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Leelah Alcorn en un dibujo. Fuente - vagamagazine.com
Leelah Alcorn en un dibujo. Fuente - vagamagazine.com

Bajo una aparente igualdad legal, pero no social

Un artículo de opinión de Cristina Muelas

Leelah Alcorn, una joven atrapada en el cuerpo de un chaval decidió que era mejor morir que vivir su situación. Aislamiento e incomprensión sometidos por las expectativas que esbozaba su entorno. La sociedad se cubre de un manto de aparente igualdad cuando de hecho, tal y como asegura en un estudio la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), “siguen siendo muchas las víctimas en muy di­ferentes campos, tanto de las relaciones privadas como en el terreno de las administraciones públicas”. Vivir en un espacio libre de convivencia discriminatoria por orientación sexual o identidad de género, debiera ser nuestro pan de día a día. Y no lo es. En lugar de ello, la sociedad padece una enfermedad que adquiere nombre y apellidos: Homofobia y Transfobia.

Legalmente, la situación actual de la homosexualidad y la transexualidad en España ha adquirido unos impulsos. En octubre de 2014, el Parlamento catalán aprobó una de las leyes más avanzadas a nivel nacional e internacional. Sin embargo, igualdad legal no conlleva igualdad social. Y lo refleja el estudio de FELGTB que, por ejemplo, un 30% de personas del colectivo se han sentido discriminadas en un restaurante o un bar. O que un 31,23% ha padecido discriminación en su puesto de trabajo, siendo las bromas (un 72,73%) la medida más utilizada. Es por ello que el espacio legal se obra insuficiente para erradicar el parásito de la discriminación. Así, el Comité Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia (IDAHO) advierte de que “hay una falta de voluntad política en numerosos países a la hora de hacer frente a la homofobia y la transfobia”.

Y no le falta razón, porque según calcula el mismo Comité IDAHO, “cerca de 1.500 personas han sido asesinadas en crímenes por odio homófobo” a lo largo de los últimos seis años. Elevadas cifras que se relacionan con los datos que muestra la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA), dado que son demasiados los países en el mundo que persiguen los derechos de estas personas frente a los que los reconocen o protegen (5 países piden pena de muerte; 71 piden prisión o castigo físico mientras que 31 reconocen las uniones del mismo sexo; 14 la adopción conjunta y 65 protegen con leyes anti-discriminatorias).

Ante la insuficiencia legal (y para combatirla), la educación sobre igualdades de sexo resulta necesaria. Sin embargo, la escuela es otra de las esferas en las que se hace patente la discriminación. Se materializa en abuso, acoso, violencia verbal o incluso física. El estudio propuesto por FELGTB lo pone en evidencia: un 76,38% manifiestan haberse sentido discriminados, a lo que la investigación añade que “el inicio del acoso escolar homofóbico suele ser muy temprano”. En las escuelas se enseña qué es la libertad de identidad y la libertad de género, pero en cambio no se educa para ello. Si fuera de esta manera, la educación llevaría consigo intrínsecamente las herramientas para erradicar la discriminación o la vulneración de los derechos humanos. Mientras tanto, se mantiene y amplifica el statu quo en apariencia de libertad e igualdad social.

Cristina Muelas Guiu
Periodista. En constant moviment. D'això es tracta, no?

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