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Fotograma de Rich Hill. Fuente: crowdfundfilmsociety.com

Americana, día 2: el drama independiente

Una crónica de Paula Pérez

13, 15 y 17 años. Son edades difíciles para todos, pero todavía más en una casa llena de basura situada en un barrio marginal. Más complicado aún con un padre que se fue hace años sin decirte nada, con unos padres hasta arriba de deudas o con una madre en la cárcel por defenderte de un violador. No es ficción, son las tres historias reales que se pueden ver en el documental Rich Hill. El futuro no tiene posibilidades reservadas para ellos. Nadie irá a buscarlos. La sociedad se encargará de mirarles por encima del hombro. Pero Andrew, uno de los tres protagonistas, no se lo cree. “No somos escoria, somos buenas personas”, dice a la cámara.

La sala llena para escuchar lo que estos tres adolescentes norteamericanos tenían que decir sobre ellos, su familia y su entorno. Que no nos engañen los medios, las películas y la publicidad, en Estados Unidos hay tanta o más pobreza que en el resto del mundo. El sueño americano está reservado para los que han tenido la suerte de nacer en una familia acomodada. Y hasta que las políticas sociales existan – pero de verdad – esta situación no cambiará. La suave luz que emitía la pantalla dejaba ver algunas lágrimas que rápidamente se intentaban ocultar. Porque Rich Hill puede verse como un relato conmovedor sin caer en el sensacionalismo, que ya es decir mucho. Pero también como una crítica real y realista hacia la sociedad. Una madre que trabaja hasta deslomarse para mantener una casa que se cae a pedazos y a unos hijos a los que malamente puede atender. Un padre que para bañar a sus hijos tiene que ayudarse de un cazo y una plancha porque le han cortado el agua caliente. Una madre que está en prisión por defender a su hijo de los abusos sexuales a los que le sometía su padrastro. ¿Dónde está el Estado que nos ayuda? ¿Dónde está el Derecho cuando lo necesitamos? ¿Dónde está la Justicia que nos protege? El film ha acabado y Ben Howard acompaña al público mientras se dirige a la salida.

Una comida que se alargó, unas llaves que no aparecían, un metro que partió justo cuando los pies pisaron el andén. La prisa quiso que no se eligiera la salida correcta y el agobio puso especial empeño en nublar la memoria para que la calle Girona se camuflara entre tantas otras muy parecidas de su alrededor. Conclusión. Kumiko, the Treasure Hunter empezaba a las 16:20 y una servidora llegó al Americana Film Fest cuatro minutos más tarde. “Con suerte, hay mucha cola y la gente aún está entrando”, pensé. Pues no. Raramente los festivales tienen una buena organización y son estrictos con sus horarios, pero este sí que lo fue. A prisas me metieron en la sala. Estaba a rebosar. Temí que tuviera que ver la película de pie. Uno de los organizadores me mostró un sitio y atravesando toda la fila, con sus consecuentes caras de desagrado, por fin, acalorada, me senté. Mochila fuera, chaqueta fuera. Vi la pantalla, en la que no estaba Rinko Kikuchi, sino Jesse Eisenberg (La red social) y Dakota Fanning (Yo soy Sam). ¡No! Era demasiado tarde y sobre todo demasiado aparatoso invertir el proceso, así que decidí que Night Moves me sorprendiera. Y no defraudó. No del todo.

Grandes paisajes naturales en contraste con algunos planos detalle de las cosechas que producen en perfecto equilibrio con la naturaleza. El largometraje trata de tres ecologistas que deciden volar una presa. Todo muy natural. El tercero en discordia es Peter Sarsgaard (Boys don’t cry). El drama se desencadena y sus acompañantes son los actos desesperados. Quizá demasiados y algo inconexos. Pero puede que precisamente esa fuera la intención de la directora del film, Kelly Reichardt: hacer que el espectador entre en una dinámica que desconoce, pues Night Moves no sigue las estructuras narrativas y visuales de los thrillers convencionales. Muchas sombras, alto contraste y baja iluminación. La frustración de los personajes se transmite con la luz del film. Aunque tanto plano general hace que el público no sienta una conexión real con los protagonistas. Lo que sí consigue comunicar es la pregunta que flota en el aire sin que en ningún momento quedara verbalizada: ¿Ha valido la pena? Podemos hacer que el mundo empeore muy rápido, pero si seguimos los mismos métodos para curarle será peor el remedio que la enfermedad.

Tres ecologistas en acción, fotograma de Night Moves. Fuente: indiewire.com

Tres ecologistas en acción, fotograma de Night Moves. Fuente: indiewire.com

El día se cierra con Listen Up Philip. El protagonista del film es escritor. Mejor dicho, ha publicado un par de libros. Se llama Philip y lo interpreta Jason Schwartzman (Moonrise Kingdom, El Gran Hotel Budapest) de manera excepcional. Philip no es un antihéroe, es directamente gilipollas. Es la clase de persona que quieres olvidar una vez que la has conocido en profundidad. Philip solamente ama a Philip. Esta película todavía no tiene distribución en España, pero debería. En Francia comparan esta obra de Alex Ross Perry con una de Woody Allen, pero poco tienen que ver más allá de basarse en la sucesión de intentos frustrados de conseguir la felicidad. Porque nunca lo admitirá, pero Philip se pasa la vida sufriendo. El empeño por ocultar este sufrimiento y de paso ver si se evapora, consiguiendo siempre el efecto contrario, hace que el film mantenga la tensión del espectador. Y las personalidades tan bien definidas de los personajes atrapan y envuelven, haciendo que se establezca una conexión difícil de lograr para muchos cineastas.

El guión es divertido sin pretenderlo demasiado. Philip se deja en evidencia él solito intentando parecer más inteligente de lo que en realidad es. Por eso los diálogos son a veces irritantes, aunque lo es más aún su completa y absoluta falta de empatía. Como si de un libro se tratase, la voz en off nos va presentando el personaje principal y los que interactúan con él. Elisabeth Moss (Mad Men) interpreta a su paciente novia, que experimentará una evolución muy agradable de presenciar. Su ídolo y pseudo mentor es Jonathan Pryce (Piratas del Caribe). Pero el mejor personaje secundario es la hija de este, Melanie Zimmerman, siendo Krysten Ritter (Breaking Bad) la actriz que le da vida. Ella parece ser la única que se da cuenta de que tanto el escritor viejo, su padre, como el joven, el humilde Philip, son débiles. Pero para ocultarlo se arman con una coraza, consiguiendo así alejar a amigos, compañeros y familares. Por eso se puede decir que esta película es un drama. Pero lo realmente dramático es que solo es un reflejo de todas las personas que viven cegadas por su arrogancia.

Philip sosteniendo un libro en Listen Up Philip. Fuente: madisonmovie.org

Philip sosteniendo un libro en Listen Up Philip. Fuente: madisonmovie.org

Paula Pérez
Tengo dos amantes, la escritura y el cine. A veces se juntan y pasan cosas.

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