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Así hemos vivido los Gaudí 2015

Una crónica de Mireia Mullor y Paula Pérez.

Quizá fuéramos las únicas personas que no accedieron a la Gala de los Premios Gaudí en coche. Durante el camino pensamos en cómo íbamos a volver. Podríamos llamar a un taxi, dijimos, o hacernos amigas de alguien y que nos baje. Nos miramos. Ganó lo segundo. Después de caminar largo rato llegamos al Club Sant Jordi. El viento polar también estaba esperando por su acreditación. Cuando conseguimos entrar nos dividieron, los de radio y tele para una sala, los redactores para otra, y los de photocall para abajo.

Nosotras dos en un principio éramos un equipo de tres. Dos redactoras y un cámara. La responsable de prensa tuvo que reducir personal y eliminó al cámara, dejándonos sin posibilidad de fotografías o vídeo. Pero por intentarlo no fue. Salimos por la puerta A, caminamos hacia el photocall hasta que un guardia nos dijo que no podíamos caminar más. “¿Y con quién podemos hablar?”, le preguntamos. Allá fuimos buscando a la responsable de prensa. Nos dijo que no podíamos acceder a la zona del photocall por exceso de aforo, pero que podríamos seguir el ambiente desde un balcón en un piso superior. Aceptamos. Salimos por la puerta B. Vimos nuestro balcón pero otro guardia se interponía en nuestro camino. Le retransmitimos las palabras de la responsable, en vano. Caímoss en la cuenta de que sin estar con ella no iríamos a ninguna parte. La buscamos de nuevo.

Volvimos a la puerta A. Empezaba a hacer mucho frío. Nos volvió a decir que sí, que podíamos estar en ese balcón. Finalmente pasamos con ella, de ahí bajamos unas escaleras y aparecimos en el photocall. Nuestro gozo fue breve porque rápidamente nos dijo que no podíamos estar ahí. Volvimos al balcón y desde ahí desenfundamos cámara. El frío comenzaba a ser casi lo único que ocupaba nuestras conversaciones. Suerte que otro guardia vino a salvarnos de nuestra desdicha al proponernos muy amablemente y sin alteraciones en su voz que volviéramos a la sala de prensa. Le explicamos lo ocurrido sin demasiado éxito. “Yo trabajo para el Ayuntamiento, me da igual lo que diga el departamento de prensa”, fue concluyente. Nos fuimos. Intentamos acceder por otras vías pero todo fue inútil.

Jesús Castro en el photocall. / Fotografía de Paula Pérez.

Jesús Castro en el photocall. Fuente: Paula Pérez

Después de caminar por esos laberintos de piedra y hablar con todos los guardias de seguridad posibles, volvimos a la sala de prensa. Eran las ocho y llevábamos tres horas a vueltas. Pero el hambre apretaba para todos. Los entrepans estaban muy ricos. Tanto que se acabaron enseguida. Poco después solo quedaban algunas botellas de agua y bolsas de cinco o seis patatas dentro. Los redactores de la sala de prensa no dejaron un momento de escribir en sus ordenadores. “¿Pero qué escriben?”, nos preguntamos. Había seis mesas colocadas en fila y una pantalla para cada mitad. Entendimos la sensación que tuvieron los periodistas cuando Rajoy hizo la rueda de prensa desde una televisión. Raro y decepcionante. El presentador, Àngel Llàcer, de repente apareció en pantalla. A la TV3 le dedicó un saludo efusivo y la mejor de las sonrisas. En cuanto le dijeron que ya estaba fuera, su cara se volvió de mármol y desapareció.

Por fin comenzó la ceremonia. Àngel cantó y bailó. Demostró que el espectáculo está hecho tan a su medida como el vestido blanco con el que apareció en un momento de la Gala. Las nominaciones iban pasando, la sala de prensa estaba en completo silencio y nuestros cuerpos un poco inquietos. Decidimos irnos de aquella ratonera y a ver qué podíamos hacer. Atravesamos la puerta A y echamos un vistazo rápido a los asientos de las gradas. En uno de los laterales había algunos asientos libres. Nos sentamos. Un trabajador de seguridad con el que no habíamos hablado no tardó ni treinta segundos en acercarse. “Somos de prensa”, miró la cámara, miró la acreditación y miró para otro lado. Poco después, Isona Passola, la presidenta de la Academia del Cine Catalán, expresó en su discurso que el cine y la libertad siempre van juntos. Paradójico.

