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Viñeta de El Roto. El País. 9/2/2014

El fútbol y yo hemos roto

Esta vez no es por él -aunque podría- ni tampoco por mí, sino por un tercero. El circo mediático como desencadenante.

Con la aplicación del Marca en la papelera soy consciente de que doy el primer paso. Hay que deshacerse de todo, rápido, para cerrar la herida. He tenido paciencia, pero el silencio mediático respecto a los problemas endémicos que rodean y que a su vez sustentan el fútbol moderno, han sido los desencadenantes de una crónica anunciada que empezó a gestarse hace unos pocos años. En cuanto empecé a formarme una conciencia crítica, más o menos.

Reconozco que en algún momento me entretuve entre tanto show -nótese que es precisamente esta la excusa que utilizan aquellos que ven “Sálvame”- y admito que también he participado en alguno de esos debates que le gusta iniciar a la prensa, sea o no deportiva. “Uno acaba sabiendo de fútbol aunque no quiera”, escribía Marta Sanz en La Marea. No nos olvidemos de que el fútbol acapara desde la prensa del corazón hasta los informativos.

Volviendo a lo antes, reconozco que bajo mi condición de hincha desencantado, me encendí en diversas ocasiones con el trato que se le daba a mi equipo y es entonces cuando me golpeaba con la realidad. Desesperaba. En el momento en el que me enojaba por un trato imparcial es cuando me convertía en aquello que más detesto: el hincha al que le va la vida en ello. El sueldo, la sangre, la autoestima, el orgullo…-Que estamos hablando de un deporte, joder. En el momento en el que le pusieron un programa de televisión a personajes fanáticos de esta índole fue cuando la industria del fútbol realmente terminó por degenerarse.

Adrià Fruitós. "Salvados por el Mundial". Revista Panenka núm. 31

Adrià Fruitós. “Salvados por el Mundial”. Revista Panenka núm. 31

Una relación desgastada

El circo mediático me invitó a finiquitar la relación por dos bandas: primero por la del hastío y después por la del propio contenido. El fútbol, como saben, monopoliza toda la información deportiva diaria de cualquier medio de comunicación, independientemente de cuál sea el foco de la noticia: desde los goles de la jornada, hasta la ropa, el coche, la mujer supermodelo, el deportivo o los mensajes en las redes sociales del jugador de turno. Qué acertada estuvo Mireia Belmonte cuando afirmó aquello de que importaba más el corte de pelo de Sergio Ramos que su record del mundo.

Día a día, sea ojeando un diario, escuchando la radio o viendo la televisión- insisto, a cualquier hora del día-, ahí están las tertulias centrándose en los detalles más insustanciales del balompié, con gente que se grita, que se aferra a su escudo, que se quita la camiseta, que baila, canta, insulta….y de nuevo zozobra; sin embargo, no todo es eso, también están las recurrentes relatos del self- made man al más puro estilo yankee: El chico que se crió solo y que sale de la pobreza gracias a su talento con el balón y que ahora puede permitirse una colección de coches de lujo, sin importar lo lejos que eso pueda alejar del suelo a los deportistas más jóvenes.

Y en verano, el mensaje gordo: apelar a la unidad nacional para apoyar a la Selección, como si el fútbol fuese la única razón por la que movilizarse o como si – y vuelvo a citar a Marta Sanz – significase una “experiencia real de comunidad”.

Arrepentimiento

En este punto, habrá quien quiera justificar este tipo de programas intrascendentes bajo la condición de entretenimiento y entonces cuando yo me remito primero al Sálvame, después a la dignidad y por último a la ética. Sobre esta última, – y ahora me refiero a los informativos- es bastante exasperaste, y dice mucho de los estándares del periodismo deportivo, ver el último baile de un jugador en Instagram en medio de un programa cuyo objetivo es informar.

El 31 de agosto la deuda total de la liga española ascendía a 542 millones de euros. El sueldo mínimo de un jugador de primera división en España es hoy día de 129.000 euros; Canal 9 perdió en su día alrededor de 240 millones retransmitiendo los partidos de los clubes valencianos; hasta 2011 el fraude deportivo no constaba en el Código Penal; y en 2010, “La Roja” tributó por segunda vez sus primas fuera: el 21% en Sudáfrica de los 600 millones que ganaba cada jugador por ganar el Mundial. Antes, en 2008, acogiéndose a la convenido hispano – austriaco, se ahorró el 23% de lo que hubiese tributado en España pagando impuestos en Austria. ¿Acaso no hay suficientes escándalos con los que rellenar un informativo? ¿No sería más ético investigar, meter el dedo, llamar, incordiar y airear los problemas endémicos del fútbol?

El balompié está imantado de relaciones históricas, políticas y sociales de relevancia. Hay decenas de relatos futbolísticos con los que explicar el contexto y la radiografía de un país. Concíbanlo como un elemento integrador, como un movimiento social – político, como un foco de ideales o en última instancia como un mero deporte, pero aliméntense de las particularidades que yo les describo y no de las minucias que rodean la industria futbolística.

Una amistad

He estado esperando durante mucho tiempo pero nada, no hay manera, que no cambian. El fútbol y yo hemos roto por culpa de los medios de comunicación. Y en este punto – a riesgo de ser demagogo- me planteo: será que a los clubes de fútbol no les va bien este silencio mediático. ..Pero bueno, que eso es otro historia.

Podría apartar la mirada cuando en el bar pongan a “Los Manolos”, ponerme la música cuando se hable de la nueva novia de Neymar o cuando se repasen los últimos cientos de tantos de “El Bicho”; podría limpiar mi Twitter y censurar a los aficionados víctimas del fanatismo. Quizás me toque a mi dar el primer paso, pero es que aislarme de todo eso es tan jodido. Una lástima, “con lo bonito que es el fútbol”, como dice el patrón. Ya está. Lo que tengo que hacer es ponerme un pantalón corto y salir a ensuciarme, como cuando chico. Ahí está la verdadera gracia después de todo. Y ahora, la clave: eliminar a los terceros o al menos, escogerlos mejor. Esa es la solución, seguro, y si no, desmiéntemelo.

Sebastián Rodríguez

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