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Font: TFC Prods
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Edu y Hash: Dr. Jeckyl y Mr. Hyde.

Se respira tranquilidad en las calles de Caldes de Montbui. Lejos del ajetreo de las ciudades, la gente anda lentamente y conversa con sus vecinos. Un par de nubes blancas salpican el azul del cielo creando formas que se mueven al mismo ritmo lento que el resto del pueblo. Edu Rodríguez, más conocido como Hash o Hashassin en el mundo del rap, busca las llaves del estudio de grabación dentro de una riñonera verde. Es alto, moreno, de ojos oscuros y rasgos marcados. Viste unos tejanos que se le caen, bambas anchas y una chaqueta que le viene un par de tallas grande. Al encontrar la llave, la hace girar en la cerradura, pero no obtiene el resultado que esperaba.

– Vaya – dice bajando la cabeza. – Gamos no ha avisado de que veníamos y la puerta está cerrada por dentro.

­Llama al timbre y, tras unos segundos, una viejecita adorable abre la puerta. Decenas de arrugas pueblan una cara de ojos dulces que no parecen percibir el paso del tiempo. Edu la saluda con una sonrisa cariñosa.

– Ay, ¡sí! Mi nieto me dijo que vendríais – se disculpa ella. – Pasad, pasad.

Tras el umbral, el olor a comida de abuela se cuela por todos los rincones de la casa. Se pega a las cortinas  de un salón decorado a la antigua, con muebles de madera y sofás de colores oscuros. Edu huye de la tentación de dirigirse a la cocina y sube dos pisos de escaleras a ciegas, sin darle a un solo interruptor, hasta llegar al último piso de la casa: El Trastero Records.

El grupo Mientras Quede Uno (MQ1), del que Edu forma parte además de rapear solo, tiene ahí su santuario. A lo largo de sus más de siete años de carrera musical han convertido el trastero de la abuela de Gamos (uno de sus miembros) en un estudio de grabación profesional. Edu asegura que ahí es donde puede hablar más tranquilamente y sentirse en casa.

Todavía no ha terminado de sentarse y ya ha sacado de la riñonera una pequeña bolsita de plástico, papel de liar, un cigarrillo y una boquilla. Con una destreza envidiable se lía un porro y habla de Hash que, más que su nombre artístico, es su alter ego.

– Cuando soy Hash o Hashassin soy más oscuro que Edu – asegura, lamiendo el papel para acabar de construir un cigarrillo perfecto. – Me gusta hacer un rap crudo, sacar mi lado oscuro, mis demonios. Cuando me lo paso bien lo hago como Edu, en la vida real. Me cuesta mucho hablar de felicidad en un tema. Prefiero plasmar en mis letras cosas más chungas, la realidad oscura de la vida.

Enciende el mechero y acerca la llama al porro. El olor a marihuana empieza a inundar la sala, así que abre la ventana que tiene detrás. Está sentado en una silla de despacho en la sala de control del Trastero, de espaldas a la pantalla que preside la mesa de mezclas del estudio. Decenas de aparatos gigantescos pueblan la mesa y se amontonan a su alrededor, y las paredes están infestadas de portadas discos de rap.

– Pero, – continúa tras una larga calada que precede al silencio – todo forma parte de mí. Todos llevamos dentro nuestra cruz y yo creo que el rap es una buena manera de sacarla. En un estilo de música como éste, en el que escribes tanto, puedes decir casi todo lo que quieras. En el fondo el rap es decir lo que te salga de la polla. Yo saco mi lado oscuro. No me meto en ningún papel, no me transformo. Hash soy yo, pero es otra parte de mi.

A pesar de sus veintiséis años, Edu tiene sonrisa de niño. Cuando habla de Hash no puede evitar empezar a transformarse en él y emplear más términos callejeros, pero todo rastro de palabras vastas desaparece cuando es la persona y no el rapero quien habla. Sorprende pensar que es él quien está detrás del micrófono al escuchar sus letras. Ése, el chico que dice: “Antes era un niñato / y ahora educo a menores. / Esclavo de mis vicios / por si muero joven. / Escribo líneas pa’ / que suenen en mi funeral, / devoto del Hip-Hop / es mi verdadero cole”; ése chico ha estudiado educación infantil y trabaja con niños. Es un apasionado de la pedagogía. Dice que sólo con ellos puede ser puro porque es correspondido con la misma actitud.

– En realidad, Hash no podría vivir sin Edu ni Edu sin Hash – confiesa. – A lo mejor algún día podría dejar de escribir en público, de mostrar mis temas al mundo. Pero nunca podría dejar de escribir. Me volvería loco – sentencia tras un largo silencio. – Si no fuera escribiendo tendría que desahogarme de otra manera y acabaría mal.

Se ríe, señalando el porro. Luego lo alza, lo mira y le da otra calada.

– Cuando tienes un nudo dentro de ti y no lo deshaces puede salir de muchas maneras. Escribiendo, discutiendo con alguien… O drogándote. Hay muchas maneras de desviar lo que te duele por dentro. A mi el rap me sirve para eso: cuando necesito desahogarme escribo.

Entiende que una persona que necesite desahogarse y no sepa cómo hacerlo caiga en las drogas. Casi toda la gente que está en el mundo del rap necesita sacar algo que lleva dentro simplemente para alejarlo de sí mismo, como Hash, pero es cierto que muchos hacen buenas migas con la droga de todas formas. Incluso algunos de ellos rapean acerca de la marihuana y otras sustancias, a veces incluso llegando a hacer apología de ellas. Edu admite que esto puede afectar negativamente a la imagen del rap porque las drogas son algo escandaloso para nuestra sociedad. Pero opina que en el ambiente del artisteo drogarse es algo muy distendido, no sólo forma parte de la cultura hip-hop. Asegura haber visto más droga en conciertos de punk.

