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Escena de The Fool, de Yury Bykov. Fuente: El Antepenúltimo Mohicano
Escena de The Fool, de Yury Bykov. Fuente: El Antepenúltimo Mohicano

D’A | Día 5, sucesos de la vida social

Llegamos al ecuador del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona con dos películas que nos hablan de temas muy presentes en nuestra realidad cotidiana, uno desde la caricaturización despiadada de un grupo de políticos corruptos y la otra desde la soledad y olvido de una pareja de ancianos en un pequeño pueblo de Teruel. The fool y No todo es vigilia marcan el intermedio en esta quinta edición del D’A, que acabará este domingo 3 de mayo.

The fool, no es tiempo para héroes

Vivimos como animales y morimos como animales.

Saber que el dinero mueve el mundo no es algo que nos llegue por sorpresa. Aunque sí parece dejar atónito al protagonista de The fool, que tras darse cuenta que un edificio en el que habitan más de 800 personas está al borde del derrumbamiento acude a las autoridades locales para que evacuen a los vecinos. Cuál es su sorpresa al ver que, en vez de planificar los efectivos para arreglar la situación, los miembros del gobierno local se dedican a discutir cómo pueden minimizar el daño que supondrá a sus propias personas y a la reputación de su carrera política. The fool habla sin tapujos de niveles indignantes de depravación política, reflejada en una reunión de emergencia por el problema con el edificio en la que tendrán que empezar una carrera a contrarreloj para encontrar una solución que no afecte a sus bolsillos.

Esta temática de corrupción, dinero y poder, en la línea de films recientes como Welcome to New York (Abel Ferrara, 2014), se enmarca en una ciudad rusa devastada por la desigualdad, en que los barrios pobres viven en la más absoluta miseria, con altas tasas de paro y una juventud sin estudios que se aboca masivamente a las drogas. El reiterado primer plano de la cara desencajada del personaje protagonista, que nada contra la marea de un océano lleno de grandes y poderosos peces, transmite la impotencia de un héroe frustrado al que le acaban de mostrar los trapos sucios del poder.

Bykov apunta directamente con el dedo a aquellos que, fuera de la ficción, saquean las arcas públicas, pero no se queda ahí, sino que conforma una crítica contra toda una sociedad corrupta basada en los sobornos, la desconfianza y el sálvese quien pueda. El ambiente de thriller se mantiene con precisión y sin distracciones, en un camino emocionante hacia la decepción social.

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Felisa Lou y Antonio Paralluelo en No todo es vigilia. Fuente: serueda.wordpress.com

No todo es vigilia, retratos de soledad

Con una puesta en escena basada en los planos en su mayoría estáticos y el carácter observacional propio de un documental contemplativo, No todo es vigilia construye el retrato de dos ancianos que viven a través de la soledad de las sombras de su casa. Felisa y Antonio, abuelos en la vida real del director Hermes Paralluelo, son un reflejo entrañable, al mismo tiempo que desolador, de la vida de dos personas de edad avanzada que se mantienen encerrados en casa por cansancio, inseguridad y miedo. Lejos de constuir un drama lacrimógeno, Paralluelo trabaja desde el respeto y la sensibilidad, con una mirada sincera, por momentos metafórica, de la vida en sus límites.

Con la sensibilidad dramática de Amor (Michael Haneke, 2012) y el sentido del humor de Ser e voltar (Xacio Baño, 2014), el film dibuja en sus silencios prolongados y su monotonía un retrato de una vejez cercana, que a través de los diálogos entre la pareja y de su estancia en el hospital se enmarca en un contexto de evasión del mundo presente. Felisa no sabe apagar el despertador electrónico que le han regalado, y cada madrugada la despierta por sorpresa, casi un aviso de su propia existencia.

Mireia Mullor

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