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Joe McDonald en el escenario del festival Woodstock de 1969, a punto de ofrecer su concierto en solitario. Eran poco más de la una y su actuación seria seguida por la de Santana. La fotografía fue tomada por Herny Diltz, el fotógrafo oficial del festival. Fuente: Morryson Hotel Gallery.

Cuando la música disparaba, o cómo el rock contó la revolución en nueve canciones

Un artículo de Lledó Alfageme y Andrea Bescós.

Ya no estamos en los apaciguados años cincuenta, más que dominados por el consenso de después de una guerra que trastocó a la sociedad civil. Mientras que en los Estados Unidos un hombre blanco, Elvis Presley, sacudía las caderas al ritmo del rock and roll africano y desterraba así toda forma de racismo llevando el rock and roll a la élite blanca, el Ku Kux Klan resurge de sus cenizas y, con él, las salas de baile son vigiladas por guardias civiles para dividir blancos y negros mientras Chuck Berry entonaba su Johnny Be Good. Mientras los Beatles iniciaban el fenómeno fan y los rusos soviéticos tenían que escuchar los temas prohibidos de la banda inglesa con escáneres de rayos X convertidos, se empiezan a normalizar las canciones de protesta de la mano de Bob Dylan o Joe McDonald. La Guerra del Vietnam, la crisis de los misíles de Cuba llegan a Woodstock, las quejas por el sistema capitalista llegarían al Monterrey Pop Festival Jimi Hendrix y su quema de la famosa Gipson- o el conocido Festival Isle of Wight que marcaría el fin de la época hippie con las drogas alucinógenas como el LSD o la revolución sexual, abanderada por grupos como The Rolling Stones.

La música sonaba a ritmo de contracultura y los grandes cambios del momento contaban con su propia banda sonora. Era época de revoluciones y la de sus himnos, por lo que explicar la segunda mitad del siglo XX no tiene sentido sin sintonizar una emisora musical.

Chuck Berry, Sweet Little Sixteen (1950)

Chuck Berry con su guitarra Gibson ES 355 en 1950. Instantánea tomada por Bob Gruen y recuperada de los archivos fotográficos del fotógrafo Michael Ochs.  Fuente: Getty Images.

Chuck Berry con su guitarra Gibson ES 355 en 1950. Instantánea tomada por Bob Gruen y recuperada de los archivos fotográficos del fotógrafo Michael Ochs. Fuente: Getty Images.

Corrían los cincuenta americanos cuando irrumpió en escena un nuevo fenómeno social, la juventud. Los jóvenes eran en ese momento un raro espécimen. Hasta entonces tan pronto cumplían la mayoría de edad se convertían en adultos empleándose para dar soporte económico a su familia o bien empezando la suya propia. Pero los años de prosperidad que siguieron a la guerra transformaron radicalmente el estilo de vida, potenciando particularmente el tiempo de ocio. La adolescencia irrumpió como un torbellino hormonal dispuesta a asumir el cambio y Chuck, con sus letras juveniles y su estilo energético, marcó el ritmo de su avance. Berry fue de los primeros músicos negros que encajó con una audiencia de blancos, derrumbando la barrera entre razas y coronándose como uno de los primeros “rock stars”. Interpretaba en los clubs de St. Louis, fueran de blancos o de negros y estaba al día de los gustos musicales tanto de unos como de otros. Fusionaba la música country con el R&B afroamericano, era fan de ambos estilos y fue precisamente gracias a su mezcla musical que supo electrizar a ambos públicos. Berry se convirtió en el representante del experimento que era la primera generación adolescente. Fundó para ellos el Club Banstand y posteriormente el Park Berry, donde jóvenes blancos y negros podían bailar juntos al son de su música.

Elvis Presley, Jailhouse Rock (1956)

Elvis Presley bailando Jailhouse Rock para la película con el mismo nombre, dirigida por Richard Thorpe en 1956. La fotografía fue tomada por Alfred Wertheimer. Fuente: All Shook Up: the life and death (2001) de Darry Denenberg.

Elvis Presley bailando Jailhouse Rock para la película con el mismo nombre, dirigida por Richard Thorpe en 1956. La fotografía fue tomada por Alfred Wertheimer. Fuente: All Shook Up: the life and death (2001) de Darry Denenberg.

