Inici / Les Columnes / Historias relegadas a la soledad
Fotgrafía de Alvaro Imbert
Fotgrafía de Alvaro Imbert

Historias relegadas a la soledad

Una columna de Melissa Corredor, Maria Camila Ardila, Cristina Garcia, Iris Rodríguez, Idoia Capuz, Adrià Font, Cristina Barrial, Marina Montaner, Raquel M. Martínez y Bea Del Corte

El machismo es una ideología en si misma, un conjunto de reglas, estructuras y comportamientos que sólo pueden ser combatidas desde el feminismo.

El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente.

Simone de Beauvoir

Marcela, de 23 años, sale de fiesta por Bogotá desde los 17. Normalmente no gasta dinero al salir porque los chicos siempre sienten la obligación de pagar el total de la cuenta. Ella se siente halagada. Está acostumbrada a pagar solamente cuando sale con sus amigas. Siempre, desde los 15 que comenzó a salir al cine con amigos y amigas, la ha traído y recogido un hombre: su padre, su hermano, un primo o un amigo. La llevan y la recogen de los sitios donde decide salir a bailar. Aunque no sea aún la madrugada, si va acompañada de un hombre, a criterio de su familia y a ojos de la sociedad colombiana, está menos expuesta a los peligros de la ciudad.

Sandra ha sentido como su madre y su padre la miraban con asco de arriba a abajo, y suspiraban, y le dedicaban un “tú no te arreglas porque no te quieres”, e incluso se ofrecían caritativamente a vestirla. Se deprimía pensando que había sido una imbécil toda la vida. Por haber acumulado duras disputas sin victorias, conflictos airados con su padre, con su madre, con sus parejas, con los hombres de la calle o con las mujeres. En esos momentos odiaba la feminidad.

Carmen se acuesta cada día con “¿hoy tampoco te apetece?” y se levanta cada mañana con “¿aún no me has hecho el desayuno?”. De vez en cuando, cada vez más a menudo, convive con una “regañina” que a él “se le va de las manos”. Últimamente anda deprimida. Además hace unos meses su mejor amiga María le contó que un compañero de su oficina la acosa en el trabajo, no le gusta como la mira y no deja de llamarla a altas horas de la madrugada. Ambas pidieron una orden de alejamiento y a ambas se la han denegado.

Adrián estaba en un piso de estudiantes con unos amigos hace pocos días. Estaban en el sofá del comedor charlando y de repente uno de ellos tuvo la idea de poner el video de una chica bailando “twerking”, con los consiguientes comentarios; básicamente sobre su culo y otras bromas que a él le parecieron machistas. Por presión social no dijo nada; ahora cree que fue un error.

Amancay Diana Sacayán. Flores amarillas, guerrera. Mujer trans que se nombró a sí misma. Escapó de las reglas del juego heteronormativo impuesto por aquellos que ostentan el poder de nombrar. Nunca quiso ser mito. Quienes dicen que se fue, no escucharon su sentencia: ahí, en la esquina donde, cuando cae la noche, aparecen ellas, las travas, los lumpen, ahí reside. Miren las esquinas. Argentina anochece cada día y brotan las semillas que sembró. Diana se niega a ser una cifra más. Pero fue, sin embargo, el tercer travesticidio del mes de octubre.

Desirée es prostituta. Cada noche, cuando la Rambla de Barcelona se llena de viandantes embriagados, intenta captar la atención de los hombres que la miran. Trabaja -o lo intenta – al lado de muchas mujeres que no son como ella. En sus ojos, Desiré puede ver que no quieren estar allí, porque no lo han escogido. Los peatones no captan la diferencia, la policía tampoco. La ordenanza de civismo mete a todas las trabajadoras sexuales en el mismo saco y las ahoga económicamente con multas y restricciones por ejercer su profesión.

 Julieta Paredes, activista feminista, aymara y boliviana, cree que así como existen muchas realidades hay muchos feminismos. Así define el que ella profesa: ‘‘La lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer en cualquier lugar del mundo, en cualquier época de la historia que se haya revelado ante el patriarcado que la oprime’’. También afirma que “No somos alumnas del occidental. Aquí, antes de 1492 también había un patriarcado. Nosotras nos inscribimos en las ancestrales luchas de las mujeres ante un patriarcado que nos oprimía y nos oprime.” Cree en un feminismo indígena, decolonial y comunitario.

Que lo que ayer fue silencio, hoy sea susurro y mañana grito. Atrevámonos a nombrarlo, para que comience a existir. Que quien alabó nuestra delicadeza tema nuestra fuerza. No es biológico servir. No, no lo es tampoco el instinto maternal. Soy la que ayer decidió abortar. Soy la madre soltera. La que ayer dijo no. Soy mujer empoderada.

Visibilizemos las violencias del patriarcado, haciendo de cada día un 25N. Señalemos a aquellos que las profesan y las legitiman convirtiéndolas en estructurales. Hagamos que las historias relegadas a la soledad nos hagan aprender juntas y luchemos, como feministas, colectivamente.

 

Idoia Capuz Sánchez
Estudiant de periodisme a la UAB, redactora de lacolumna.cat i apasionada de l'activisme social, en especial del feminisme. Artista quan puc i em deixen.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*