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Portada del libro Alta Fidelidad. Fuente: anagrama

Cinco motivos para leer Alta Fidelidad

Una crítica de Paula Pérez

“Lo único que pasa es que ninguno de nosotros tuvo el ingenio o el talento suficiente para hacer canciones con todo lo demás. Con todo lo demás hicieron solamente la vida que siempre es más embrollada, más agotadora, y que además no te deja nada que silbar”.

  1. El protagonista es un capullo. Y a veces se da cuenta. Son los mejores momentos de la novela de Nick Hornby, cuando a raíz de sus múltiples desengaños amorosos se da cuenta de que quizá y solo quizá él tiene algo de culpa. Es muy curiosa la forma en la que se da cuenta de sus errores, a medias convenciéndose de que su explicación los justifica, a medias llamándose mamón. El protagonista y también narrador de la historia está entre los treinta y los cuarenta, pero es un adolescente crónico que lleva una vida todo lo adulta que puede. Reflexiona sobre qué falló en la relación con sus padres, con sus novias, con sus amigos. Qué falló con sus aspiraciones, sus sueños, su trabajo. Busca el momento en el que la vida pasó de ser un camino casi infinito de posibilidades a un repetitivo agujero sin demasiado sentido. De una manera u otra la culpa siempre la tienen los demás, pero a veces tiene momentos de lucidez adulto y sencillamente muestra la realidad tal cual es, sin maquillar, sin intentar disculparse, sin transefir responsabilidades.

  1. Alta Fidelidad ofrece la perspectiva de cómo se sienten los hombres en determinadas situaciones amorosas y sexuales. “En todo caso, los intermedios de lavabo no son nada buenos para los nervios de un tío, ni tampoco son beneficiosos para su entusiasmo, y creo que me explico”. Desde luego que esa frase no necesita de mayor explicación, y es igual de acertada que esta otra: “¿Hay algo más adulto que mantener en pie una relación de pareja que se cae a pedazos sólo por la esperanza de que tarde o temprano sabrás enderezarla? Yo es algo que no he hecho en mi vida”. Además, Rob se da cuenta de que a) sabe que está hundido porque su ex ya no le quiere pero también sabe que si ella siente algo por él, se recuperará y podrá buscar a otra mujer, b) desde los 14 años ha pensado con el pene, y c) su pene tiene un cerebro realmente reducido. Ninguna supone una novedad, pero está bien que lo admita.

  1. Rob Fleming es un amante de las listas. El libro comienza con la siguiente frase: “Mis cinco rupturas amorosas más memorables, las que me llevarían a una isla desierta, por orden cronológico”. Otras listas son sus cinco libros preferidos de todos los tiempos, las cinco mejores películas americanas (que es lo mismo que decir las cinco mejores películas de todos los tiempos) o los primeros cinco artistas y grupos que habría que matar a tiros cuando llegue la revolución muscial. Es un libro divertido. También es un libro masculino en cierto sentido, no solo porque esté escrito por un hombre y la perspectiva de todo sea la de este género. Es masculino en el sentido de que es una defensa de los hombres sin cargar contra las mujeres. Lo hacen mal o incluso peor, tienen defectos y virtudes, pero en la mayoría de casos no es por ser hombre, sino persona.

  1. Al leer Alta Fidelidad se descubren o se recuerdan canciones, álbumes, artistas y grupos. Muchas conversaciones y momentos giran en torno a la música. Rob muchas veces percibe el mundo a través de sus discos, ya sean los de su tienda o los de su colección personal, pues sus melodías acompañan o tiñen casi todos los momentos de su vida. Del mismo modo se descubre una personalidad muy actual, sobre todo cuando habla de la relación que tiene con sus padres. “Ojalá tuviera ganas de verles más a menudo. No es así. Cuando ya no me quedan razones para sentirme mal, me siento mal por eso”. No está conforme con el trabajo que han hecho sus padres con él, pero son varios los detalles que incitan a pensar que no le ha faltado nunca de nada. El inconformismo e instatisfacción que suele estar presente en las últimas generaciones aparece continuamente en la personalidad del protagonista, aunque siempre con bastante sutileza.

  1. Y, por último, vale la pena leer este libro porque el personaje principal está en una edad crítica. Está en ese momento en el que tienes que darle algún sentido a tu vida, o por lo menos alguna dirección. El problema de Rob es que lleva arrastrando su inmadurez, así como sus problemas y obsesiones existenciales desde la adolescencia. Y el autor de la novela no nos da demasiadas esperanzas de que el protagonista vaya a cambiar y por fin se decida a abandonar su juventud. Aunque tenga comentarios acertados, por ejemplo, “por primera vez en mi vida me di cuenta del miedo que me da morir, y también que mueran otras personas, y entendí que ese miedo me ha impedido hacer toda clase de cosas, como es dejar de fumar (…), o pensar en mi vida, y sobre todo en mi trabajo, de una manera tal que abarque cierta idea de futuro (eso da verdadero miedo, porque el futuro termina en la muerte)”, después sigue sin hacer cambios importantes en su vida. Sigue con el mismo miedo al compromiso, con la misma colección de discos, con el mismo odio a la formalidad y con la misma chaqueta de cuero.

Redacció

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