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Con ilusión, no te votaré

Una columna de Iris Rodríguez

Hace días que me persigues. Tu cara constante en cada cadena de televisión. Tu sonrisa forzada se repite en los paneles del metro. Tu mirada al horizonte en cada farola de camino a casa. Tu voz monótona que habla de cambio sensato. ¡Qué oxímoron!, pienso.

Vale, lo reconozco, tu color me horroriza, pero es que no es solo cuestión del naranja. Además hay palabras que no me creo. Permíteme desconfiar de una cortina de humo hecha programa electoral; de un hombre que entiende por igualdad liderar a las mujeres para que pidamos paso – qué locura querer pasar sin permiso-, de un contrato único que intenta pero no puede esconder el abaratamiento del despido que supone o de una subida del IVA a los productos básicos que me genera serias dudas.

Las encuestas y sus respuestas anónimas me asustan, los columnistas de opinión de las cabeceras de este país te llenan de halagos y sé que mis redes sociales me ocultan algo. Sé que hay un discurso que cala, que se expande como la pólvora, pero es silencioso, como si no se sintiesen orgullosos de lo que defiendes.

Es que si me descuido casi convences a mi madre, menos mal que le comenté lo de la violencia de género. Sí, eso de que para ti es equiparable a la violencia intrafamiliar -cargándote de un plumazo el machismo estructural de la sociedad-. Parece que al final entró en razón, debió recordar las 816 asesinadas en los últimos doce años por sus parejas o exparejas o las 27 mil mujeres afectadas por violencia machista sólo en el 2014 y no entiende lo de que el “género” no condiciona la violencia ejercida.

Lo siento, no insistas. No puedes caerme bien si también pasas de puntillas por la política migratoria, dices que hay que respetar la Convención Europea de Derechos Humanos y al mismo tiempo hablas de la protección de las fronteras exteriores. Todo ello sin aclarar qué harás con las cuchillas que coronan la valla en Melilla. No, no vas a conseguir que tu papeleta entre en mi sobre si proclamas garantizar los derechos humanos de los internos de los CIE, pero tu partido vota en contra – tan solo con el apoyo del PP- de la petición del Parlament de cerrar el de Barcelona.

Que sí, que ya ves que me he leído tu programa – ese que en medidas económicas es idéntico a lo que las empresas del ibex 35 proponen a través de su think tank (FEDEA)- y ni con copia-pega me lo creo. La respuesta es no. No te votaré Albert, y además cogeré esa ilusión que predicas para intentar que todo el que me rodee tampoco lo haga. Porque lavándose la cara solo se cambia el aspecto brevemente, luego todo vuelve a su mismo estado y los problemas que vivimos son demasiado serios como para no atajarlos de raíz. Lo dicho Albert, las cosas claras y el chocolate espeso.

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

Un comentari

  1. Opinión muy respetable. Pero tan respetable como de todo aquel que elija votar a este señor. Es lo bueno de una democracia, que cada uno puede elegir a quién vota, incluso tras superar la carrera de obstáculos que supone intentar no sugestionarse ante tanta propaganda de un lado y del otro que se hace en todos los medios y redes sociales en campaña electoral o incluso desde antes.

    Feliz fiesta de la democracia, Iris, espero que des tu voto al candidato que más te convenza, y que el resto de la gente haga lo mismo, sea Albert, sea Pablo, o sea cualquiera de los que se presentan.

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