– Si un rapero quiere hablar de su realidad y las drogas son su realidad, lo cuenta. No hacemos esto para educar a nadie. Esto no es una clase de ética, es un tema de rap – deja claro.

– ¿Por qué crees que el artisteo está tan ligado a la droga?

Le da una larga calada al porro.

– Por las puertas a la inspiración, supongo – sonríe.

– ¿Crees en la inspiración?

– Por supuesto. Pero para mi esto – dice levantando el porro – es sine qua non para inspirarme. Siempre me hago un peta antes de escribir.

– ¿Quién se lo fuma, Edu o Hash?

Se ríe y piensa. Aprovecha para dar largas caladas en silencio. El humo dibuja formas cambiantes en el aire.

– Edu se lo fuma y Hash se va despertando.

Aunque dice que le ayuda, admite que fumar no le da la inspiración, sino que ésta depende mucho de la motivación. También puede inspirarse leyendo un libro, viendo una película o escuchando música. Una buena instrumental es clave para que las rimas fluyan solas y para inventar buenas ritmos y métricas. A él hay una atmósfera en concreto que le inspira, y tiene que ser oscura, cruda, hardcore y lenta. Como él. Sus productores de confianza conocen esa atmósfera y se la proporcionan siempre que la necesita. Edu siempre ha sido partidario de trabajar con gente a la que conoce. No comparte la manera de hacer de la mayoría de raperos españoles, que contactan con los grandes productores del panorama y les compran instrumentales sin conocerles.

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– Creo que el rap es para vivirlo juntos. A mi si me hace la base un pavo al que no voy a ver nunca… – resopla. – ¿De qué manera compartiré mi trabajo con él? Me gusta disfrutar del camino, no sólo del resultado.

Sabe que su rap no es comercial. Escribe frases tan sórdidas, tan sumamente reales, que el público del discotequeo de hoy en día se escandalizaría al oírlas. Opina que hoy gusta la música fácil, los ritmos poco elaborados y pegadizos y las letras que no dicen nada. Los amantes de la música comercial detestarían creaciones tan brillantes de Hash como el tema ‘Frío’, en el que dice: “Tengo a Walt Disney en mi casa / pa’ echarle hielos al cubata / mientras me follo a sus princesas”. Eso chirría en los oídos de los amantes de la música mainstream, pero no lo hace el machismo del electro-latino, que llena discotecas y listas de Spotify.

La lucha entre las palabras de un ser que lucha por decantarse entre ser Edu o Hash es palpable. Habla del rap como un género que necesita representar a quienes lo escuchan y, además, enseñar, explicar el mundo. Edu no puede evitar sonreír cuando pone como ejemplo a MDE Click, un grupo de rap underground del que asegura que ha aprendido muchísimo.

No intenta parecerse a ellos ni a nadie, aunque las influencias siempre tienen algo que ver en las creaciones de todo artista. Por eso, como hace lo que le da la gana en sus temas, los ojos se le abren como platos al pensar que hay gente – en realidad bastante gente – a la que le gustan sus canciones. Se sorprende al pensarlo, y es incapaz de apartar la vista del último (y primer) disco de Mientras Quede Uno. Tuvo mucho más éxito del que esperaban, aunque ni Hash ni sus compañeros se han dedicado a contar reproducciones o controlar cuántas veces ha sido descargado. Lo que les importa es disfrutar del camino, del proceso de crearlo. Jamás harían música con el único fin de que la disfrutara el público. La salida de ése trabajo fue su punto de inflexión como artista, el momento en el que se dio cuenta de que estaba empezando a hacer el rap que quería hacer y a conseguir una calidad que sólo podría llevarle a seguir creciendo. Aún así no consigue responder a por qué gustan sus canciones.

– ¿Crees que gustan porque la gente encuentra su lado oscuro cuando te escucha?

– Eso sería genial – vuelve a mostrar otra vez esa sonrisa de niño y deja de arrastrar las consonantes durante un par de frases. – Todos tenemos un lado oscuro. Y, ojo, oscuro no significa malo. Es necesario. Me gustaría ayudar a la gente a encontrar esa oscuridad en su interior.

Según dice, el mensaje oscuro de política y crítica social de MQ1 viene del ambiente punk en que sus miembros – incluido él – se vieron envueltos. Algunos de ellos, como Kovitch y Gamos, muestran abiertamente sus ideas políticas pero Hash admite hacerlo de manera encubierta.

– No hago política, hablo de la vida. Y si la vida es una mierda te lo cuento – vuelve a arrastrar las consonantes. – Si hay gente muriéndose de hambre, si hay madres buscando en un contenedor para dar de comer a sus hijos… Yo te lo cuento – se calla durante unos instantes. – ¿Es duro? – más silencio. – Es la vida – suspira.

Le da una última calada al porro y lo apaga, restregándolo contra un cenicero. Seguidamente se levanta, recoge un poco la sala, baja las escaleras, le da las gracias a la viejecita sonriéndole con extremo cariño y se marcha.

Caminando bajo el sol de Caldes de Montbui vuelve a ser Edu. Hash se ha quedado en el Trastero Records.

Marta Mearin
Estudiante de periodismo y escritora. Creo en el periodismo narrativo como vehículo para la comprensión del ser humano y el mundo que le rodea. Estoy convencida de que la cultura puede cambiar el mundo.

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