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Escena de la película de Ray Charles, invidente y que aprendió a tocar el piano de oído, totalmente ajeno a la teoría musical. Fuente: El Séptimo Arte.

Hay quien dice que la música no es para todos

Un artículo de Andrea Bescós

Imagino a François-Joël Thiollier (París, 1943) sentado en la banqueta de cuero negro, frente a un piano Borgato interpretando todo el repertorio de Bach. El escenario es de madera de abeto y lleva ya tres piezas clásicas con un foco potente iluminándole que hace difícil ver las caras del público desde ahí arriba. Lo imagino con sus posibles y múltiples manías, como estar colocado demasiado cerca o demasiado lejos del piano o como cortarse las uñas antes de tocar en un concierto las melodías que habrá practicado hasta la saciedad desde los cinco años. Thiollier toca sin partitura. Thiollier está considerado como uno de los intérpretes más virtuosos del mundo, actualmente. Contada esta breve biografía, y sin paños calientes, Thiollier es un elitista. Y lo digo sin el mínimo miramiento.

Recuerdo una noche cuando me topé con una entrevista de la Revista Arcadia en la que el intérprete dejaba bien claro que “la música no es para todos, es un saber complicado”. Confieso que releí su respuesta un par de veces o, bueno, quizá alguna más. Y es que con sus declaraciones uno puede hacer un viaje al pasado. Recordemos que el sociólogo, filósofo y musicólogo, Theodoro Adorno (1903-1969), criticaba la transmisión de música por la radio –el único medio de la clase obrera para escuchar piezas musicales– porque rompía el aura del arte musical. A cada aportación del alemán, menos cercano de la clase proletaria. Un poco como Thiollier, en pocas palabras. El parisino se encargó también de criticar que “los jóvenes actualmente no tienen cultura musical”, lo que aporta que la curva de conocimiento musical esté en decrecimiento. No iría mal poner en duda esas afirmaciones y huir de caer en la indiferencia cuando se generalizan ciertos parámetros sociales y culturales.

Estaría bien recordar a Thiollier cómo empezaron algunos artistas a llenar salas y locales de conciertos con sus propias creaciones. Recordarle que Ray Charles empezó a tocar el piano sin teoría musical, de oído y ya totalmente ciego. O Prince, que a sus seis años y habiéndose marchado su padre, sólo tendría la opción de perderse en sus fiascos o aprender a tocar el piano. Por fortuna, decidió a pasarse horas y horas sacando de oído las canciones de sus series de televisión favoritas. Un poco a lo catarsis. A sus veinte años grabó For You, un disco en el que todos los instrumentos son tocados por él.

Y claro que le diría a Thiollier que es real la incultura musical que se palpa por las calles de cualquier ciudad. Porque no es tan raro preguntar a un grupo de adolescentes sobre un retrato de Kurt Cobain y que lo confundan con David Ghetta. Y de hecho, ha pasado. Pero también me encargaría de dejarle claro que seguro que ahora mismo, en cualquier parte del mundo, hay miles de jóvenes que, como Jimmi Hendrix, están sacando canciones de oído, componiendo y sin el menor prejuicio de la técnica para disfrutar de la música. A fin de cuentas, eso es lo único que importa.

Andrea Bescós
Convencida de que gracias a un pentagrama, a un cuadro, a los versos de cualquier poeta o a los fotogramas de una película, se puede salvar el mundo.

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