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Otoño en las Casas Baratas. / Facebook Las Casas Baratas (Eduard Aunós)

Más que un barrio en Facebook

Una columna de Raquel M. Martinez

Hay un barrio en facebook. Se llama “las Casas Baratas” y solo existe en la red social. Sus calles son conocidas por números (hasta hace poco, no descubrí que en realidad sí tenían nombre). Sus vecinos se clasifican por familias, que se identifican con motes, en álbumes de fotos. Los nostálgicos, los que quedaron fijos en esos tiempos, los que se fueron, los que nacieron allí… entre todos lo han recreado, lo han salvado, virtualmente, de los escombros en que se convirtió en 1993 el barrio real, de casas bajas, de obreros migrantes.

Citando a Candel, donde la ciudad cambia su nombre está el barrio de Eduard Aunós (ahora pisos, que nada tienen que ver con las Casas Baratas). Saliendo de Barcelona por el sur, donde antes no había puerto sino playa, y Montjuïch era frontera. Cuenta mi abuelo que, allá por los años 50, los de las Casas Baratas hablaban de la ciudad como de una población ajena, y adentrarse en ella era “ir a Barcelona”. Tenían razón, al fin y al cabo. ¿Que tenía que ver ese extrarradio, con su montaña llena de barracas y su calle 7 repleta de vecinos andaluces, murcianos, migrantes españoles (los “nuevos catalanes”, otra vez según Candel), con el Paralelo o el Paseo de Gracia?

En las Casas Baratas se veneraba a la Virgen del Carmen y la moda la marcaban los monos manchados de los obreros de la SEAT, los que construyeron en los 60 esos 600, tan de moda; muchos siendo aun niños. La tendencia eran vidas como la de mi abuelo: dejar la escuela tras aprender a leer y a contar, y hacer la comunión, buscar trabajos para comer, mintiendo sobre la edad, ir a guateques los fines de semana y aprovechar la playa, que se comió el puerto. Vidas sencillas,  de obrero que lucha. Si algo no faltó en esos días fue lucha. Había que conquistarlo todo, hasta el asfalto y el alcantarillado brillaban por su ausencia aún.

Ese barrio ya no existe, más que en facebook. Pero media Zona Franca es hija de las Casas Baratas. Sus vecinos vinieron a parar a pisos más grandes, más arreglados, en el paseo. El crecimiento de la ciudad se cargó un poco (tampoco demasiado) esa distancia entre extrarradio y centro. Pero los que venimos de allí, los que hemos oído de boca de nuestros abuelos y hasta de nuestros padres como eran aquellos días, aquellas casas, llevaremos siempre dentro ese sentimiento mezcla de orgullo y raíces, ese ser de barrio, ese mote que llevó nuestra familia y que aunque pocos ya recuerden, nos incluye.

Estudiant de periodisme a la UAB, redactora a La Columna. Amb interferències entre la faceta de poeta i la de periodista. Entenc aquesta professió com un compromís amb la societat.

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