Isona Passola, Presidenta de la Academia del Cine Catalán. / Fotografía de Paula Pérez.

Isona Passola, Presidenta de la Academia del Cine Catalán. Fuente: Paula Pérez.

Después de la foto de familia, esta edición de los Premios Gaudí se daba por finalizada. Recogimos y nos adentramos en un frío propio de la Antártida. Dos chicas esperaban cerca de la puerta. Nos acercamos y acabamos compartiendo taxi. “Diagonal con Muntaner”, le dijo una de ellas al taxista. La otra chica nos explicó que su padre era académico y hablamos de las obras que había hecho. Llegamos al local donde se celebraba la fiesta y las chicas nos dijeron que iban a comer algo. Les respondimos que encantadas y gracias, por si acaso no nos volvíamos a encontrar. Así fue.

En tu fiesta me colé

La Sala Luz de Gas de Barcelona se alzó ante nosotras al salir del taxi. Solas ya ante el peligro, nos colocamos en una cola que avanzaba llena de gente con entradas de una fiesta a la que no estábamos invitadas. Aunque por lo visto, nuestra condición de prensa (o quizás de espabiladas) nos abrió las puertas a la celebración post-Gaudí. Por si nunca habéis estado en Luz de Gas, es uno de esos sitios que respira aroma vintage. La decoración, la gente, las bebidas millonarias, el escenario con su telón rojo sangre. Casi parecía que el mismísimo Fantasma del Paraíso aparecería en cualquier momento sobre uno de los balcones para crear el pánico entre los invitados. Suerte que Brian de Palma no dirigió la noche del domingo. Todo tenía ese aire cinéfilo, ciertamente. Muy oportuno. Entramos emocionadas, con la adrenalina de quien ha robado un banco y ha salido airoso, porque estar allí estaba siendo sin duda lo más emocionante de la noche. Una noche que apenas acababa de empezar.

Copa de vino tinto en mano, cortesía de la casa, avanzamos entre la gente, esperando ver entre todas aquellas caras a los protagonistas de la gala. No tardamos en reconocer a personajes como J.A. Bayona y demás gente del mundillo del cine como Jaume Ripoll de Filmin o Carles Marqués-Marcet, el gran triunfador de la noche en los Gaudí. No nos olvidamos de saludar a Lluís Miñarro, director de Stella Cadente, a quien habíamos conocido apenas dos días antes en una entrevista. La enhorabuena correspondiente y los dos besos para uno de los que esa misma noche se llevaron dos premios de la Academia. No fue el único al que saludamos. Apuramos las copas mientras admirábamos el paisaje, pero pronto el telón se abrió, con la lentitud dramática que correspondía, y un grupo de músicos jóvenes aparecieron en el escenario. Versionarion canciones míticas que el público disfrutó, desde clásicos de Earth, Wind and Fire hasta el Superstition de Steve Wonder.

Y mientras bailábamos absortas advertimos que a nuestro lado se movía un vestido rojo con encajes, un modelo que deberíamos reconocer, pues fue uno de los que se pasearon por el escenario de la gala de los Gaudí. Natalia Tena bailaba con esa sonrisa imborrable en su cara, con esa simpatía que la caracteriza. A su lado, David Verdaguer y su bigotazo. Ambos, mejores actores protagonistas del año, coronados esa misma noche. Y allí estaban, celebrándolo a nuestra vera. ¿Qué íbamos a hacer sino acercarnos?

Espectáculo final de la Gala de los VII Premios Gaudí. / Fotografía de Paula Pérez.

Espectáculo final de la Gala de los VII Premios Gaudí. Fuente: Paula Pérez.

Imagen de portada: Paula Pérez.

Redacció

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