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Francisco Nicolás junto al expresidente Aznar en una conferència de la FAES. Fuente: www.elconfidencialdigital.com

El pequeño Nicolás

Una columna de Lluís Elías

Una de las noticias más curiosas de esta semana ha sido el descubrimiento de las múltiples identidades del pequeño Nicolás. Un joven de 20 años que logró engañar al sistema e ingeniárselas para codearse con las altas esferas y poder sacar tajada. Francisco Nicolás se hizo pasar por asesor de la Vicepresidencia del Gobierno y así conseguir 25.000 euros negociando la venta de un inmueble usando presuntamente tráfico de influencias.

Francisco Nicolás, el joven crack de la estafa, lo tenía todo orquestado, cuidaba al detalle sus falsas identidades. El joven accedía a los eventos en coches oficiales e incluso llegó a ir escoltado  por un policía municipal. Según informa la agencia EFE, en el registro de su domicilio fueron intervenidos dosieres elaborados bajo la apariencia de oficialidad, dos autorizaciones falsas para vehículos del Palacio de la Moncloa y placas de la Guardia Civil y de la Policía Municipal.

Los medios se apresuraron en humanizar la historia del pequeño Nicolás tratando la noticia como mera anécdota. Como si de una chiquillada se tratara, en las tertulias de televisión, en su intento de quitarle hierro al asunto, han ido comentando la noticia entre carcajadas, destacando las habilidades del pequeño Nicolás para engañar el sistema. Ante la opinión pública se ha forjado su imagen como el joven crack de la estafa, o el puto amo como apuntan muchos jóvenes en Twitter, sin desmerecer sus nobles artes por los negocios, de momento el pequeño Nicolás está en libertad provisional sin fianza y a disposición judicial como presunto autor de delitos de falsedad documental, estafa y usurpación de funciones públicas.

Sin embargo, no todos los jóvenes corren la misma suerte. Alfon, un joven de Vallecas harto del sistema, pasó 56 días en prisión después de la huelga general del 14 de noviembre de 2012. Pero para los medios Alfon no era más que un radical antisistema – entendiéndolo de forma peyorativa- sin cuestionar si quiera su ingreso en prisión ya que debía pagar por sus actos. Con la historia de Alfon no sonaban carcajadas en los platós, y sin duda, tampoco era la historia de un joven talentoso con traje y corbata con un don para los negocios. Además el joven Alfon no se rodeaba con las altas esferas de este país, esa elite modélica y ejemplar, si no que era un joven nacido en un “barrio marginal” y con consciencia de clase.

Pero el pequeño Nicolás no siempre será joven, crecerá, y dejará de ser el joven crack de los negocios para pasar a ser el Miguel Blesa o Rodrigo Rato de turno. Entonces ya no sonaran carcajadas en los platós, los tertulianos vestirán sus principales argumentos con ciertas capas de indignación, como si todo les viniera de nuevo, sin darse cuenta que fueron los primeros en reírle las gracias al pequeño Nicolás.

Lluís Elias

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