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Apelación al altruismo ciudadano

Una columna de Iris Rodríguez 

Decir que privatizar es la última moda podría calificarse de eufemismo. Esta semana nuestro estimado gobierno neoliberal ha estrenado nuevo capítulo. Y es que la Comunidad Autónoma de Madrid ha aprobado el convenio por el que pagará 9 millones de euros anuales a la organización Cruz Roja para que se encargue en exclusiva de “la extracción y colección de sangre en la vía pública” a partir del próximo 1 de enero. Para evitar duplicidades laborales con los Centros Públicos de Transfusión de Sangre de la Comunidad Autónoma. Es decir, que pagarán a una organización externa para que realice un trabajo que actualmente se gestiona en su mayoría en dependencias sanitarias públicas.

Buscando alterar la filosofía básica del sistema de donación español basado en la voluntariedad y el altruismo, esta última hazaña del gobierno de Ignacio González contra la sanidad pública no ha dejado indiferente a los trabajadores, que tras la “victoria” contra las privatizaciones de varios hospitales de la comunidad, ha vuelto a activar la Marea Blanca para posicionarse totalmente en contra de esta medida. La sangre no se vende, se defiende.

Los intentos de catalogar el “oro rojo” como bien de mercado no son algo nuevo. Ya en el año 2012, Victor Grifols, presidente de la multinacional catalana Grifols, especialista en el tratamiento del plasma y la elaboración de hemoderivados, insinuó que España debería hacer un replanteamiento de su prohibición de vender sangre y acercarse así al sistema estadounidense: pagar por la sangre. En concreto, por el líquido amarillento rico en proteínas en el que se encuentran suspendidos los glóbulos rojos, blancos y las plaquetas. El plasma como fuente de riqueza de la familia Grifols. Intentando que el pago por cada donación se convierta en un aliciente para que éstas aumenten y así no tener que comprar tanta cantidad a sus 147 plantas estadounidenses para la producción estatal de dichos hemoderivados. Todo bajo la populista argumentación de que con la crisis sería una forma de salir adelante para muchas familias.

Albert Jovell, presidente del Foro Español de Pacientes, afirmaba: “Introducir elementos económicos vulnera la ética de solidaridad que hemos creado como sociedad con un sistema de donación que es envidiado en el mundo y que se basa en el altruismo”.

Si nuestra sociedad es capaz de convertir en un bien con valor de mercado nuestra propia sangre, es señal de que el capitalismo está demasiado inserto en nuestras vidas. Existe un código ético, elementos que están, de momento, por encima del dinero. Cuestiones que no tienen un valor monetario, que tienen un valor humano y moral. Confiemos en no perderlos y que las voces cuerdas de altruismo y solidaridad sigan siendo nuestro atisbo de esperanza.

“Se vende sangre”. Fuente: vozpopuli.com. Fotógrafa Laura Diéz.

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

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