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Amancay Diana el día que Cristina Kirchner le entregó su nuevo DNI. Fuente: La Nación

A vos, que renunciaste al privilegio de tener pene

Un artículo de Cristina Barrial 

Cuando yo me vaya no quiero farsantes en mi despedida;
quiero a mis travas queridas, a mi barrio lumpen, a mis hermanos de la calle, de la vida y de la lucha…
Cuando yo me vaya sé que en algunas cuantas conciencias habré dejado la humilde enseñanza de la resistencia travasudaca, originaria.”
Amancay Diana Sacayán

 Se llamaba Amancay Diana Sacayán. Amancay, en quechua, es una flor amarilla típica de la Patagonia y de la parte andina del sur de América. Este tipo de flores desaparecen en invierno y crecen en la primavera. Diana es una amazona guerrera. Amancay Diana Sacayán no es sólo una cifra, pero es uno de los tres travesticidios que tuvieron lugar en el pasado mes de octubre en Argentina. La palabra “travesticidio”, o “feminicidio trans”, se usa para referirse a los asesinatos con saña de personas que se identifican con una identidad de género que no depende, en exclusivo, de los genitales que se portan al nacer.

Repitan su nombre. Diana. Según la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), fue uno de los 13 travesticidios en los que llevamos de año en ese país. Desde el 2008, a nivel mundial, la cifra de asesinatos de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexo y queer es de 1509. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) nos ofrece otro dato: el 80% de las mujeres trans asesinadas en 2013 tenían un promedio de 35 años de edad. No sabemos su historia, no sabemos su nombre. Tampoco sabemos a qué se dedicaban. Probablemente eran prostitutas, ya que según un estudio presente en el libro “Cumbia, copeteo y lágrimas”, el 95% de la población travesti en Argentina se dedica a la prostitución, mientras que el 77% preferiría no hacerlo.

Entonces, de entre todos estos porcentajes, de entre todas estas cifras, aparece un nombre. Amancay Diana. Una mujer que se nombró a sí misma. Flores amarillas en la cabeza.

Nació en Tucumán hace 40 años. Apenas siendo un bebé, su familia se mudó al conurbano bonaerense, La Matanza. Con 15 años comenzó a prostituirse, ya que en otros empleos era discriminada por su transexualidad. Activista, era dirigente del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) y de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (ILGA). Su militancia política se vio reflejada en éxitos palpables para la comunidad trans que colocan a Argentina como uno de los países más avanzados en materia legislativa.

En el 2010 se aprobó la ley de matrimonio igualitario, siendo el primer país de América Latina en reconocer a dos personas del mismo sexo el derecho a la unión conyugal y el décimo a nivel mundial. Diana fue una de las cuatro mujeres trans que recibieron su nuevo DNI tras la aprobación en el 2012 de la ley de identidad de género. Esta ley permite que las personas trans (travestis, transexuales y transgéneros) se inscriban en sus documentos personales con el nombre y el sexo de decidan. Por otro lado, asegura que todos los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean cubiertos por el Programa Médico Obligatorio. Esto garantiza una cobertura de las prácticas en todo el sistema de salud, tanto público como privado. Es la única ley de identidad de género del mundo que no patologiza la condición trans.

Además, Diana fue una de las promotoras de la ley de cupo laboral para transexuales y travestis, por la que al menos el 1% del funcionariado de la provincia de Buenos Aires deberá pertenecer al colectivo trans. ¿Tan necesario? Sí. Solo representaban el 0,01%.

Entonces, de entre todos estos porcentajes, de entre todas estas cifras, aparece un nombre. Amancay Diana. Antes de poder acudir al XXX Encuentro Nacional de Mujeres en Mar de Plata, su cuerpo fue encontrado en su departamento del barrio de Flores un 13 de octubre. Fue asesinada. Vieron a un hombre salir de la casa. Muerte violenta. Anteriormente había denunciado en dos oscasiones a la Policía Metropolitana por abusos.

Los trece travesticidios en lo que llevamos de año en Argentina ponen en relieve los desacoples que vive un país tan avanzado en materia legal para el colectivo trans frente a la cotidianeidad, al día a día que reserva para este colectivo, simplemente, el rol de ser putas. Y que no se atrevan a salirse de él. Los travesticidios, crímenes de odio, son perpetrados por aquellos que se niegan a aceptar la alternativa a la lógica binaria biologicista hombre-mujer, que se escapa de la heteronormatividad.

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-Cuando digo una palabra –dijo Humpty Dumpty-, esta quiere decir lo que quiero que diga, ni más ni menos.

– La pregunta es –insistió Alicia- si se puede hacer que las palabras puedan decir tantas cosas diferentes.

– La pregunta –dijo Humpty Dumpty –es saber quién es el que manda… eso es todo.

Alicia en el país de las maravillas (1865)

Lewis Carroll

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El poder de nombrarse reside también en el poder de hacer que otros te nombren de la misma manera. La autopercepción que se reconoce en la ley de identidad de género es crucial, pero no es el cúlmen, sino el principio. Diana contaba, acerca de uno de los abusos policiales que sufrió: “Se reían diciendo quién me iba a revisar a mí. Tras de un rato de escuchar esa discusión denigrante decidieron que tenían que ser un hombre y una mujer, para la parte de abajo y la de arriba. Les dije que a mí me iban a llamar por mi nombre y a tratarme bien porque no estábamos en dictadura y los iba a denunciar. Se rieron”.

Es necesaria, también, una ley antidiscriminatoria. Pero con lo legal no alcanza cuando el problema atraviesa con sus raíces lo cultural y la hegemonía de la heternormatividad que privilegiadamente se ha reservado el derecho nombrar qué es lo diferente. Que, de igual manera, quien no contrata a una mujer trans por discriminación de género y quien comete un crimen de odio vienen a expresar lo mismo: no soportaban que vos y otras tantas, Diana, renunciaran al privilegio de tener pene.

Raquel M. Martinez
Estudiant de periodisme a la UAB, redactora a La Columna. Amb interferències entre la faceta de poeta i la de periodista. Entenc aquesta professió com un compromís amb la societat.

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