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Javier Argüello, entre realidad y ficción

Ettore Majorana, físico italiano, desaparece en marzo de 1938. Javier Argüello, escritor argentino, decide poner fin a su desaparición en marzo de 2015.

A propósito de Majorana (Literatura Random House, 2015) cuenta la historia de un físico desaparecido, o mejor dicho, que pareció haber desaparecido. Es junto a Ernesto Aguiar, el protagonista de la historia, como vamos descubriendo durante la novela este caso de desaparición tan particular. Y no sólo eso, con Ernesto podremos iniciar un viaje que todos hemos querido emprender en algún momento: la propia desaparición intencionada, una huida de la cotidianidad.

Después de leer y releer el libro, me cito con el escritor en la Plaza Real de Barcelona. Es verano, y los turistas llenan todas las terrazas del lugar, aunque aquí la época del año no importa, es Barcelona y estamos en el centro. Nos dirigimos hacia un pequeño bar en la calle Carabassa, y mientras tanto Argüello me regala algunos recuerdos de sus primeros años en Barcelona; se instaló en el Gòtic nada más llegar y ahí pasó sus primeros años moviéndose entre el centro de Barcelona (el Gótico, el Raval, Ribera Baja, etc.). “Tan solo 9 casas en mi primer año”, me cuenta.

Pide un agua de vichi y yo un café con hielo.

Publicó su primer libro en 2002, Siete cuentos imposibles (Lumen, 2002), y allí fue cuando su juego más divertido pasó a ser algo serio. Me cuenta que su inicio en el mundo como escritor no fue nada romántico. Aconsejado por una amiga suya, envió su conjunto de cuentos a un concurso, lo ganó, y así publicó Siete cuentos imposibles.

Fue después de la publicación de su primer libro cuando la escritura pasó de ser su juego íntimo, a ser algo compartido y al sentarse a escribir “ya no estás tú solo, al mismo tiempo que estás escribiendo es como si te dividieras en dos y uno estuviera pensado: ¿estará bien, estará a la altura de lo que esperas que hagas después de lo que hi(s)ciste la ve(s)z pasada? Y eso jode mucho.”

Fue este conflicto interior con el que se enfrentó el autor, y el que hizo que pasaran 6 años hasta que recuperara la espontaneidad de escribir por escribir publicando su segundo libro: El mar de todos los muertos (Lumen, 2008).

En este libro el protagonista actúa de manera más directa como alter ego del propio Argüello. El protagonista es un escritor que se retira a la casa de su editor en Mallorca para escribir una novela en la que está totalmente encallado. Siguiendo en la línea del autor, la historia se debate entre la ficción y la realidad, dejando varias veces al lector confuso por no saber en qué plano se encuentra y a la misma vez intrigado por saber si es real o no. Pero la propia historia acaba enseñando que no importa mucho que sea verdad o mentira, que las cosas realmente pasen o no. La cuestión es vivirlas, y cómo se viven.

Es en esta novela donde aparece por primera vez el nombre de Ernesto Aguiar, el cual toma para su tercer libro. En el Mar de todos los muertos, Ernesto Aguiar da vida a un personaje que el propio protagonista de la historia (Joaquín) ha inventado. Este acaba cobrando vida junto a su compañero de viaje: un marinero que le hará reconocer una verdad olvidada.

Le pregunto a Javier y me dice que no fue algo planeado, que quiso tomar por segunda vez este nombre. Es su propia sorpresa observar como estos dos personajes, de historias distintas, se entrelazan y sí que guardan una continuidad entre ellos. Una continuidad que solo leyendo a los dos personajes se puede apreciar.

Tampoco fue nada planeada lo de convertirse en escritor. Devoraba los libros desde niño (“mis padres se preocuparon, de hecho”), y a los once años empezó a escribir sus propios “cuentitos”: “Me fascinaba cómo poniendo las palabras adecuadas, una al lado de la otra, se podían provocar emo(s)ciones en las personas”.

Para Argüello, escribir “no es una cosa que hago, es lo que soy. Entiendo el mundo en términos de historias, de relatos que construyen realidades”.

Y en esta línea, después de sus dos primero libros, publicó el ensayo La Música del mundo (Galaxia Gutenberg, 2011) dónde cuenta cómo los relatos han ido elaborando la realidad en la que vivimos. Javier crea un viaje apasionante desde la antigua Grecia hasta días de hoy, y explica cómo la propia realidad no es nada más que historias que nos hemos ido contando. Empieza el libro con tres breves comienzos distintos de la historia: (1)como hijos de la biblia, (2)como occidentales que encuentran su cuna en la Gracia clásica y (3)como devotos del Big Bang y de la fe científica. Cosa que lleva a preguntarme a mí misma si hay realmente alguna que sea más válida que la otra.

Su manera de trabajar y escribir es metódica. Como cualquier buen escritor, pienso. Cuando está metido en un proyecto, se levanta muy temprano y así escribe desde las 6 de la mañana hasta el mediodía. ¿Escribe también cuando no está metido en ningún proyecto? Puede tener periodos largos, bastantes meses, sin escribir. “Hay escritores para los cuales la escritura es su esposa y para otros es su amante que viene a veces. Yo creo que estoy un poquito a mitad de camino”.

Javier estudió Ciencias de la Comunicación en Buenos Aires, y a parte de su profesión como escritor, también se ha dedicado a diferentes cosas. Tuvo varias experiencias en el mundo audiovisual como guionista y director. Ha trabajado también en el mundo de la publicidad. Y ha hecho varias aportaciones como freelancer al mundo periodístico con sus diarios de viajes.

En la escritura de Javier Argüello se aprecia una gran sinceridad con la que cuenta las cosas a través de los personajes, lo que hace poder intuir a una persona -un escritor-, detrás de un entramado fantástico de personajes, tramas y más tramas, y diferentes espacios. Es fiel a su estilo y a su propio “yo” como escritor. Al preguntarle por su estilo, considera por críticas que ha recibido que sus libros son muy cinematográficos. Lo que denota es un gran dominio en el momento de describir los espacios, los cuales producen unas imágenes muy claras y transportan al lector con gran facilidad a la atmósfera que el autor crea.

Creo que la trayectoria literaria de Javier Argüello es el claro ejemplo de lo que significa que la escritura forme parte de, e incluso constituya, la vida. Para él el hecho de escribir es algo inevitable, es “la manera de elaborar los imputs que recibo del mundo, reorganizarlos y devolverlos de una forma simbólica más acabada”.

Pienso que es muy importante que un libro sea una extensión más del propio autor, y aunque todos los libros deberían ser en parte de este modo, hay mucha confusión hoy en día al llamar a alguien buen escritor y a un libro buen libro. Yo, estudiante, aprendiz de casi todas las cosas aun, me atrevo a decir que Javier ha sabido canalizar muy bien las propias experiencias, confusiones, crisis y conflictos personales en historias que enseñan algo al lector, y, sobretodo, le hacen darle la vuelta, ni que sea un poquito, a su propio mundo. Nos hace ver que a veces importa bien poco qué es aquello que estamos viviendo si lo estamos viviendo, que no importa que sea de “verdad” (sí, así, con comillas) si realmente es. En definitiva todos sus libros pretenden responder una pregunta que él mismo se cuestiona y responde: ¿Cuál es el límite entre la realidad y la ficción? Muy sencillo: si tiene sentido es ficción, porque la realidad no lo tiene.

Núria Contreras
Estudiant d'Estudis Literaris.

Un comentari

  1. Dan ganas de leerlo!

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