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El papel del Opus Dei en los Bancos de Alimentos

Un artículo de Cristina Barrial

En los últimos años los bancos de alimentos parecen haberse consolidado como la máxima expresión de la solidaridad en el Estado español. Una solidaridad muy cuestionable. Si nos paramos a analizar la estructura de los bancos de alimentos de las distintas provincias, veremos que hay un patrón que se repite. José Antonio Busto Villa, presidente de la FESBAL, José María Zarate, presidente del banco de alimentos de Valladolid, Carmen Aguirre, presidenta del banco de alimentos de Badajoz, y así hasta en seis ocasiones: nos encontramos con que distintos supernumerarios del Opus Dei acostumbran a ocupar cargos de presidencia en bancos de alimentos. Estas coincidencias no se reducen solamente al ámbito de la dirección, si no que el Opus Dei aprovecha su influencia en estas organizaciones no lucrativas para venderlas como un producto de la fe.

 También es común la presencia de personas vinculadas al Opus Dei en las cúpulas de las grandes empresas financieras y de distribución que colaboran con el Banco de Alimentos, cuyos cargos ejecutivos en muchas ocasiones han sido formados en la escuela del negocio del Opus Dei, la IESE. Estas grandes empresas suelen vender su colaboración con el Banco de Alimentos como puro altruismo, cuando en realidad se ven beneficiadas con las donaciones en muchos aspectos. Su imagen corporativa mejora considerablemente, los costes en la destrucción de excedentes se reducen a 0, al igual que los costes de distribución (por ser llevada a cabo la distribución por voluntarios).

 El interés principal de las entidades que colaboran radica en la desgravación de un 35% en el Impuesto de Sociedad que se consigue con las donaciones. Sin embargo, los beneficios directos se ven acompañados con beneficios indirectos. Aunque parezca evidente, se ha de tener en cuenta que cuando se apela a la donación de alimentos, se hace también a la compra de estos alimentos. Los alimentos “donados” en realidad son adquiridos por los solidarios ciudadanos en estas grandes superficies donde son estratégicamente ubicados los puntos de recogida del Banco de Alimentos. Se produce así un incremento de sus cifras de negocio y beneficios, además de una disminución de las ventas del pequeño comercio.

Esa supuesta solidaridad, que no es más que caridad enmascarada, se ejerce de arriba abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder, bien dice Eduardo Galeano. Esa caridad narcotizante que no empodera a la clase trabajadora, sino que la sigue haciendo dependiente del sistema.

Fuente: El Jueves

Fuente: Manel Fontdevila

Redacció

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