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Cartell del documental / ciutatmorta.wordpress.com

La resaca de Ciutat Morta

Una columna de Iris Rodríguez

“No existe peor tiranía que la ejercida bajo la sombra de la ley”, dijo Montesquieu. Patricia Heras lo supo y lo padeció en primera persona. Y ahora, tras reventar los audímetros, también lo saben 569 mil catalanes. La herida que Barcelona tiene todavía abierta salió ayer a la luz. Después de crear tendencia a través de las redes sociales y ser presentada y alabada en diversos festivales, Ciutat Morta era emitida en televisión. No sin poco esfuerzo.

Aún así, la tan mentada en los últimos días libertad de expresión, fue puesta en entredicho. Un juez decide no emitir 5 minutos del documental, para evitar dañar la imagen y el honor del ex jefe del área de comunicación de la Guardia Urbana. El señor Gibanel debe estar maldiciendo no poder evitar que la productora colgase esos 5 minutos en la red y que el hashtag #TotCiutatMorta llegase a ser trending topic mundial. He aquí lo perverso de la sociedad de la información.

Por otro lado Trias, temeroso con las elecciones a la vuelta de la esquina, ve en el documental un arma peligrosa que sirva para hacer campaña política. Por si acaso, no lo ha visto. Quizá optó por una velada de cine, atendiendo a la recomendación del Sindicat de Mossos d’Esquadra, que en su deber de proteger a la ciudadanía, alertaban en twitter de la “fantasía” que emitía el Canal 33 esa noche. Vemos que la educación y el respeto – como mínimo a los muertos- brillan por su ausencia. Aunque para que engañarnos, no viene de aquí.

No podía no estar presente en un momento como este la señora Rahola. Haciendo gala de una integridad moral -que permítanme ponga en duda- no titubea al calificar de sobrecogedor el documental y se atreve a reclamar una revisión del caso. Podría dejar su compromiso con la justicia por todo lo alto pero es que la hemeroteca es muy puta. Rahola no debe recordar el 13 de enero de 2008, cuando no dudada en tildar de lamentable que hubiese observadores argentinos y chilenos en el juicio del 4F. Lo consideraba un acto de racismo, que pusiesen en entredicho la salud del sistema judicial español “viniendo de dónde venían”. No se preocupe Pilar, sabemos que no pedirá disculpas.

El 4 de febrero de 2006 no se borrará nunca de la historia de Barcelona. El 17 de enero tampoco. Más de medio millar de personas, tras la emisión, llenaron Plaça Sant Jaume con velas en memoria de Patricia. Una víctima de este Estado de derecho, ese que califica de forma arbitraria a la gente por su estética, porque mostrar el más mínimo ápice de libertad en este sistema, hace que se ensucie y eso es inadmisible. Hacer justicia, como dice uno de los acusados, ya no es la prioridad. Cuando ésta ha perdido el sentido, lo que se busca es venganza.

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

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