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Imagen del cmapo de refugiados de Idomeni. Por Paco Guzman http://bit.ly/1NowQGM
Imagen del cmapo de refugiados de Idomeni. Por Paco Guzman http://bit.ly/1NowQGM

Europa, no tenemos nada que celebrar

Una columna de Iris Rodríguez

Resulta curioso como en una sociedad tan individualista como la nuestra aparezcan cantos de unidad y de solidaridad colectiva con un criterio, como mínimo,  dudoso. Hoy recuerdo que todos fuimos París y casi ninguno se acordó de ser Beirut. Todos lloramos Bruselas y muy pocos nos contaron que pasa en Yemen. Que sí, me conozco el argumento de la afinidad cultural, la proximidad territorial y este vínculo occidental fortuito para justificar la reacción. Que es normal tener miedo ante un ataque terrorista. Pero lo que no es normal es obviar, con más o menos consciencia, a las poblaciones en las que nuestros ejércitos crean el miedo desde hace décadas. Y mucho menos legitimar que la respuesta a un ataque terrorista – que tiene como mínimo unos condicionantes históricos previos- sea responder con más violencia.

Hoy es el día de Europa y la cadena Ser aprovecha para promocionar y ensalzar las virtudes del programa Erasmus. También se vanagloria de lo mucho que ayudaron a España los fondos europeos de desarrollo territorial. El País, por su parte, habla de la mayor crisis política de la UE desde que existe y el Ara se pregunta cómo salvar al continente.  Yo en un día como hoy solo puedo pensar en las más de 400 personas muertas en las costas europeas en lo que llevamos de 2016. En las 143 mil personas que según ACNUR han llegado por mar a Europa este año. Me acuerdo del sistema de cuotas de acogida de refugiados, cuya aprobación retrasaron los mandatarios europeos como si no hubiese seres humanos en peligro, y derechos que garantizar.

Días como hoy provocan una sensación similar a la impotencia, aderezada con la rabia. in embargo no puedes evitar tener un ápice de esperanza al ver la solidaridad de la sociedad civil. Cuando pienso en Europa, en mi cabeza aparece un niño sirio frente a una valla gritando “Open the border”. Hoy no puedo no compartir con vosotros estas palabras del diario de Nelson, voluntario en el campo de refugiados de Idomeni, en las que explica la atención a un refugiado :

“El primero tenía un dolor en el pecho, siente que se ahoga y por la noche apenas le deja dormir el ahogo y el dolor. Ha entrado en un momento en que sólo estaba yo con el traductor de árabe. A pesar de la juventud de mi paciente, el miedo ante un dolor opresivo siempre es grande en un estudiante. La entrevista ha comenzado y he hecho las preguntas típicas que se deben hacer. No había nada que alarmase, salvo que estaba yo sólo. Le he explorado, todo normal.

Me he quedado callado un momento: “Pregúntale por favor si se siente ansioso”. Veo que el traductor empieza a asentir, abre los ojos asustado. Me dice que sí, está muy ansioso, algo de papá y toda la situación del campo. Se niega a explicarme todo. Imaginad algo que os impida respirar, imaginad que eso es un campo de refugiados, sin nada, atrás una vida enterrada en bombas, delante, nada.”

Yo no sé vosotros, pero de esta Europa, más preocupada de las fronteras y la “seguridad” que de garantizar derechos humanos, no formo parte. No formo parte de tratados pactados a espaldas de los ciudadanos. No formo parte de acuerdos con países que violan sucesivamente DDHH a cambio de de cerrar los ojos ante una crisis humanitaria. No formo parte de reproducir ese discurso de nosotros y nuestra superioridad escondida hasta en el titular más inocente, frente a un “ellos”, representado como una amenaza a nuestros impolutos valores. Unos valores que, de existir, brillan por su ausencia. Si he de ser partícipe de alguna Europa, será de la que hace de la solidaridad su mejor arma.

 

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

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