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Mercado de Onitsha / http://newswirengr.com
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‘África no existe’

Una columna de Rosa P. Masdeu

Los coches circulan ignorando- en casos desafiando- los amables cero grados que envuelven Budapest. Cientos de kilómetros al Norte por el Danubio, en Bratislava, la situación se repite, sólo que cientos de veces más fría y nevada.

El pasado viernes 6, de vuelta a Barcelona, el mono de procés tomó por mí la decisión de ponerme al día de la actualidad de estos territorios bendecidos con el clima mediterráneo. Sorpresa en las noticias de la Sexta: las cámaras se han desplazado. A un lado ha quedado el plano recurso de St. Jaume guiri y vacía. Los periodistas hacen sus stand-up desde el Reino de las Nieves, provincia de León. Allí están atascados desde el martes decenas de conductores que circulaban por el tramo de la A-67 que va de Cantabria a Castilla León. Atascados. Entre las distintas anécdotas causadas por el temporal INVERNAL, me captura la de los atascados.  Me invade “un calor tremendo, como siempre en África a mediodía”, como cuando Kapuscinski se encuentra con  El agujero de Onitsha, una de las últimas HISTORIAS de Ébano.*

ONITSHA, en palabras del periodista polaco, “es una pequeña ciudad de Nigeria oriental que alberga el mercado más grande de África, o tal vez incluso del mundo”. Kapuscinski y su guía Omenka** se dirigen allí desde el golfo de Benin, en el sur-oeste del país. Desde esa dirección, la única entrada a la ciudad de Onitsha es por la Oguta Road.  Sin embargo, mucho antes de la desembocadura al bullicio del mercado, coches, carros y camiones están atascados en una única caravana, de días de espera:

“ …. en medio de la calle se abrían las fauces de un agujero enorme. Inmenso: ancho y de varios metros de profundidad. De bordes perpendiculares y abruptos, aparecía en su fondo un depósito de turbia agua estancada. A aquella altura, la calle era tan estrecha que no había manera de rodear el agujero y todo aquel que quisiese entrar en la ciudad con su vehículo antes tendría que meterse de cabeza en aquel abismo y sumergirse en el lodazar, y luego esperar que alguien se las ingeniase para sacarlo de tan incómodo aprieto…”

Cuenta K. que se formaban espontáneamente equipos de rescate que salvaban, primero, las mercancías; y luego con cuerdas y vigas de madera arrastraban el vehículo fuera del agujero, que al paso de cada automóvil se volvía más profundo.

Advierte el autor que sólo en un mercado africano “se ve hasta qué punto el mundo está inundado por cosas de última fila,  cómo se hunde en un océano de kitsch, de baratija, de sin gusto y sin valor…”. Estas palabras claramente fueron empuñadas antes del boom del bazar chino, pero no se especifica el momento exacto.  Sin embargo, al final del capítulo K. menciona que años más tarde, al contar en Lagos su experiencia en Onitsha, una voz indiferente le respondió: “¿Onitsha? Allí siempre es así”.

Pero resulta que en esos 30 minutos de ventana al mundo del viernes, a nadie le interesó encuadrar ninguna historia de Onitsha, ni de ninguna otra parte de Nigeria, ni siquiera las que ocurren en la porosa, sangrienta y ONU-observada frontera con el Camerún septentrional***.  Ni ninguna otra historia de África”****.

He querido mentir, en realidad en deportes hablaban de los DISTURBIOS del último partido entre la selección de Ghana y Guinea Ecuatorial.  No tardó en llegar lo que andaba buscando en las noticias, algo que me recordara que volvía a estar en casa. La vicepresidenta del gobierno comparecía: “Si todos los españoles hicieran lo que hace el señor Monedero, a ver cómo pagamos los servicios públicos, la educación y la sanidad en este país”.

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* KAPUSCINSKI, Ryszard; Ébano. Ed. Czytelnic. Varsovia, 1998Recomendación absoluta y sincera para todo.

** “…Mi conductor atendía al nombre de Omenka y, criado en la riqueza de la cuenca petrolífera del lugar, pertenecía a esa clase de personas listas y astutas que saben el valor del dinero y cómo sacárselo a sus clientes. El día en que nos conocimos al despedirme de él, no le di nada. Se alejó sin decir ni tan siquiera adiós. Me sentí apenado, porque no me gustan unas relaciones frías y formales entre las personas. La vez siguiente le di cincuenta nairas, moneda local. Dijo adiós e incluso esbozó una sonrisa […] No quiero seguir con esta historia por más tiempo, pero las cosas habían alcanzado tal punto que, yo colmándolo de nairas y él aceptándolas al final no podíamos separarnos…” (KAPUSCINSKI, Ryszard; Ébano. 2004, Ed. ABC. S.L pág. 289)

*** Ver “Camerún bajo la amenaza de Boko Haram”, Le Monde Diplomatique en español, enero de 2015.

**** “Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta a parte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos “África”. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.” (KAPUSCINSKI, Ryszard; Ébano. 2004, Ed. ABC. S.L nota del autor)

Rosa P. Masdeu

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