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Berlín: el paraíso urbano

Un diario de viaje y fotografías de Àlex Puig  

Cruel escenario de una guerra que cambió el mundo entero, capital de la cultura underground y meca del arte urbano. A pesar de ser la ciudad más joven de Europa, Berlín tiene una larga historia que contar. Lo hace a través de sus muros, sus calles y sus desgastados e interminables edificios. Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de explorar todo el esplendor que envuelve la capital alemana.

Torre de Telecomunicacions a l'Alexanderplatz. Font: Àlex Puig

Torre de Telecomunicaciones desde Friedricschain.

Llegamos a Berlín un 3 de Febrero, el paisaje invernal y el frío seco no son problema cuando visitas una ciudad extranjera y menos una ciudad tan sorprendente como la capital alemana. Después de instalarnos en la habitación del albergue cerca de Checkpoint Charlie, hicimos una primera toma de contacto con la ciudad caminando por Oranienstrasse en el barrio de Kreuzberg llegando hasta el río Spree. La primera impresión que tuvimos fue que Berlín no era una ciudad bonita, pero a medida que caminamos nos dimos cuenta de que la verdadera belleza de Berlín está en su dejadez; paredes pintadas, inmensos murales de reconocidos artistas como Blu, Roa o el mismísimo Banksy, infinitas casas okupas y decenas de campamentos hacen de Berlín un inmenso museo callejero.

Al acabar nuestra caminata, probamos la birra local, nos metimos en un bar y pillamos una buena trompa.

A la mañana siguiente, nos despertamos con un sol radiante y, a pesar de que el estado físico de algunos no era el óptimo la desmesurada ingesta de cerveza de la noche anterior, fuimos directos a ver el muro de Berlín, la East Side Gallery. Analizamos cada uno de sus bloques y cada una de sus pinturas, muchas de ellas eran críticas otras simplemente obras artísticas. Cada cual reflexionaba a su manera y paseábamos casi en silencio imaginando las tristes historias que sucedieron detrás de esa kilométrica pared de hormigón.

 Después de comer en un sitio bastante siniestro, cogimos el tren y, por casualidad, acabamos en el Kater Holzig, una fábrica okupa convertida en un apañada discoteca donde había un grupo de drogadictos muy amables. Fue curioso ver a gente pasadísima en plena luz del día un martes por la tarde bailando apasionadamente encima de una hoguera. Nos quedamos fascinados con la libertad que gozan los berlineses en comparación con otras ciudades europeas ya que, por lo visto, a nadie parece importarle. Más tarde visitamos el Cafe Kino, en el barrio de Friedrichschain, situado al lado de un pasaje abarrotado de miles de grafitis que invadían incluso los rellanos y pisos de algunos de los bloques de la calle. Una fascinante explosión de color y mensajes de todo tipo.

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El Kater Holzig

Al acabar nuestra caminata, bebimos más cerveza local y nos emborrachamos. Esa noche fuimos cerca de Revaler Strasse, una zona industrial abandonada donde se pueden encontrar algunos de los mejores locales nocturnos de Berlín. Una calle repleta de murales, edificios sin techo, curiosas discotecas y gente de lo más peculiar.

También visitamos algunos de los sitios más turísticos; desde el monumento al holocausto, pasando por la Isla de los Museos, Alexanderplatz, el río congelado del Tiergarten e incluso el campo de concentración de Sachsenhausen, entre otros. A pesar de intentar evitar los sitios más frecuentados por los turistas, tuvimos que empaparnos un poco de la increíble historia que abarca la ciudad de Berlín.

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Mural de Os Gemeos en Kreuzberg

Los días siguientes decidimos alquilar unas bicicletas para movilizarnos con más dinamismo, una actividad casi obligada para recorrer esta inmensa ciudad. El primer destino fue el parque del aeropuerto de Tempelhof. Un aeropuerto abandonado donde sus pistas de aterrizaje se han reconvertido en una enorme zona verde. Resulta fascinante pasear y encontrarte con un avión desvalijado en medio de la nada o con áreas de picnic apañadas con palés y objetos de la calle, entre otros. Es increíble la capacidad que tienen los berlineses para reutilizar todo lo que ven.

Durante nuestro último día fuimos bordeando el río Spree con las bicis hasta llegar al Treptower Park. Allí visitamos el memorial de guerra Soviético, un monumento dedicado a los cinco mil soldados muertos en la batalla de Berlín de 1945. En el mismo sitio encontramos también el Spreepark, un siniestro parque temático abandonado. Una noria invadida por enredaderas o un mamut sin cabeza son algunas de las macabras estructuras que aún se pueden encontrar aunque el acceso al parque está más que restringido.

Para acabar nuestro viaje, pasamos la tarde en uno de los pintorescos bares de Kreuzberg. Nos despedimos con nostalgia y con una buena Sternburg Export de una de las ciudades más vivas y sorprendentes de Europa recordando entre risas algunos de las mejores momentos de nuestra experiencia berlinesa.

La East Side Gallery - Font: Àlex Puig

 

 

 

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Tiergarten - Font: Àlex Puig

Tiergarten

 

 

Una obra de Roa en el barrio de Kreuzberg - Font: Alex Puig

Una obra de Roa en el barrio de Kreuzberg

 

 

Aeropuerto de Tempelhof. Font: Àlex Puig

Aeropuerto de Tempelhof.

 

 

Alex Puig Ros
Barcelona, 1994. Interessat en l'art i la cultura urbana, en la passió per conèixer i viatjar i en el món del fotoperiodisme. Apassionat del parapent i dels esports de risc. Redactor i fotògraf a LaColumna.cat.

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