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Cartel de la película "Nacido en Gaza" - 20minutos.es
Cartel de la película "Nacido en Gaza" - 20minutos.es

Haber o no haber nacido en Gaza

Era 2 de julio de 2014 cuando la portada del diario La Razón se clavaba como un cuchillo afilado en mi pupila. “España, con Israel. Conmoción en el entierro de los tres jóvenes asesinados por Hamás” podía leerse como título. Toda la página iba acompañada de una gran imagen de banderas israelíes y una española en medio. Nosotros, los buenos.

Mismo diario el 17 de julio. “Verdugos de su pueblo” como titular. Mueren cuatro menores palestinos en un ataque israelí que tenía como objetivo un miembro de Hamas. La organización se infiltra entre la población civil e impide su evacuación, subtitula. Ellos, los malos.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero el tratamiento veraz de la información brilla por su ausencia. Te obliga a preguntarte cómo de valiosa es la muerte de una persona en función de qué Estado tenga detrás o de qué religión profese.

Naftali Frenkel y Gilad Shaer de 16 años y Eyal Yifraj de 19 fueron secuestrados y asesinados supuestamente por miembros de las Brigadas de los Azzadin Al Qassam, relacionadas con Hamas. Estas tres muertes fueron para Israel la excusa perfecta para empezar el mayor despliegue militar israelí desde la Segunda Intifada. Y también la mejor excusa para los medios occidentales de justificar la respuesta israelí. El 29 de junio comenzó la operación “Volved Hermanos” para encontrar a los jóvenes desaparecidos y erradicar Hamas. El 8 de julio empezaba la operación Borde Protector también en la Franja de Gaza para, teóricamente, mantener el orden y erradicar la formación palestina. El gran intento del ejército del gobierno de Netanyahu dejó 507 muertos y 3598 heridos. Y entre estos fallecidos se encuentran los “verdugos de su pueblo” de los que habla La Razón.

Hernan Zin, en su documental Nacido en Gaza, tomando la justicia como aliada, narra a través de la voz de 10 niños en qué consistieron realmente las dos “operaciones israelíes” de este verano. Una obra que podría ser empleada como prueba en un Tribunal de Justicia para condenar las atrocidades del ejército israelí contra la población palestina.

“Todos los días le digo a mi madre que quiero morir. Nosotros vivimos una vida de mierda. ¿Por qué no podemos tener la vida de cualquier otro niño del mundo? No queremos sentir miedo. Si nos hacen esto siendo niños, ¿qué nos harán cuando seamos mayores?” Estas son las palabras de Motasem y Hamada, dos de los ocho niños que jugaban en la playa cuando las tropas israelíes les bombardearon. Restos de metralla en su cuerpo, daños físicos incurables y trastornos psicológicos graves que nadie les está ayudando a superar. Sus primos Mohamed, Imail, Ahed y Zakariya no corrieron la misma suerte; están todos muertos.

Cuando Olmo Figueredo, el coproductor del film, afirma que “duele ver la película” no se equivoca. Remueve entrañas y provoca lágrimas de impotencia ver cómo los niños sufren las consecuencias de haber nacido donde han nacido y de la avaricia y abuso de autoridad del gobierno sionista. Un gobierno que crea la peor de las resistencias contra sus actuaciones, las impulsadas por la venganza y el odio. No suena extraño oír de boca de alguno de los protagonistas su deseo de formar parte de la resistencia armada para vengar lo que le han hecho a sus familias. El director del documental y periodista ha afirmado que pretende mostrar una visión poética de la guerra, reivindicarla para acabar con ella. De momento, consigue que toda la sala de cine enmudezca con cada fotograma.

Alex Puig Ros
Barcelona, 1994. Interessat en l'art i la cultura urbana, en la passió per conèixer i viatjar i en el món del fotoperiodisme. Apassionat del parapent i dels esports de risc. Redactor i fotògraf a LaColumna.cat.

Un comentari

  1. Gràcies per la recomanació. Miraré de trobar la manera de veure el documental que ressenyes.

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