perfección el ambiente de la Galicia de posguerra, oscura, lúgubre. La miseria del ser humano y de la sociedad rural de los años 50 perfectamente reflejada en la pantalla. Lo más significativo de la película es sin duda como Vilar reproduce milimétricamente las sensaciones que la novela de Blanco Amor consigue en sus lectores. La angustia además del regusto irónico que esconde la trama son aspectos clave para interpretar la historia. Acompañado de un gallego tosco, arcaico; una escenografía cuidada que te transporta a la tierra de los mil ríos; unos actores fantásticamente escogidos y una música acertada para la intensidad de la cinta.

Cibrán, Milhomes y Bocas, representados por Miguel de Lira, Karra Elejalde- único actor no gallego- y Antonio Durán “Morris”, son tres almas perdidas que vagan durante un día entero de “esmorga”, que en un intento de pésima traducción la han acuñado como “parranda”. El director los define como tres personajes que no logran realizarse como personas porque las condiciones sociales, políticas y ambientales no se lo permiten. Es necesario hacer una doble lectura de la película, Vilar, como Blanco Amor, deja entrever todos los trastornos y las luchas que viven los protagonistas. El alcoholismo, la prostitución, la represión de la benemérita, el sistema feudal gallego y la homosexualidad son algunos de los ítems que a lo largo del filme se van descubriendo a través de las argucias de tres pobres hombres de borrachera.

No era la primera vez que la obra era llevada a la gran pantalla, en 1967 Gonzalo Suárez rodó “La Parranda”. Muy lejos queda de la versión de Vilar. A Esmorga cuenta con el elemento básico para transmitir su grandeza: el idioma. La idiosincrasia de la Galicia rural y el dialectismo propio de Ourense – bajo el pseudónimo de Auria en el filme-, es lo que hace de la adaptación de Vilar una obra maestra de la que Blanco Amor se sentiría orgulloso. De hecho, ver la película sin tener el precedente de la novela puede ser un riesgo que haga perder cierta esencia de la grandeza de la historia. Por no hablar de lo que supone limitarse a los subtítulos en castellano, los cuales distan de ser de gran calidad, dejando al descubierto el talón de Aquiles de la traducción. En definitiva es una gran obra que sirve para justificar la afirmación de Vilar “El cine es un instrumento valioso para dar forma a un país y construir su memoria colectiva”.

Sentimiento, pulsión, solidez y emoción son los pilares de A Esmorga, un drama con el que el director ourensano dignifica el audiovisual gallego.

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

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