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Mujer cargando carro de fruta. Potosí, Bolivia. Fuente: Bea del Corte
Mujer cargando carro de fruta. Potosí, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

El feminismo en Bolivia: indígena, descolonial y comunitario

Un artículo de Bea del Corte

‘‘Al feminismo no le ha interesado en general, ni en el Norte ni en el Sur, los sectores populares o empobrecidos, menos aún los sectores campesinos y para nada los indígenas. Se ha movido históricamente en lo elitista, la intelectualidad, las universidades, los estudiantes. Ha unido algunas clases, pero, con algunas excepciones, no puede decirse que se haya centrado en la clase obrera ni en sectores populares’’ decía Julieta Paredes, activista feminista, aymara y boliviana. Paredes es una de las precursoras del feminismo comunitario, que nace y cobra sentido en las comunidades indígenas, en las andinas de Bolivia, y en una América Latina en la que el indigenismo transforma los movimientos sociales desde un pensamiento decolonial. Un corriente que nos invita a cuestionar la modernidad europea desde la reflexión de su antítesis, la colonialidad en América.

Mujer tejiendo. Isla del Sol, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Mujer tejiendo. Isla del Sol, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

El feminismo comunitario nació a principios del 2000, con la lucha del colectivo Mujeres Creando, desde el que después de una ardua reflexión sobre la coyuntura política boliviana varias mujeres indígenas aymaras formaron la Asamblea del Feminismo Comunitario. Nace así al ‘otro lado’. Entendiendo como ‘ese lado’, la cuna de esta lucha, el mundo occidental. La Revolución Francesa (1789) y demás revoluciones liberal-burguesas fueron las simientes de este movimiento, al entender que la conquista de libertades e igualdades jurídicas que habían conseguido estos levantamientos no afectaban a la mujer. Y que los Derechos del Hombre se referían exclusivamente al hombre, en cuanto a género masculino. A partir de aquel momento en Europa Occidental nace el feminismo para luchar por la igualdad de la mujer y su liberación.

La teoría que se ha ido elaborando, donde se muestra la necesidad de la autonomía de la mujer para poder liberar a la sociedad va abriendo debates que llevan a un conocimiento y cada vez mayor entendimiento de las luchas de las mujeres más allá de nuestras fronteras. Claro que también a una mejor comprensión de los problemas que abraza la sociedad en la que vivimos; pero aún más de las diferentes formas de organización social que guían otros tipos de feminismos que intentan dar solución a problemáticas sociales locales.

Pastoreando llamas. Cuzco, Perú. Fuente: Bea del Corte

Pastoreando llamas. Cuzco, Perú. Fuente: Bea del Corte

En Bolivia existen 36 pueblos originarios reconocidos oficialmente por su Constitución, cada uno de ellos dispone su lengua oficial en el país. De sus más de 10 millones de habitantes un 30% se considera indígena -según el Censo del INE 2012; dato que disminuye cada año, frente al 62% que se auto-identificaba en el anterior censo de 2001. Del total 1,3 millones de ellos son aymaras, el segundo grupo originario más grande. Con la conquista de los españoles, el racismo y los abusos coloniales hacia los oriundos causaron además de su diezmado, la ampliación de su conciencia de identidad étnica.

Paredes decía así que el feminismo occidental nace de una matriz individual de las mujeres, de sus derechos, de su ciudadanía ante la afirmación individual de los varones a partir de los logros conseguidos en la revolución francesa. ”Nosotras queremos afirmar nuestro “ser mujeres” desde la comunidad. No colocamos nuestros derechos individuales ante los derechos individuales de los hermanos, confrontándolos, sino con un lugar de identidad común. Somos hermanos. Es una concepción de paridad, ante un sistema de opresión que nos oprime a mí y a mi hermano”, afirma Julieta Paredes. Lo explica en su libro Hilando Fino desde el Feminismo Comunitario como una lucha que se construye desde las calles y desde la comunidad, el lugar de una identidad común. Surge como una propuesta alternativa a la sociedad individualista. No tratan la corriente como ‘mujer igual que el hombre’ o ‘mujer diferente al hombre’, ya que no puede entenderse dentro de las formas de vida en Bolivia, con fuertes concepciones comunitarias: ‘‘pensamos en mujeres y hombres en relación a la comunidad’’.