El intento de la lucha contra la sagregación racial no acabaría con Chuck Berry. Jailhouse Rock fue la tercera cinta en la filmografía del Rey del Rock con la que la crítica se haría más viperina. El actor y cantante neoyorkino logró destituir la imagen del rock como un fenómeno que, hasta ese momento, pertenecía a los negros. Sus movimientos de caderas fueron repudiados por la sociedad más conservadora de la élite caucásica en los Estados Unidos durante los cincuenta. Sin embargo, no tardó en circular por los barrios negros que Elvis era un “good ol’ boy sureño, tirando a racista”. Sin embargo, los rumores más venenosos no colaban en Memphis, donde se había dejado ver a Elvis Presley en un parque de atracciones local en un día reservado, estrictamente, para “gente de color”.

Las leyes de segregación no serían las únicas normas que rompería el icono cultural. Muchos de los convencionalismos quedaron tapiados por Presley, ya que desencadenó tal boom sexual entre las adolescentes que se obligó, en muchas ocasiones, a enfocarlo solo de cintura para arriba en las retransmisiones de televisión.

The Beatles, I Want a Hold Your Hand (1963)

Aunque de los inicios de la verdadera avalancha masiva de fans podrían hablar, mejor que nadie, los Beatles. Con el tema I Want a Hold Your Hand se abrió camino a la beatlemanía y representó, como diría su productor Georgen Martin “el vértice de la primera fase del desarrollo de los Beatles”. Un año vertiginoso que culminaría el tour de 1964, se cuenta que debido a los gritos de sus admiradores, la banda no se escuchaba ni siquiera hablando entre ellos en el escenario, según contó la propia banda en una entrevista al regresar a su capital natal y que es visible en The Rock Beatles (2000) de Celdrán.

El fenómeno fan en la condecoración de The Beatles tras el éxito de su primera gira por EE.UU, en Londres, 1964. La fotografía es de David Hurn. Fuente: Portfolio del autor de Magnum Photos.

El fenómeno fan en la condecoración de The Beatles tras el éxito de su primera gira por EE.UU, en Londres, 1964. La fotografía es de David Hurn. Fuente: Portfolio del autor de Magnum Photos.

Este revuelo entre las fans llegó a formular un nuevo concepto: la beatlemanía en un nuevo ambiente y contexto social en el que había mayor permisividad y ocasionaba que las fans empezaran a soltarse el pelo y a lucir las piernas, gracias al invento de la minifalda.

Según explica el El Rock. Historia y análisis del movimiento cultural más importante del siglo XX, aunque había empezado todo en los Estados Unidos, la cultura de lo joven conquistó el mundo por mediación británica. Nunca hasta ese momento se había visto un caso tan claro de difusionismo cultural: peinados, ropa, modos de hablar eran imitados. Al fin y al cabo, The Beatles son un mito del rock hecho lenguaje universal, y lo curioso es que ellos no realizaron un gran esfuerzo por fabricar algo de ese estilo, fueron los otros países los que adoptaron este producto de fabricación británica.

Bob Dylan, Masters of war (1963)

Bob Dylan y Joan Baez fotografiados por el norteamericano Roman Scherman en la marcha por los derechos civiles de Washinton D.C de 1963. Fuente: National Archives and Records Administration (NARA).

Bob Dylan y Joan Baez fotografiados por el norteamericano Roman Scherman en la marcha por los derechos civiles de Washinton D.C de 1963. Fuente: National Archives and Records Administration (NARA).

En 1960, al otro lado del charco, otra joven promesa dejaba la universidad y se echaba de cabeza a un viaje por carretera que se iba a demorar largos años. Mucho aconteció en tres años, el Viet Cong consiguió su primera victoria en la batalla del Ap Bac, la administración John.F Kennedy cerró las fronteras con Cuba, Fidel Castro visitó la Unión Soviética, George Wallace, el nuevo gobernador de Alabama, proclamó en su discurso inaugural “segretion now, segretion tomorrow and segration forever” y un joven Bob Dylan publicó el álbum The Freewheelin’ Bob Dylan donde figura uno de sus temas más conocidos: Blowin’ in the Wind. Se trató de un disco protesta, en el que gran parte de sus canciones se conviertieron en el himno de los movimientos de denuncia de la época, como Oxford Town, en la que refleja de forma irónica la experiencia de James Meredith, el primer negro en matricularse en la Universidad de Mississippi o Masters of War, donde critica la guerra del Vietnam. El tema fue un título recurrente en la gira que lo llevó de nuevo a la carretera, pero después de 1963 habrán de pasar 30 años de silencio para que en 1994, en un concierto en Hiroshima, vuelva  a entonar su canto pacifista.

Joe McDonald, I feel like I’m fixin’ to die (1969)

Joe McDonald en el escenario del festival Woodstock de 1969, a punto de ofrecer su concierto en solitario. Eran poco más de la una y su actuación seria seguida por la de Santana. La fotografía fue tomada por Herny Diltz, el fotógrafo oficial del  festival. Fuente: Morryson Hotel Gallery.

