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El cártel del film "El muerto y ser feliz".
El cártel del film "El muerto y ser feliz".

El muerto y ser feliz

Una crítica cinematográfica por Pol Mas de Xaxàs del film de Javier Rebollo.

El cártel del film "El muerto y ser feliz".

El cártel del film “El muerto y ser feliz”.

Un asesino a sueldo que no asesina y una chica que no es de película emprenden un extraño viaje a ningún lado. Así se nos presenta esta bizarra road movie dirigida por Javier Rebollo en sus primeros quince minutos. Un magnífico José Sacristán encarna a Santos, un asesino con cáncer al que le han dado pocos meses de vida. Éste, se cruza un día con Érika (Roxana Blanco), una mujer desamparada a la que poco le queda. Juntos deciden viajar en un coche de otra época hacia el norte, huyendo de lo poco que dejan atrás y sin querer encontrar nada en concreto.

Durante el transcurso de todo el film nos acompañan dos voces en off (el propio Javier Rebollo y su guionista Lola Mayo) que irán avanzando acontecimientos o remarcando los ya ocurridos. Van tejiendo el relato y acompañan las imágenes haciendo que el espectador se aleje de los personajes y los observe desde las alturas como si fuesen dioses. Y es que la fotografía de la película está plagada de planos largos y lejanos dejando en el espectador la misma sensación de vacío existencial que sufren los personajes. Un efecto de vacío falso dado que la voz en off otorga muchas capas, mucha acción, actores en constante movimiento siguiendo las directrices del narrador. Con este efecto, Rebollo da una relevante importancia a la palabra, algo poco visto en el cine comercial actual, donde la sucesión de imágenes a toda velocidad a hecho de la palabra algo casi nostálgico.

El comienzo del viaje nos puede recordar al inicio de Viaggio in Italia de Rossellini donde una pareja que ya no tiene nada en común se ve forzada a compartir un mismo espacio y cómo los sentimientos van surgiendo al ritmo que avanza el automóvil. El coche se convierte en fortaleza andante a medida que los dos personajes recorren los paisajes más desolados. Ese sentimiento de seguridad dentro del turismo hace clara referencia al cine de Kiarostami y al mismo sentimiento de seguridad que tienen los personajes de La vida continua cuando visitan la región devastada del Gilan. En el Muerto y ser feliz, sin embargo los personajes son más extremos, Santos tiene la morfina como vía de evasión, una compañera de viaje que se convierte en un retrato femenino del propio Santos y un pasado que se va dibujando a través de diálogos sutiles.

Como buena road movie, el paisaje, en este caso una árida e inmensa Argentina, es el tercer protagonista. Éste nos ofrece un sentimiento desolador, hijo de un pasado mal construido. Así nos lo va indicando la voz en off al referirse a los grandes hoteles con aspiraciones americanas ahora vacíos o la playa que quiso ser un balneario y hoy día es un lugar apocalíptico.

La película manifiesta también un humor negro potenciado por peculiares y erráticos personajes secundarios. Ahí tenemos el retrato de una Argentina distinta con las secuencias del balneario para perseguidos nazis o el inquietante lago con personajes sin sangre que Erika quiere visitar para rememorar un pasado al cual, obviamente, ya no pertenece. La familia de Erika, de talla tradicional que ellos visitan, acaba de dibujar a dos protagonistas abandonados por el mundo y que ya tan solo pertenecen a sí mismos.

El viaje es el viaje hacia la muerte de Santos que todos sabemos. Poco nos importa si el film la muestra o no. El personaje de José Sacristan no se puede cerrar con un plano, de la misma forma que la vida no se puede cerrar en una sola escena. Ésta, simplemente acaba.

Aquí tenéis el tráiler:

Pol Mas de Xaxàs

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