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Portada del nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte

Cuando prima más la marca Pérez-Reverte que su producto

Una columna de Paula Pérez Fraga

Esta semana Arturo Pérez-Reverte ha lanzado un nuevo libro. Qué magnífica oportunidad para aparecer en los medios. ¡Y cómo lo hace! Ejemplo bueno es este de El Periódico, donde el nombre aparece muchas más veces de las aparentemente necesarias. Después de un poco de ruido mediático, el libro pasa a estar en segundo plano y se convierte en algo casi anecdótico. Lo crucial de todo esto es que el mismísimo Pérez Reverte; el incomparable, inconfundible e irresistible Pérez-Reverte, nos ha dado una nueva oportunidad para culturizarnos. ¡Gracias!

¿Por qué sucede esto? Porque Arturo y las personas a las que ya les va bien que sea tan viral han hecho un gran esfuerzo para perpetuar la marca. Han conseguido que su nombre sea más que el nombre de un escritor, y que se haya convertido en el ejemplo que ininterrumpidamente está constatando la existencia de esta nueva oleada de españoles cultos y progresistas. El mismo tipo de personas que están obsesionadas con tener una opinión sobre todo. Como si fuera de Catalana Occidente. Pero no le basta con tener opinión sobre todo lo no y sí opinable. De forma obligada tiene que difundirla por doquier. Como si de un predicador se tratase, Pérez-Reverte nos va dando a los mundanos ciertas píldoras de criterio. Y si con ello puede ofender a muchos o a todos, mejor que bien. La polémica es el punto número uno en su estrategia de marketing.

En realidad el libro pinta bastante simpático. No deja lugar a dudas sobre el tema que va a tratar, pues se llama La guerra civil contada a los jóvenes. Y eso está muy bien. Seguramente dará gusto leerlo porque será muy buena obra, como tantas otras que ha escrito. Pero, ¿cuántos libros sobre la guerra civil se han publicado? ¿Alguno con tanta publicidad? Se espera que, al mismo tiempo que contar cositas históricas –un ejercicio más que necesario–, meta alguna pulla por aquí y por allá.

Quizá insulte a alguien y haga gracia. O quizá dé un paquete de parecer, opinión y veredicto sobre algún tema, y así ya no tenga que molestarme en hacérmelo yo misma. Es lo que gusta de él. No comprarían tantas personas el mismo producto, el libro, si no llevara la marca Pérez-Reverte. Por eso hay que ponerlo bien grande en la portada de la obra en cuestión. Pero su ego no es el problema. Hay muchas personas que son peores y ahí siguen. Lo criticable de todo esto es que estamos llegando al punto en el que da igual lo que diga siempre que lleve su nombre delante. Mientras tanto, sus seguidores incondicionales siguen subiendo.

Tengo dos amantes, la escritura y el cine. A veces se juntan y pasan cosas.

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