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Kobe Bean Bryant (Filadelfia, 23 de agosto de 1978). Fuente: marca.com
Kobe Bean Bryant (Filadelfia, 23 de agosto de 1978). Fuente: marca.com

El adiós de Kobe Bryant: “Querido baloncesto…”

Un artículo de Rubén Moreno

“This season is all I have left to give.”

Esta temporada es lo único que me queda por darte. Con esa línea Kobe Bryant dejaba claro que su periplo baloncestístico en la mejor liga del mundo debe llegar a su fin. Hizo pública esta decisión en una carta abierta que publicaba el portal Player’s Tribune. La publicación, titulada Dear Basketball, ha supuesto el impactante anuncio de retiro de una leyenda del baloncesto. Quizás el máximo exponente de toda esa generación de jugadores que vinieron después de Michael Jordan y que intentaron emular al mítico 23. Kobe siempre luchó para llegar a ese Olimpo: números, récords, estadísticas, galardones, campeonatos. Kobe siempre ha corrido más que nadie para huir de la alargada sombra de Jordan. No lo ha conseguido, pero deja a su paso un legado envidiable: 5 anillos, 17 All Stars, 1 MVP, 2 veces máximo anotador de la liga, 1 partido de 81 puntos y el registro de ser el tercer máximo anotador de la historia de la NBA entre otros muchos méritos.

Y aún así Kobe te tenía que caer mal. Es el prototipo de ganador insaciable, de ultracompetitividad innecesaria, ese tipo que quiere más y más. Y va a hacerlo  todo por conseguir lo que se proponga. Él habla de amor, ese amor obsesivo que te hace darlo todo:

“I gave you my heart
Because it came with so much more.

I played through the sweat and hurt
Not because challenge called me
But because YOU called me.
I did everything for YOU
Because that’s what you do
When someone makes you feel as
Alive as you’ve made me feel.”

 

Pero fuera de ese sentimiento interno, se veía al Kobe Bryant obsesionado. Al loco cuya droga era ganar y ganar. Al que se enfadaba con los compañeros, al que criticaba abiertamente a quien fuera. Al distante, al que le importaba bien poco caer bien o mal, él solo hacía su trabajo, era el ejecutor que no escuchaba nada antes de actuar cada noche en la cancha y si escuchaba sinfonía de viento o críticas, mejor, se sentía cómodo silenciándolas: con miradas desafiantes, mandando callar a la grada, dedicando sus mejores jugadas al respetable contrario. Era el villano favorito, un trono que poco a poco ha ido cediendo a LeBron James, pero que ha ocupado con gusto durante años.

Aunque, pese a todo, no queda otra que respetarlo. El sentimiento de respeto que genera una figura como él en el mundo del deporte, es palpable. A nivel mediático, a nivel deportivo, a nivel de superación. Sólo ha habido un Kobe Bryant, sólo la Black Mamba ha infudido tanto miedo después de Jordan. Hasta que se ha quedado sin veneno, hasta que las lesiones de los últimos años le han lastrado hasta verse incapaz. Estos últimos tiempos ya no es él. Le duele no poder ser determinante, le duele haberse quedado sin veneno que inocular a sus víctimas. Le duele tanto que debe apartarse. Y los que hemos disfrutado de su andanza por el baloncesto, sólo nos queda respetarle. Esta temporada es la última de Kobe Bryant, el tiempo corre:

“:05 seconds on the clock
Ball in my hands.
5 … 4 … 3 … 2 … 1

Love you always,
Kobe”

Rubén Moreno
Deporte y música todo el día. Trasnochador. Estudiando periodismo en la UAB. Redactor de deportes y jefe de Twitter de La Columna.

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