Inici / Cultura / Cuando la tinta corporal es motivo de discriminación laboral
Frank Carter, cantante y tatuador. Fuente: flickriver / Foto: Joe Brady
Frank Carter, cantante y tatuador. Fuente: flickriver / Foto: Joe Brady

Cuando la tinta corporal es motivo de discriminación laboral

Un artículo de Marc Álvarez

Nuestras pieles son mudas. Pero las podemos enseñar a hablar, a expresarse, gracias al arte del tatuaje. Pueden decir mierda o transmitir la más épica epopeya, eso ya depende del portador de dicho mensaje. Lo malo es que nunca aprendemos. A las variopintas formas que existen para discriminar laboralmente a alguien cualificado se le suma la de las modificaciones corporales con tinta. Y, aunque viene de largo, es un problema actual que me acaricia firmemente la moral.

Esto es así por diferentes motivos. El uso de tópicos encabeza la lista. Esta discriminación laboral–desde el descarte en entrevistas de trabajo hasta el despido por tatuarse- se aferra a típicos sinsentidos dignos del Medievo.  Si es diferente, es malo. Lo que somos se expresa de adentro hacia afuera, incluidos factores y aptitudes relevantes para cualquier oficio. Lo que se lleve escrito en la piel forma parte del quién, de la identidad individual. Pero no es la persona. Por lo tanto, el “ser diferente” es un concepto que no debería albergar la desconfianza o el temor, simplemente la curiosidad.

Enlazando con lo anterior, de necios sería negar que esos tópicos están íntimamente relacionados con los prejuicios. Seas un alto cargo de una importante empresa, la nueva suegra del tatuado o el que se acaba de cruzar con él, ¿QUIÉN eres tú para juzgar a alguien sin conocerlo? Lo siento, pero nadie. Que adoremos hablar sobre la vida de los demás quizá se deba a que no tenemos cojones a vivir la propia.

Por último, y aunque sea una realidad que muchos no quieren ver, el tatuaje es arte y el tatuador, artista. Además, atraviesa diferentes culturas –incluyendo las urbanas-, hecho que le otorga diversificación y diferenciación. Y, al igual que con el mundo del grafiti, la sociedad engloba la purria del oficio con su verdadera y trabajada expresión. No es lo mismo “amor de madre” en Arial y infectado que toda una espalda minuciosamente trabajada y sombreada.

En definitiva, cualquier tipo de represión o discriminación laboral por su manifestación es otro duro golpe a la diversidad, a la libertad individual y a la cultura. Que esto provoque que por activa o por pasiva se deje de practicar este arte o se emplee el borrado de tatuajes por el mismo motivo es un ataque directo a la libertad de expresión y, por consiguiente, a cualquier democracia que se precie. Quizá deberíamos hacer como en México y castigar económica o penalmente a quien ejecute este tipo de represión.

Mi petición es sencilla y humilde. Simplemente, desguacemos para siempre el DeLorean. Que no nos obliguen a viajar más al pasado, nuestro cielo ya se ha tornado suficientemente gris.

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*