Joe McDonald en el escenario del festival Woodstock de 1969, a punto de ofrecer su concierto en solitario. Eran poco más de la una y su actuación seria seguida por la de Santana. La fotografía fue tomada por Herny Diltz, el fotógrafo oficial del festival. Fuente: Morryson Hotel Gallery.

El cambio, los sueños y el deseo de un mundo mejor energizaron los sesenta americanos y Dylan no fue el único que compuso para la revolución. En Estados Unidos, la lucha para eliminar la injusticia y la desigualdad se encontraban en un punto crítico. Pese a las muertes de Martin Luther King y John F. Kennedy el movimiento no cesó su avance. El sentencioso mensaje de la contracultura beat de la década pasada fue heredado por los jóvenes de clase media-alta. La primera generación de baby boomers defendió los valores de paz, amor, libertad y tolerancia y se opuso al estilo de vida consumista y a la artificialmente creada imagen positiva de la guerra de Vietnam. Habían nacido los hippies, y Woodstock se convirtió en el jardín del Edén donde escapar de la dura realidad de ese tiempo. Joe McDonald fue uno de los músicos que subió al escenario y entonó el sentimiento allí compartido en contra de la guerra en Vietnam. Joe no fue el único, muchos otros artistas mostraron su desaprobación hacia el conflicto.

Jimi Hendrix, Star Spangled Banner (1969)

En 1967 se dio el conocido ya como “verano del amor”, con el famoso Festival Pop de Monterey donde tocaron bandas psicodélicas de todo San Francisco, así como grupos británicos de la talla de The Who y The Animals, totalmente afines al hippismo. Sin embargo, el festival es conocido por el lanzamiento y la fama de Jimi Hendrix, totalmente partidario del fenómeno hippie, contrario a la Guerra Fría y otra de las guerras vigentes: el capitalismo. La quema de su Gibson fue la que dio esa notoriedad internacional que tanto necesitaba el movimiento hippie, aunque sus propuestas de vida fueron totalmente rechazadas por los sectores más conservadores de EE.UU.

Jimi Hendrix quemando la guitarra en el concierto de Monterrey Pop Festival en 1967. La fotografía es de Barry Martin. Fuente: 100 años de música: artistas, álbumes, canciones, conciertos y acontecimientos que han marcado el panorama musical (2007) de la editorial Blume.

Jimi Hendrix quemando la guitarra en el concierto de Monterrey Pop Festival en 1967. La fotografía es de Barry Martin. Fuente: 100 años de música: artistas, álbumes, canciones, conciertos y acontecimientos que han marcado el panorama musical (2007) de la editorial Blume.

El Festival de Monterrey Pop Festival fue un punto de inflexión en materia de movimientos sociales pero también musicales, ya que se empezó a pensar globalmente: mezclaba estilos musicales como rock, pop, blues, soul, folk, etc. Frente al capitalismo de masas que llevaba inherente el consumismo, Otis Redding, Janis Joplin, el mismo Jimi Hendrix, The Who o Ravi Shankar, entre otros, decidieron actuar totalmente de gratis. La quema de la guitarra de Hendrix marcó un punto clave en la historia musical: la música propiamente popular en la configuración de un movimiento hippie que acabó siendo capturado para la cadena de montaje capitalista en plena globalización.

Dos años después, Jimi Hendrix se subió al escenario de Woodstock en pleno cierre del evento, 18 de julio de 1969, cuando los asistentes estaban distraídos y desganados. Sin embargo, Hendrix logró destacar con la transfiguración guitarrística de The Star-Spangled Banner, himno de los Estados Unidos, interpretando con salvajez las simulaciones de los bombardeos y sirenas anti-aéreas que estaban aconteciendo en Vietnam.

Janis Joplin, Mercedes Benz (1970)

Janis Joplin en el cumpleaños de Jimi Hendrix, junto con el guitarrista Sam Andrew en Winterland Ballroom, San Francisco, Estados Unidos, en 1968. Fotografía de Jim Marshall. Fuente: Photography LLC.

Janis Joplin en el cumpleaños de Jimi Hendrix, junto con el guitarrista Sam Andrew en Winterland Ballroom, San Francisco, Estados Unidos, en 1968. Fotografía de Jim Marshall. Fuente: Photography LLC.

