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Candy Crush Saga y Celia Villalobos, protagonistas en el Congreso
Candy Crush Saga y Celia Villalobos, protagonistas en el Congreso // Font: play.google.com

Celia Villalobos y la obsolescencia programada

Una columna de David Castelló

El 24 de febrero fue noticia Celia Villalobos jugando al Candy Crush Saga durante la sesión del debate del estado de la nación. La vicepresidenta del Congreso toqueteaba su iPad mientras Mariano Rajoy respondía vacíamente las intervenciones del portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida. Las críticas le han llovido, incluso granizado, desde todos los sitios. ¡Pero qué ingenuos y patanes somos! Villalobos no pretendía faltar el respeto, lo suyo era una estrategia original para poner sobre la mesa el debate acerca de la obsolescencia programada. Su intención era, o eso cuentan los famosos pajaritos, aparecer al cabo de unos días en las portadas de los diarios explicando que su iPad -que días antes iba perfectamente- ya no funcionaba porque la maldita obsolescencia planificada había acabado con él. ¡Mal pensados, hemos destrozado su estrategia y dormido a la Celia Villalobos más rebelde y concienciada ambientalmente!

Pues eso, que hemos olvidado que aparte de una lacra política con olor a podrido que aún se ve en gris, también somos víctimas, como el resto del mundo, de la extendida y maliciosa obsolescencia programada. Comprar, tirar, comprar, que dirían algunos. Productos tecnológicos fabricados con unos años de vida útil. Es una de las bases que cimenta este sistema económico, también obsoleto, y que permite a las empresas fabricantes determinar un tiempo de vida concreto a sus productos propiciando un consumismo desmesurado, un despilfarro de los recursos naturales desproporcionado y seguir cosechando vertederos de basura tecnológica en países como la India. Impresoras que no imprimirán más de 20.000 hojas o bombillas que no alumbraran habitaciones durante más de 1.000 horas.

Una ataque que atenta contra la sostenibilidad de un planeta repleto de inmundicia y de, no pocos, inmundos. Esta obsolescencia es la mano derecha de las empresas multinacionales que, no contentas con marcar las normas económicas y convertir a sus consumidores en víctimas de un sistema fallido, pretenden llevarnos hacia el abismo. Números, somos números. Los nuestros en rojo y los suyos en verde fosforito. Y en España, con Celia Villalobos llegando a los últimos niveles del Candy Crush Saga, el coste para la sociedad de consumo y la crisis económica siguen siendo los argumentos perfectos para los grandes partidos políticos para no frenar esta práctica. Mientras Villalobos lucha por no perder sus vidas virtuales, su partido arruina la de muchos ciudadanos de a pie.

Asegurada por la ley y con una sociedad de consumo hipnotizada, la obsolescencia campa a sus anchas por los rincones de un mundo gobernado por la osadía, la avaricia y la perversión. Obsoletos, nos convirtieron en hijos del mercado.

David Castelló García
Estudiant de periodisme a la UAB. La utopia a l’horitzó i els versos al carrer. Fills de l’oblit, la paraula i les persones. Interessat en història contemporània, moviments socials i cultura.

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