Inici / Cultura / Il Duce, un balón y otra copa
Enric González. Fuente: Apuntes de Rabona
Enric González. Fuente: Apuntes de Rabona

Il Duce, un balón y otra copa

Una crítica de David Castelló

Interpretar Italia a través del fútbol es como conocer Cuba a través de la política. En el país de la pizza, el pestilente olor a queso, las vespas irracionales y el neofascismo encubierto, el deporte rey va de otra cosa. El romanticismo cubre el césped, a veces maltratado por las bengalas, para convertir el juego en el guión de la sublime Novecento de Bertolucci. El fútbol italiano, como el buen cine, hay que saberlo apreciar.

En casa de la mafia el balompié es una religión, los estadios grandes iglesias, los aficionados fieles creyentes, los periodistas oradores y los domingos sagrados. Cuando finaliza la jornada italiana, el periodista Enric González toma la pluma para convertirse en el más preciso de los historiadores y rescatar los capítulos inéditos del fútbol, descubriendo las historias escondidas de debajo de los adoquines con la precisión de un alcantarillero y la originalidad de un artista. Historias del calcio (2007) recopila artículos del periodista sobre el fútbol italiano.

La sinceridad del columnista, acompañada de una dosis literaria suficiente para sedar a Oscar Wilde pero que nunca resulta excesiva, permite un diálogo de tú a tú entre fútbol y sociedad italiana. La realidad a través del calcio –“patada”–, el emblema de la sociedad azurra. El periodista relata el presente desde el pasado, con historias que convierten el ruidoso deporte en una fina melodía. El narrador, omnipresente, parece haber vivido todo de cerca: gambetear con Totti, consumir cocaína con Maradona, lanzar patadas voladoras con Materazzi, atiborrarse de corrupción con Il Cavaliere y alzar el brazo –cara al sol, con total impunidad y rememorando a Mussolini– como lo hacía el napolitano Paolo di Canio.

Decía el periodista Simón Kuper que “el fútbol no puede cambiar la sociedad pero puede cambiar el fútbol”. Pero en Italia las cosas tampoco han cambiado demasiado sobre el verde. El deporte rey sigue siendo el dios impune y las gradas continúan atiborrándose, los fines de semana, de banderas con simbología fascista y una jauría que grita “Duce, duce”, acompañada de una coreografía más propia de tiempo atrás. En otros sitios los soldados van a la guerra, pero en Italia juegan al fútbol.

Resucitando mitos, Enric González se convierte en la copa de whisky irlandés de George Best, el silbato de Pierluigi Collina, el cigarro húmedo del brasileño Garrincha y la pizarra donde Zeman apostaba por el juego ofensivo. El periodista define el fútbol como una “ceremonia etílica” y logra someter al lector a un estado de embriagadez constante, donde no beberse la última gota sería pecado. Con un relato teñido de política, la recopilación de columnas reinventa, en cierto modo, el periodismo deportivo, otorgándole pasión deportiva y literaria entremezclada con la realidad de unas historias que, in crescendo, parecen ficticias.

El periodista catalán nos habla, al detalle, de todo y de todos: la desobediencia de Cassano, el infortunio de Vieri, la pausa de Pirlo, la fe de Gatusso, el talento de Kaka, los tejemanejes de Luciano Moggi y la “decadencia llevadera” del 2007. Sin embargo, confiesa su amor infinito al mago y loco, al tonto y caritativo, a Totti, “Franché” –que suene poético- para tipos como González. Aunque las historias con más valor no son las que permanecen en la memoria colectiva, sino aquellas desenterradas del olvido como la del extrovertido futbolista Ezio Vendrame, convertido hoy en escritor.

Algunos italianos se atribuyen la creación del balompié y por eso se encargaron de pervertirlo. Los estadios, hijos del contraste –los seguidores de la Lazio empuñan cruces célticas y adoran al Duce, mientras los del Livorno muestran imágenes del Che–, son hoy el reflejo de un país anclado, como su fútbol. Al final, como decía el periodista, siguen siendo “más hermosas las victorias de los vencidos”. El libro no invita a ver el cochambroso espectáculo del fútbol italiano –donde las calles se convierten en carnicerías antes de los partidos y sobre el césped prima el mantener la puerta a cero antes que marcar–, sino más bien a seguir disfrutando del placer de leer. El deporte rey es para los italianos esa enfermedad incurable que el alcohol fue para el escritor estadounidense Charles Bukowski cuando pregonaba eso de “encuentra lo que te gusta y deja que te mate”. El vaso sigue medio lleno, pero sírvanme otra copa.

David Castelló García
Estudiant de periodisme a la UAB. La utopia a l’horitzó i els versos al carrer. Fills de l’oblit, la paraula i les persones. Interessat en història contemporània, moviments socials i cultura.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*