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Es una realidad que en el deporte está cada día más presente el beneficio de una minoría. Fuente: Contradictio.

De los disparates a la hipocresía, la corrupción ha ganado la liga del deporte

Un artículo de opinión de Jordi Abella

Nuestra sociedad ha hecho del deporte la tapadera mejor construida de la historia. La simple acción de contemplar un partido o una competición se ha convertido en un negocio en el que se mueven grandes fortunas y del cual se beneficia tan solo una pequeña élite. El último ejemplo, el jugador de la Major League Baseball, o liga americana de béisbol, el Venezolano Miguel Cabrera.

Cabrera es uno de los jugadores más valorados de la MLB, ha ganado en una ocasión las series mundiales, ha formado parte del partido de las estrellas ocho veces y ha sido nombrado mejor jugador de la liga en 2012 y 2013. El “primera base” venezolano terminaría contrato con los Tigers en 2016, pero el club ha querido asegurar la continuidad de su gran estrella y ha renovado a Cabrera hasta 2025. Aún así, el dato importante no es que Miguel Cabrera vaya a jugar para los Tigers durante los diez próximos años, sino que cobrará un total de 30 millones de dólares, asegurándose así un total de 292 mdd.

Al momento, la rápida, y siempre sedienta de polémica televisión americana, preguntó al considerado mejor jugador de la NBA, LeBron James, qué opinaba sobre el reciente contrato del venezolano. La contestación de James no fue otra que envidiar al venezolano y recriminar a la liga de baloncesto americana que no permitiera estas cifras en los contratos de sus jugadores. Es curioso que LeBron no recuerde que es el cuarto deportista más rico del mundo, o eso dice la revista Forbes, con unos ingresos totales de casi 60 millones de dólares brutos, 30 millones más de los que cobrará Cabrera, que como jugador de béisbol no ingresa demasiado por derechos de imagen.

Miguel Cabrera justo después de batear. Fuente: Elnacional.

Miguel Cabrera justo después de batear. Fuente: Elnacional.

Hablando de millones de dólares. Ayer salía a la luz un comunicado de la institución que sigue aumentando, como nunca antes lo había hecho, sus ganancias en plena “Crisis Mundial” , la FIFA. En esta notificación se anunciaba la sanción que la organización le imponía al F.C. Barcelona y que le suponía al club, la prohibición de fichar jugadores en los próximos dos mercados de traspasos.

¡Bravo por la FIFA! Ha conseguido sacar a la luz una de las infinitas irregularidades que cometen más de la mitad de los clubes Europeos que se encuentran en quiebra , pero el Barça, como en su día hicieron el Chelsea y la Roma, tiene muchas posibilidades de salir airoso de esta. Es innegable que el club catalán ha cometido una gran irregularidad infringiendo el artículo 19 del reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores, pero tampoco podemos obviar las cantidades de millones de euros que maneja el club culé y que tanto bien le hacen a la FIFA, al mercado futbolístico y a la industria del deporte en general. No es novedosa pues, la hipocresía de la Fédération Internationale de Football Association. La posición que ha adoptado Tribunal de Arbitraje Deportivo en los casos del Chelsea, la Roma o del Málaga que han salido indemnes o han tenido una rebaja sustancial de la sanción no invita a pensar que el Barça vaya a salir damnificado.

Volviendo al tema de Miguel Cabrera, cabe decir que el jugador fue condecorado en enero de este año con la Orden Generalísimo Francisco de Miranda que le entregó en mano el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El mismo que dos meses más tarde criticaría la omnipresencia y la influencia que los Estados Unidos, país donde se enriquece el homenajeado Cabrera, ejercen en algunos estados de Sudamérica.

El deporte es ocio y un pilar fundamental del entrenamiento y conversación para un sector considerable de la sociedad. Una sociedad que, embobada con un balón,  obvia la red de intereses y favores que se mueven fuera del terreno de juego. Es una dependencia recíproca la que mantienen el estado y el mundo del deporte. En el momento que se observa un partido en la televisión, al espectador se le olvidan los 3.600 millones de deuda que reúnen tan solo los clubes que forman la primera división de fútbol. Tampoco recuerda nadie que el fichaje de Bale o Ronaldo lo ha pagado Bankia, una entidad que puede presumir de ser la banca con el rescate más caro que el estado español ha hecho nunca y que empata por la plata con Banesto en el ranking en inmobiliarios embargados en el estado. Tampoco parece que los seguidores del Chelsea F.C. o de los Nets de Brooklyn reflexionen mucho sobre que su equipo sea propiedad de una gran fortuna como la que poseen los multimillonarios Román Abramóvich y Mijaíl Prójorov. Y que ésta proviene de un país en el que la corrupción supone prácticamente el 50% de su Producto Interior Bruto.

Parece increíble que Del Nido, presidente del  Sevilla F.C., sea encarcelado por corrupción y que los presidentes de los clubes de la liga BBVA se solidaricen con él. Aunque tampoco es de extrañar sabiendo que la trama que ha terminado con Del Nido en la cárcel proviene del caso Malaya , en el que varios presidentes de los clubes de primera división también están implicados.

FIFA, clubes, intereses económicos y estados van cogidos de la mano porque ambos saben que cuando acaba la función se encienden las luces. Mientras tanto, la corrupción y la farsa han ganado la liga y nosotros nos limitamos a  hacerles el pasillo.

Es una realidad que en el deporte está cada día más presente el beneficio de una minoría. Fuente: Contradictio.

Es una realidad que en el deporte está cada día más presente el beneficio de una minoría. Fuente: Contradictio.

Jordi Abella Vilarò

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