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Kiko Rivera haciendo de DJ. Fuente: ecoteuve.es

Kiko Rivera, familias hambrientas y cultura mancillada

Un artículo de Marc Álvarez

País de pandereta se queda corto para definir nuestra queridísima patria. Y es que a veces me replanteo esta afirmación y me digo “vamos, no será para tanto”. Sin embargo, ese sentimiento de optimismo es efímero. Y es que cada vez que vislumbro un poco de luz la tiniebla se abalanza sobre mí sin piedad.

Esta vez ha sucedido leyendo el caso del “DJ” Kiko Rivera y del municipio Medina del Campo. Aquí encontramos ya un poquito de oscuridad, y es que el simple hecho de llamar a este personajillo DJ me produce escalofríos. Que haya individuos que lo consideren un verdadero profesional ya es la canela en rama de lo insultante, y dice mucho de la cultura musical que nos rodea. El caso es que para las fiestas de la localidad leonesa la alcaldesa socialista Teresa López había destinado 11.000 euros para la actuación del hijo de Isabel Pantoja, dejando sólo 6.000 euros a las familias sin recursos. Aquí podemos apreciar el nefasto resultado de la conjunción de la política y la música española. Y es que la misma piedra estará ahí para que se tropiece con ella una y otra vez, y ni se aparte ni la aparten.

Bien es sabido que estas fusiones, al igual que las segundas partes, nunca fueron buenas. Y sino recuerden la polémica amistad PP-Pignoise de la que florecieron una cantidad ingente de críticas y burlas sin duda merecidas. Ese turbio episodio me marcó fuertemente, y es que ver a lo peor que ha dado el pop español en años haciéndose pasar por alternativos y punks sin gracia durante tanto tiempo, tocando para la cúpula y las juventudes del PP vasco en un denigrante intento de la derecha por “modernizarse”, se grabó en mi memoria como si de hierro candente se tratara. Ni siquiera al gran Joaquín Sabina le salió bien la jugada cuando cedió a Ciutadans una de sus letras, que sería utilizada como instrumento demagógico en la campaña electoral de 2012.

Sigo, que me desvío del tema. Como era de esperar, el caso primeramente criticado ha provocado la indignación de los ciudadanos de Medina del Campo, que se han movilizado y han pedido por change.org que el Ayuntamiento no financie con dinero público tal  espectáculo-aberración . Y lo han conseguido. Con el apoyo de más de 7000 buenas almas se ha llegado al número de firmas necesario para que la institución –intentando no quedar peor– lo cancele y para que “el dinero destinado a cultura musical se gaste de una manera racional y consensuada”.

Parece que no todo está perdido, tal y como lo pintaba el apocalíptico inicio del texto. Sin embargo, si en vez de Paquirrín se contrata a un músico o grupo no tan polémico con el mismo presupuesto seguiré entendiendo esta acción como injusta e ilícita. Incuso en este hipotético caso los números no salen. Y los derechos fundamentales de los habitantes van primero. Lo que más me toca la moral, hablando fina y respetuosamente, es que a esa primera actuación política culpable de tanta controversia, totalmente irrespetuosa y motivo de clara dimisión o expulsión en una democracia real no existente, se suma el hecho de que se haya ido a escoger a una persona, reitero, a la que no se debería llamar músico. Y menos relacionarla con la cultura, ya que mientras más lejos se mantenga de ésta menos mancillada y violada será. Y es que al igual que las familias sin recursos que el Estado acoge pero no ayuda, ya ha sufrido bastante humillación.

Kiko Rivera haciendo de DJ. Fuente: ecoteuve.es

Kiko Rivera haciendo de DJ. Fuente: ecoteuve.es

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

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