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Nico Hülkenberg en el podio de las 24 Horas de Le Mans 2015. Fuente: Michelin.
Nico Hülkenberg en el podio de las 24 Horas de Le Mans 2015. Fuente: Michelin.

El retorno de la resistencia

Un artículo de Francisco Rosal

El Campeonato Mundial de Resistencia (WEC, por sus siglas en inglés) es actualmente el segundo campeonato de automóviles en circuito más importante, solo por detrás de la Formula 1. Sus coches enamoran a los aficionados y su reglamentación favorece la competencia deportiva más que la mecánica.

Es un campeonato muy diverso, en el que hay acción en cualquier parte del trazado gracias a la igualdad y a la cantidad de coches en pista. Se compone de cuatro categorías: 3 para pilotos profesionales y una para pilotos amateurs, que corren al mismo tiempo. Algo parecido a que las tres categorías del mundial de motociclismo corrieran a la vez.

El reglamento del WEC es una de sus virtudes, especialmente en la categoría de mayor nivel, la LeMansPrototype 1 (LMP1). Sin duda desarrollar un vehículo de estas características es costoso, así que permiten a los fabricantes elegir la configuración del coche: ¿Gasolina o diesel? ¿Tracción trasera o tracción a las cuatro ruedas? ¿Baterías o volante de inercia?

Esta variedad permite a cada constructor investigar y desarrollar los prototipos a su gusto en consonancia con su visión empresarial del sector y con la imagen con la que pretende ser visto, a fin de cuentas las marcas compiten para que haya un retorno en sus ventas. Pero hay algo más que imagen en esta competencia. La comentada flexibilidad reglamentaria estimula el desarrollo y esta es sin duda la baza fuerte del campeonato, es aquí donde nacen los sistemas de seguridad y de propulsión combinada que llegan a las calles.

Cada vez más el campeonato atrae a pilotos con solera F1. Un ejemplo de ello es Mark Webber, que ha competido toda la temporada con el equipo Porsche y se ha coronado campeón del mundial junto con BrendonHartley y Timo Bernhard. Mención especial para Nico Hülkenberg, que se coronó campeón de las 24 horas de Le Mans (la carrera fetiche de la resistencia) compaginando la temporada de Fórmula 1.

Sin duda un negocio redondo para las marcas que participan. Grandes marcas compitiendo por la supremacía en un campeonato con fuerte competitividad, pilotos de renombre que atraen la atención de la afición, una de las tres mejores carreras del mundo etc. No obstante, desafortunadamente, lo que Le Mans te da, Le Mans te quita. Y es que cuando llega el campeonato a la Sarthe todos los focos se centran en el mítico circuito, pero cuando lo abandona el campeonato queda decidido ya que la carrera vale el doble y la atención de la afición y de las marcas se desvanece como el aceite en la sepiolita.

La crisis institucional que vive la Fórmula 1 le ha dado un empujón al WEC que si este no sabe aprovechar perderá una oportunidad de oro. Pero el poder que ejerce la ronda de Le Mans en el campeonato es benigno y maligno a la vez. Sin duda el equilibrio que vive el campeonato desde su refundación en 2010 ha sido muy beneficioso. ¿Conseguirán promotor, federación y constructores ponerse de acuerdo para mejorar el campeonato? Quizá haya miedo a volver a la oscura década de los 2000. Si funciona, no lo toques.

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