Inici / Esports / La jugada de Ross Brawn
Rubens Barrichello y Ross Brawn alentando a Jenson Button. Fuente: DiabloMotor.
Rubens Barrichello y Ross Brawn alentando a Jenson Button. Fuente: DiabloMotor.

La jugada de Ross Brawn

Un artículo de Francisco Rosal

La temporada 2009 de Fórmula 1 marcó un punto de inflexión en la historia del deporte. La 60ª temporada del deporte otrora venerado por nobles y burgueses y ahora presidido por la profesionalidad y la exigencia nació con muchos cambios en todos los sentidos, cambios que dieron forma a la Fórmula 1 actual.

El cambio de tendencia es claro. Desde el 2009 ninguna escudería de las cuatro que se habían llevado todos los títulos de los últimos 20 años se ha hecho con el campeonato. Siete años pueden parecer pocos pero en Ferrari y McLaren no están acostumbrados a malas rachas tan largas, especialmente si el culpable no es su eterno rival.

Sin poder acometer un fichaje de relumbrón tras el rechazo de Fernando Alonso al proyecto, Honda decidió tankear en 2008. El término acuñado en la NBA para desperdiciar la presente temporada para afrontar la siguiente con mayores garantías fue el leitmotiv de los anglo japoneses.

Mientras Ferrari y McLaren peleaban por el último mundial de esa reglamentación, Honda trabajaba para el año venidero. El igualado campeonato obligó a las escuderías en contienda prolongar el desarrollo de sus actuales monturas, dejando en segundo plano el bólido de la siguiente campaña. El naufragio fue sonado al llegar a Melbourne para el primer gran premio del año.

En un 2008 dedicado a probar piezas de cara a un prometedor 2009, los resultados de Honda fueron desastrosos. El prestigio de los japoneses en el mundo del motor quedó especialmente manchado al quedar último en el campeonato de escuderías. La falta de resultados en conjunción con la mala orilla que se avecinaba en el mercado del automóvil hizo que desde Japón se diera carpetazo a la tercera aventura formulera de Honda.

Honda quería deshacerse del equipo cuanto antes, y Brawn y Nick Fry (director técnico) ejercieron de comerciales resaltando las bondades del monoplaza que tenían en el túnel del viento, con el afán de salvar sus empleos y los de los trabajadores de la factoría de Brackley. Sin comprador y con los plazos de inscripción al campeonato a la vuelta de la esquina, Honda le vendió a Brawn el equipo por una libra.

Tras firmar el contrato de suministro de motores con Mercedes, solo pudieron rodar en los últimos tests de pretemporada, donde dejaron buenas sensaciones a la espera de lo que pasara en Australia: la primera carrera del campeonato, la primera carrera de la nueva generación.

Allí deslumbraron a la F1 con un doblete ejecutado con maestría desde la pista y desde el garaje. Brawn sabía que tenían un buen monoplaza pero en su plan había una laguna, la financiación. Planteó la temporada como un sprint en el que al final del año solo les quedaría resistir ya que no había dinero para desarrollar el coche.

El mejor rendimiento de Button en las dos primeras pruebas hizo que se le aupara a piloto número uno, dejando en segundo término a Rubinho de nuevo; idéntica situación a la que vivió el brasileño en Ferrari, a la sombra de Michael Schumacher en un equipo dirigido también por Brawn.

La opinión pública, recordando las vergonzosas órdenes de equipo en Ferrari, se le echó encima. Aunque fuese el brasileño el que salvó el campeonato de constructores, la decisión fue la mejor para maximizar el rendimiento en una temporada donde el término desarrollo sólo se utilizaba para paliar fallos de fiabilidad debido a la escasez presupuestaria.

¿Cómo es posible que un proyecto con unos cimientos tan inestables pudiera triunfar? Gracias a lo vago que era el reglamento y  lo avispados que fueron en Honda para interpretarlo. Subsanaron la pérdida de agarre aerodinámico que marcaba la nueva reglamentación con la pieza clave de ese año y sucesivos. Optimizaron al detalle el difusor, creando uno a doble altura que dio la campanada en ese mundial.

Desde luego no fueron los únicos que vieron la laguna en el reglamento y la aprovecharon. También en Toyota trabajaron en ese sentido, pero igual que Honda, los ejecutivos japoneses mandaron plegar velas a los ingenieros de Colonia. Los otros que también lo vieron claro, como podrán imaginar, fueron los ingenieros a cargo de Adrian Newey en Red Bull Racing, subcampeones aquel año.

Tal como predijo Brawn al inicio de la temporada, tuvieron un inicio demoledor ganando 6 de las 7 primeras pruebas del campeonato, todas ellas a manos de Jenson Button -campeón a la postre- entre las que destacan: la primera en Australia por inesperada, la de Malasia, por lo inclemente del clima y el momento helado de KimiRaikkonen y la de Mónaco, por prestigio y confirmación de la buena mano que jugaban los de Brackley.

Con Toyota fuera y Brawn sin continuidad económica, el camino quedó libre para que Red Bull campeonara los 4 años sucesivos. Brawn vendió el equipo por más de 130 millones de euros, una jugada maestra para su bolsillo y también para Mercedes. De aquellos polvos, estos lodos, de coche ganador en 2009 a escudería avasallante en 2014 y 2015.

A toro pasado, queda claro que 2009 marca un antes y un después en la máxima categoría del automovilismo. Nadie en su momento imaginó que el último reglamento de Max Mosley al frente de la FIA sacudiría los cimientos de las escuderías históricas.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*