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Fotograma de la película "Martín (Hache)"
Fotograma de la película "Martín (Hache)"

Cultura es

Un text de Marc Álvarez

Me preguntaron qué era para mí la cultura. Pienso que no hay mejor forma de describir mi experiencia -o quizá es que no lo sé hacer de otra manera- que plasmándola por escrito.

La cultura me arropó en su cálido abrazo por primera vez a la edad de tres años. Mi madre, maestra y protectora, me leía risueña cada noche el mismo cuento. Allanando el melodramático y agridulce camino que se abría ante un ensimismado excursionista rechoncho y rojizo, bastante similar a un tomate. La intangible sacerdotisa del arte me vio llorar incontables veces por la muerte de Mufasa. Me observó sonriente cuando animaba a Goku a que hiciera justicia y me dio una palmadita en la espalda cuando rechacé por completo y por instinto cualquier producto musical prefabricado. Se le erizó cada milímetro de su ser cuando terminé de leer mi primera novela fantástica, y comencé con la segunda.

Me dio fuerzas cuando era el único crío que parecía volar con la electrizante pasión de Carlos Santana, y me animó cuando me castigaron en la escuela por opinar que “you’re beautiful” de James Blunt era basura. Me acompañó durante varias eternidades convertidas en meros pestañeos mientras me adentraba en los verdes paisajes de Jak and Daxter, contemplaba maravillado el Steam-punk más puro de Final Fantasy o ayudaba al incombustible dios de la guerra Kratos a culminar su venganza.

Me descubrió NOFX en la adolescencia y gratamente me llevó de la mano por todas las increíbles variantes que desembocan y beben del punk, pero me iluminó hasta el éxtasis con la música en directo. Conciertos en tugurios en los que inhalé felicidad, respeto y compañerismo, aparte de humo. Conciertos en grandes salas que me transportaron al más idílico de los paraísos, con mis oídos sumidos en una multiorgásmica epopeya sonora.

Me susurró que el periodismo formaba parte de ella, así que me adentré en sus extensos lares. Caí de lleno en la desgarradora, oscura, indomable pero sincera a rabiar prosa de Charles Bukowski, me absorbió por completo y fascinó por igual el perfeccionista Patrick Rothfuss y George Orwell me hizo reflexionar hasta la saciedad. Salinger, Cercas y Dostoievski me ensancharon el alma, Tarantino, Scorsese y Ritchie la volvieron frenética y la surcoreana OldBoy me mostró que había gente apasionada haciendo verdaderas obras cinematográficas fuera de Hollywood. También estuve Malviviendo un tiempo, descubriendo que con talento y ganas se puede conquistar el mundo. Y con Martin (Hache) aprendí que follarse a las mentes es jodidamente placentero.

Lloré, pero de risa, con los Monty Python. Me reí, pero de pena, de Michael Bay y todo lo que representa. El Hamlet moderno Sons of Anarchy me hizo vibrar, Hank Moody me mostró cínicamente y sin tapujos  el no romanticismo de la vida del escritor y con Walter White me di cuenta de que estamos en la edad dorada de las series. Y no, no puedo negar que en más de una ocasión pensé –y pienso- en lo gratificante que sería poseer una Death Note.

Cultura son los mil nombres y situaciones que no incluyo en este texto, y los millones que espero descubrir algún día, en cualquiera de sus representaciones y formas. Cultura es arte, es democracia, es libertad. Es fascinación, admiración, esfuerzo. Horas de trabajo, frustración, rabia. Es expresión, es vida y es muerte. Son pensamientos, alegrías y miedos. Es entretenimiento, aburrimiento, reflexión. Es soñar dormido y despierto. Es realidad, fantasía y la mezcla de ambas. Es pasión, es lujuria, es locura y lucidez. Es historia, nuestra historia, mi historia.

Cultura es emoción, es dar una parte de ti, seas creador o consumidor. Es aprender, es crecer, es madurar. Es crítica, es replanteamiento, es no conformidad. Es darte cuenta de que aunque el mundo en el que vives está en un profundo pozo con la mierda hasta el cuello y con pocas posibilidades de salir, todavía hay resquicios de luz ahí arriba. Es esperanza. Para algunos es todo. Para otros, menos. Pero sin ella, no somos nada.

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

2 comentaris

  1. No he podido parar de leer hasta el final de lo mucho que coincido contigo (sobre todo en lo de tener una Death Note). Aunque yo me inicié con Harry Potter, mis pasos han seguido prácticamente los tuyos (a pesar de que tengo pendientes algunos autores que citas). Un saludo 😉

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