Mujer vendiendo verdura. Villazón, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Mujer vendiendo verdura. Villazón, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Así como muchas realidades, hay muchos feminismos, y para entenderlos cabe partir de sus propias definiciones. Paredes define el suyo así: ‘‘la lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer en cualquier lugar del mundo, en cualquier época de la historia que se haya rebelado ante el patriarcado que la oprime’’. Ante esta definición tanto ella como sus compatriotas se reconocen como hijas aymaras, rebeldes y antipatriarcales; hermanas de otras feministas en el mundo pero frente al hegemónico occidental.

Su teoría gira en torno a algunos elementos clave. El ‘‘Sumaq Qamaña’’ -‘Vivir Bien’’, que no ‘‘Vivir del Bien’’ ni ‘‘Vivir Mejor’’- es un término aymara que surge para referirse a prácticas de los pueblos originarios de la zona Andina de Latinoamérica, en la que encaran los problemas de las sociedades contemporáneas aprendiendo de sus raíces. Se enfoca en aspectos como la comunidad de la Tierra, vivir en complementariedad o el equilibrio con la naturaleza. Es también el modelo que busca implementar el gobierno del presidente Evo Morales.

Mujer vendiendo zumo de naranja. Potosí, Bolivia. Sota la premissa “el nostre cos és la nostra empresa i reivindiquem el dret al treball” exigeixen la despenalització de l’ofici, una regulació que garanteixi els drets de les treballadores i que s’habilitin espais on exercir la prostitució per millorar les seves condicions laborals i la convivència veïnal. Sota la premissa “el nostre cos és la nostra empresa i reivindiquem el dret al treball” exigeixen la despenalització de l’ofici, una regulació que garanteixi els drets de les treballadores i que s’habilitin espais on exercir la prostitució per millorar les seves condicions laborals i la convivència veïnal. Fuente: Bea del Corte

Mujer vendiendo zumo de naranja. Potosí, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Para el feminismo comunitario, la lucha no empieza con la Toma de la Bastilla en el 1789; se remontan a su memoria nativa, a una larga historia andina donde la lucha contra el patriarcado hacía tiempo que estaba presente. “Nosotras reconceptualizamos el feminismo. No somos alumnas del occidental. Aquí, antes de 1492 también había un patriarcado. Nosotras nos inscribimos en las ancestrales luchas de las mujeres ante un patriarcado que nos oprimía y nos oprime”, asegura Julieta Paredes. En Bolivia, el movimiento indígena antipatriarcal plantea una forma diferente de pensar la lucha feminista: indígena, descolonial y comunitaria.

Vestimenta típica. Cochabamba, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Vestimenta típica. Cochabamba, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Cargando carreta de millo. Oruro, Bolívia. Fuente: Bea del Corte

Cargando carreta de millo. Oruro, Bolívia. Fuente: Bea del Corte

Marcha por las elecciones regionales en Oruro, Bolivia. fuente: Bea del Corte

Marcha por las elecciones regionales en Oruro, Bolivia. fuente: Bea del Corte

Mujeres comprando carne. Potosí, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Mujeres comprando carne. Potosí, Bolivia. Fuente: Bea del Corte

Mujer en un barco hacia San Pedro de Tiquina. Lago Titicaca (frontera Bolivia y Perú) I. Fuente: Bea del Corte

Mujer en un barco hacia San Pedro de Tiquina. Lago Titicaca (frontera Bolivia y Perú) I. Fuente: Bea del Corte

Mujer en un barco hacia San Pedro de Tiquina. Lago Titicaca (frontera Bolivia y Perú) II . Fuente: Bea del Corte

Mujer en un barco hacia San Pedro de Tiquina. Lago Titicaca (frontera Bolivia y Perú) II . Fuente: Bea del Corte

Estas mujeres no son concretamente feministas comunitarias, o quizá sí. Pero al inmortalizarlas en las calles de Bolivia transmiten la necesidad de la importancia que tienen que seguir cobrando estas fuerzas feministas. Corrientes que combatan contra la homogeneización que sufren muchos de sus pueblos así como contra la doble opresión que sufren, colonial y patriarcal.

 

 

 

 

 

 

Bea Del Corte
Isleña, sureña y Canaria viviendo en Barcelona. Creo en el periodismo que da voz a los que no la tienen. La naturaleza y el deporte son mis grandes vicios.

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