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Südtribüne, uno de los fondos más fieles a su equipo. Fuente: schwatzgelb.de
Südtribüne, uno de los fondos más fieles a su equipo. Fuente: schwatzgelb.de

Entre los tabiques de la Muralla Amarilla

Un artículo de Jordi Carné

Cuando se antepone a un espectador sentado en el diván de su morada antes que alentando a su cuadrilla en el graderío del estadio, se puede contemplar, con o sin perplejidad, la culminación del proceso de prostitución que está viviendo el fútbol moderno. El fin de las gradas de pie y el ínfimo porcentaje de asistencia en muchos campos atestiguan la venta del deporte rey al mejor postor, abandonando los viejos valores que lo vieron nacer y lo hicieron grande, y convirtiendo los asientos de los estadios en butacas y el terreno de juego en un escenario en el que se representa una función teatral ante el sigilo de su público.

Esta adversidad se puede arrostrar de muchos procederes, siendo el de la sumisión-aceptación (también denominado “es lo que hay”) el más empleado, sobretodo en España e Italia. Los adeptos alemanes e ingleses –en su generalización–, en cambio, prefieren optar por el amor verdadero al club, la fidelidad y la frenética contienda de no perder aquello que les concierna; prefieren inclinarse, al final, por el Echte Liebe que consigna a los seguidores del Borussia Dortmund, su 99,67% de asistencia media al Westfalenstadion y, en concreto, a las 25.000 almas que habitan la Südtribüne partido tras partido.

También vaticinada como La Muralla Amarilla, la Südtribüne se trata del fondo más grande y vertical de Europa. Situado en Renania del Norte, el Westfalenstadion –ahora renombrado como Signal Iduna Park por razones mercantilistas– inició a principios de la década de los noventa la permuta por la cual las aficiones alemanas pasaron a ser modélicas y ejemplares para todo el mundo. Gracias a la presión y fuerza de sus hinchas, y para preservar la identidad popular y obrera del club, el Borussia de Dortmund consiguió una exención a la normativa de la UEFA que tenía como objeto erradicar las gradas de pie de los estadios (y que aún hoy en día custodia en los compromisos de competición nacional, aunque no en los de ámbito internacional). “El balompié vivido por y para el pueblo” lo profetizó el periodista alemán y fanático del Borussia Uli Hesse. La Südtribüne no venció la guerra, pero sí la batalla contra las lógicas económicas que ambicionaban imperarlo.

Esta hazaña, que puede parecer anecdótica, permitió al club alemán erigir un fondo que –mediante su verticalidad y el gran número de individuos que lo forman y lo revitalizan con sus cánticos, tifos, mosaicos y bufandas– lleva en volandas a los once jugadores del equipo sobre el terreno de juego y, como no podría ser de otra manera, impacta (e incluso atemoriza) a todos los equipos que visitan el prodigioso templo del Dortmund. Allí se puede advertir fidelidad, frenesí, sentimiento y se puede ver un partido con insania, alegría y desconsuelo. Allí se puede vivir, valga el incesante romanticismo, fútbol de verdad.

En las buenas, en las malas, en las duras y en las maduras. Los aficionados del Borussia Dortmund demostraron lo sencillo que es apoyar a un equipo en la consecución de sus 17 campeonatos nacionales (8 Bundesligas, 3 copas de Alemania y 6 Supercopas de Alemania) y en su gran logro a nivel continental, la Liga de Campeones de la temporada 1996-1997, en la que se impuso por tres goles a uno a la Juventus de Turín. Pero también revelaron en 2005 que no es tan difícil hacerlo cuando las cosas van mal dadas, acontecimiento por el cual el Muro Amarillo se convirtió en la última moda del fútbol internacional.

Precisamente desde la conquista de Europa en 1997 el Borussia Dortmund se empezó a caracterizar por tener una funesta gestión y pérdidas millonarias provocadas principalmente por la confección de fichajes a golpe de talonario –a los que algunos simpatizantes mostraron su desilusión por la inocuidad del juego moderno–. Las acciones del Borussia en la bolsa de Frankfurt cayeron un 80% y la deuda casi alcanzaba los 200 millones de euros. Ante tal situación los dirigentes del club de Renania ya habían llegado a un acuerdo con la sociedad de inversores Molsiris para vender al Westfalenstadion y culminar con una bancarrota que acabaría con el legendario club alemán. Entonces, y después de la dimisión del anterior presidente, Hans-Joachim Watze evitó, mediante un perfecto plan de saneamiento y con la ayuda y el apoyo de muchos fans que se movilizaron fuertemente, la desaparición del club. Además, parte de los socios se instauraron para comprar los bonos de su equipo por lo que, hoy en día, gran parte del accionariado pertenece a ellos.

Por si ese suceso ya era novelero, nadie se podía imaginar que los Black & Yellows vivirían tras ese negro episodio su época dorada en cuanto al futbol se refiere. Si el club se hubiera disuelto, la Südtribüne no podría haber gozado de las locuras de Jürgen Klopp en el área técnica; el Muro Amarillo no podría haber visto a Reus, Lewandowski, Mario Gotze y Iklay Gündogan, entre muchos otros, apisonando a equipos como el Real Madrid o el Bayern de Múnich (sí, el mismo equipo que durante su etapa crítica le prestó dos millones de euros). Si Watze no hubiera logrado lo que en su momento pareció un milagro, el Borussia se hubiera ahorrado las lágrimas de la final de Champions perdida, pero también el éxtasis que vivió durante el camino que lo llevó hasta ella.

Aunque recientemente las cosas no van tan bien a nivel deportivo, en el Borussia nada ha cambiado. El Westfalenstadion sigue teniendo el porcentaje más alto de asistencia, la Südtribüne escolta ciegamente a su equipo y el club continúa escribiendo su historia. Un relato que tiene a sus aficionados como protagonistas principales y a la fidelidad como único guion; una biografía que, aunque no esté tan repleta de títulos como la de otros clubes, merece ser tenida en consideración por su perseverante lucha en contra de la moderna mercantilización del fútbol.

 

Jordi Carné Sempere
Estudiant de periodisme a la UAB i àrbitre a la FCF. Flautista i amant de tot allò que es pot arribar a transmetre amb la música i la resta d’arts. Interessat en l'esport en general, però sobretot en el futbol, nacional i internacional.

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