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El colectivo lacasinegra. Fuente: cinemadautor.cat
El colectivo lacasinegra. Fuente: cinemadautor.cat

D’A | lacasinegra: “La discusión forma parte de nuestro modus operandi”

En el teatro del Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona se proyecta un vídeo que muestra a un niño sentado solo en una fila de sillas. Lo vemos de espaldas, mirando las imágenes  que se proyectan en la pared de un museo. Vemos la Salida de los obreros de la fábrica (1895), de los hermanos Lumière, una de las primeras películas de la historia del cine. Antes de acabar, el niño se levanta mostrando su total falta de interés por lo que está viendo y se marcha, dejando el bucle del vídeo dando vueltas sobre sí mismo una y otra vez. Un vídeo de poca duración sobre el que se puede construir, como mínimo, una reflexión sobre la forma en que hoy se consume el cine, y la cultura en general.

Así, con conceptos claros, mezclados o agitados, trabaja el colectivo lacasinegra, que ofreció en el tercer día del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona un taller sobre sus métodos y la presentación de su primer largo, Pas a Gèneve. Una sesión muy especial en la que sus cuatro miembros (Carlos Pardo, Gabriel Azorín, María Antón y Elena López) explicaron la mecánica del proyecto desde su inicio. “Nos ha tocado vivir en una época del cine en que te sientes muy solo, así que necesitas apoyo”.

La concepción de lacasinegra nace de la voluntad de sus integrantes de discutir. “Así funciona este colectivo, discusión tras discusión”. Lejos de promover la violencia, física o verbal, estos jóvenes con ganas de romper esquemas establecidos en la industria buscan el debate entorno al medio audiovisual, algo que nuestra sociedad actual parece haber perdido. “Aquí no hay democracia, se discute hasta que todos los demás caigan”, relatan con una sonrisa en la boca.

Pero, ¿cuáles son las motivaciones de lacasinegra? “Queremos poner en crisis el concepto del cine estándar y discutirlo. Hay que pasar de la etapa de llorar porque no tenemos dinero para hacer cine y responder ante nosotros mismos”. Este colectivo rompe los moldes de lo convencional del sistema, del  que, dicen, no se sienten parte. “No es que estemos en los márgenes de la industria, sino que no estamos en ella en absoluto”. Detrás de toda esta pose rebelde que busca reinventar las formas fílmicas y adaptarlas a una nueva realidad centrada en las nuevas tecnologías y la convergencia mediática, hay una verdadera voluntad por reflexionar sobre las imágenes con las que somos bombardeados cada día. Este es precisamente uno de sus puntos clave, el hecho de reelaborar a partir de lo ya creado. “Con la cantidad de material audiovisual que existe, ¿por qué crear más?“, decía Gabriel, uno de los miembros, durante la conferencia. Para ellos no hay necesidad de crear nuevos contenidos, sino que su idea inicial se basaba en un sistema de vídeos taggeados con los que cualquier usuario pudiera conformar sus propios significados.

En cierta forma, las creaciones de lacasinegra se pueden identificar como un reflejo cinematográfico del arte contemporáneo, en el que el proceso de desarrollo del pensamiento posterior es más importante que el proceso de creación de la propia pieza, que en ocasiones parece fruto de la más pura casualidad (no hay más que ver algunas piezas de la feria ARCO). “Nuestras creaciones vienen de un sentimiento muy intuitivo, construimos con lo que tenemos más a mano” explicaba Carlos Pardo durante el taller. “Al final parecen bromas, pero deberíamos pensar qué significan estos vídeos que hacemos, reflexionar sobre qué significa coger un móvil y grabar algo. ¿Por qué no consideramos esto cine?”.

Cartel de la película "Pas a Genève", de lacasinegra. Fuente: vimeo

Cartel de la película “Pas a Genève”, de lacasinegra. Fuente: vimeo

Pas a Genève, paseos por el bosque

El primer largometraje del colectivo lacasinegra da el salto de los videos grabados con el móvil y los montajes de imágenes aleatorias a la imagen formal, aunque con su dinámica poco convencional. Pas a Genève fue concebida sin pensarse, sin organización previa ni guion, en una especie de viaje sensorial a través de un bosque en Ginebra. Según explican sus directores, la idea inicial consistía en una especie de juego en el que se grabasen paseando entre los árboles recolectando imágenes, intentando a su vez crear un mapa imaginario de aquella zona rural de la ciudad suiza. Compartiendo los métodos que cada uno quiso seguir, se formó después en el proceso de montaje una idea diferente de lo que se pretendió, formando así una pseudopelícula que, como todas sus creaciones, nos invita a reflexionar.

“Buscábamos algo más formal para ver cómo va mutando la mirada y los personajes a lo largo de la película”, comentaban después de la proyección en el CCCB. El film es un ejercicio monótono, con referencias a la política y a movimientos sociales como el 15M. Pretende mirar la cotidianidad de los momentos concretos para ver cómo lo mismo repetido nos parece diferente – como decía el escritor austríaco Hofmannsthal sobre las palabras en su Carta de Lord Chandos, se nos desintegran en la boca como hongos podridos –  y cómo los personajes se ven cada vez más prisioneros de sí mismos en la propia amplitud del bosque.Pas a Genève habla de lo importante que es el ahora para nuestra generación”.

Mireia Mullor

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