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C.B. Valladolid, un paciente sin cura

Un artículo de Omar Naboulsi

Esta temporada en la Liga ACB hay un equipo que destaca por encima del resto y no es precisamente por sus victorias. El C.B. Valladolid ocupa el último puesto en la clasificación con un balance de dos victorias y veintidós derrotas, muy lejos de las siete victorias cosechadas por el penúltimo clasificado, la Bruixa d’Or Manresa.

No obstante, lo más grave es la manera con la que se producen las incesantes derrotas. El conjunto entrenado por Ricard Casas acumula un average general muy negativo, exactamente pierde los partidos con una media de 22 puntos en contra, provocando que la asistencia al pabellón disminuya semana tras semana. También hay que destacar desde que se fundó la ACB en el año 1983 ningún equipo a estas alturas de temporada (veinticuatro jornadas disputadas) había cosechado tan pocas victorias, los precedentes más cercanos son el propio C.B. Valladolid y la Bruixa d’Or Manresa con cuatro victorias en los años 2013 y 2010 respectivamente. Estos demoledores datos y las sensaciones que desprende el equipo en la pista nos hacen pensar que cada fin de semana tenemos el privilegio de ver jugar al peor equipo de la historia de la ACB.

Este situación viene motivada por el escaso nivel de los jugadores que forman la plantilla, ya que la mayoría proviene de ligas extranjeras de bajo nivel o son jugadores con experiencia en categorías menores del baloncesto español. Tampoco se le pueden recriminar a la entidad estos fichajes de dudosa reputación puesto que su presupuesto es el más bajo de toda la liga (rozando los 400.000 euros).

Lo que no es asumible para la afición pucelana y para el gran público en general es que los dirigentes del club sigan contratando sin ton ni son a jugadores foráneos con falsas promesas atravesando una crisis económica galopante. El club se encuentra en concurso de acreedores y  tiene encima una deuda superior a los cinco millones de euros, ya que no dispone ni de un fuerte patrocinador ni de una gran masa social. Delante de esta tesitura lo más lógico es que la dirección apostase por un núcleo duro de jugadores de la casa y tres o cuatro jugadores de más calidad para poder competir, pero en cambio ha preferido confiar en simples mercenarios del baloncesto que ni ofrecen resultados ni conectan con el público del pabellón del Pisuerga.

Lo que está claro es que en Valladolid tienen asumido que la caja está vacía desde hace un año y medio; a diversos integrantes de la plantilla actual y de la temporada pasada se les adeudan varias nóminas y son conscientes que lo más probable es que nunca lleguen a cobrarlas. Ante esta situación los agentes y jugadores de baloncesto han decidido utilizar al C.B. Valladolid como un mero escaparate, un lugar donde poder demostrar su talento esperando que algún club de relieve se fije en ellos y decida contar con sus servicios. Esto es posible porque los jugadores firman contratos con cifras inferiores al mínimo estipulado en la Liga, contratos que saben que no cobrarán para después poder marcharse a otro equipo sin necesidad de abonar ninguna cantidad por su salida.

Este drama económico y deportivo ha propiciado que durante esta temporada en un club histórico como es el C.B. Valladolid hayan pasado ya la friolera de ¡21 jugadores!, un hecho sin precedentes en la historia de la Liga ACB.

A pesar de que actualmente el panorama en Valladolid parece del todo kafkiano, fue en el pasado verano cuando se produjo una de las situaciones más rocambolescas que los aficionados del baloncesto recuerden. El entrenador de la primera plantilla, Roberto González, dejaba el equipo al finalizar la temporada para buscar trabajo como profesor de primaria en algún colegio de la ciudad. El señor González aseguró que necesitaba volver a ocuparse de su verdadera profesión para poder cobrar un sueldo digno, dejando entrever que en el club vallisoletano no ganaba lo suficiente para vivir.

Ante este sinfín de despropósitos parece que el club ve algo de luz al final del túnel. La entidad asume que el descenso deportivo es cuestión de semanas, por lo que parece que el recién campeón de la LEB Oro (segunda categoría del baloncesto en España), el River Andorra, subirá a la Liga ACB la próxima temporada. Al descender de categoría, la ACB devuelve el canon que hay que pagar para poder disputar la competición, con lo cual todo parece indicar que la mejor solución para los pucelanos es coger el dinero del canon y volver a empezar de cero, con las arcas mínimamente saneadas y unos jugadores acordes con la categoría que disputen.

 

cb valladolid

Sinanovic, jugador del C.B. Valladolid, atrapa el rebote.
Fuente: Vavel.com

Omar Naboulsi Hernàndez
Redactor a LaColumna.cat. Amant de l'esport en general, del basquetbol en particular.

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