 

Janis Joplin fue el símbolo femenino de la contracultura de los sesenta, pero sobre todo, es considerada la primera mujer considerada una gran estrella del rock and roll. El Winterland Ballroom fue una pista de hielo y, a su vez, una sala de conciertos. Joplin fue de las únicas mujeres que pudo actuar sobre ese escenario en el que pasaron artistas de la talla de Led Zeppelin, The Doors, Bruce Springsteen, Deep Purple, Pink Floyd, entre muchos otros. Y es que Joplin, como vemos en la fotografía, estuvo gran parte de su vida en un mundo artístico dominado por los hombres, dejando atrás todos los convencionalismos de su tiempo. Los sesenta fueron la década en la que empezaba a forjarse el movimiento feminista y aunque sí es cierto que no cantó canciones con tal contenido, en lo personal apoyaba la igualdad de salarios para las mujeres y el aborto. Muchas fueron las mujeres las que tomaron a Joplin como modelo a la hora de deshacerse del maquillaje y vestimenta propios de una “chica decente”. Aunque Janis Joplin nunca se reconoció como lesbiana, tenía relaciones con hombres aunque la mayoría fueron con mujeres. Como su amigo Jimi Hendrix, siguió con fervor la época flower-power que relegaba del mundo capitalista y, por ende, del consumista. Su crítica se hizo tangible con su tema Mercedes Benz , en la que crítica la visión materialista y aparentadora de la sociedad del momento.

Rolling Stones, Brown Sugar (1971)

Los Rolling Stones (de izquierda a derecha, Mick Taylor, Mr. Richards, Mr. Jagger y Bill Wyman) en su actuación en el Madison Square Garden durante el tour del 72. Instantánea capturada por Lynn Goldsmith. Fuente: New York Times.

Los Rolling Stones (de izquierda a derecha, Mick Taylor, Mr. Richards, Mr. Jagger y Bill Wyman) en su actuación en el Madison Square Garden durante el tour del 72. Instantánea capturada por Lynn Goldsmith. Fuente: New York Times.

Tampoco podriamos clasificar a los rolling como “chicos decentes”. Enfundado en esa ajustada psicodelia, Jagger encarna sobre el escenario los dos grandes vicios del momento: las drogas alucinógenas y el sexo. En su actuación, Mick Jagger era a la vez femenino y masculino, heterosexual y homosexual. No tenía ningún pudor y prometía hacer de todo con todo el mundo. Sus satánicas majestades eran la emoción auténtica de la que los padres y los policías querían privar a los jóvenes. La revolución sexual había llegado con el movimiento hippie y los Stones se convirtieron en sus abanderados. Nacida de la disociación entre sexo y reproducción la revolución sexual, supuso un cambio radical en la generación afectada: relaciones sexuales precoces, penetración de la sexualización en la escuela y, por supuesto, en la universidad; nupcialidad más tardía, disminución de la natalidad, envejecimiento consiguiente de las poblaciones, desprecio por la tercera edad, culto casi idolátrico por la juventud y fragilidad de la familia.  El mundo había cambiado, y los Rolling Stones eran los enviados del pecado.

Leonard Cohen, The Partisan (1970)

Leonard Cohen en el tercer Festival Isle of Wight el 26 de agosto de 1970 en Reino Unido, que marcaría el fin del ideal hippie. La captura fue tomada por Cornell Capa. Fuente: International Center of Photography.

Leonard Cohen en el tercer Festival Isle of Wight el 26 de agosto de 1970 en Reino Unido, que marcaría el fin del ideal hippie. La captura fue tomada por Cornell Capa. Fuente: International Center of Photography.

La tercera edición del festival inglés fue el final del ideal hippie, ya que la pésima gestión y organización del evento provocó el caos: se saquearon tenderetes, se derribaron las vallas protectoras, se crearon festivales alternativos e incluso se temió por la seguridad de los propios músicos. Por otro lado, se sumarían los problemas de sonido, de abastecimiento, de falta de instalaciones para más de cien mil personas, etc. En este ambiente se despertó Leonard Cohen a las dos de la mañana para subir al escenario, que después se enteraría que no podría usar un piano. Había sido incendiado. Sin embargo, con los ojos rojos, el pelo largo y la barba de un par de días, Leonard Cohen consiguió calmar medio millón de personas al escucharlo contando una historia de cuando a los siete años su padre le llevó al circo. En la fotografía, Cohen interpretando “The partisan”, a la que le seguirían otros temas que, aunque nada convencionales para un festival, consiguieron que Cohen, como si se tratara de un circo, amansara las fieras de un festival tan ruinoso como especial, según trato de inmortalizar en el documental (Message to Love: The Isle of Wight Festival de 1997) del director Murray Lerner.

Andrea Bescós
Convencida de que gracias a un pentagrama, a un cuadro, a los versos de cualquier poeta o a los fotogramas de una película, se puede salvar el mundo.

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