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La escultura “El Beso de la Muerte” atribuida al escultor J.Barba.
La escultura “El Beso de la Muerte” atribuida al escultor J.Barba.

La Dama de Negro

Un text literari de Marc Álvarez

Soberanamente bella, deslumbrantemente hermosa, la mira en su imaginación, pues todavía es inalcanzable. Fascinación, miedo, repulsión y admiración, todo se mezcla en ese cóctel explosivo de pensamientos enmarañados. Telaraña de irracionalidades animadas por el alcohol y el efímero humo de su canuto. Cree sentirla, cree tenerla cerca, pero nunca ha podido estar más equivocado.

Es una relación a distancia que se acorta con el tiempo, pero aún faltan demasiados inviernos para que se dé el encuentro. Ella, de momento, tiene a otros pretendientes. Amores de una noche que no vuelven a saber nada de la dama de negro. Un negro más oscuro que el carbón, y más atrayente que el poder en su forma más lúcida y reconocible.

Sus ojos son dos faros apagados, pues nunca ha habido luz en ellos. Dicen que una simple mirada puede dejarte helado para siempre. Dicen que despojada de sus prendas pierde tamaño, pero no presencia. Dicen que sus labios son eternos, pues una vez que los rozas te quedas para siempre a su servicio, atado a unas cadenas intangibles que te convierten en el más fiel de los esclavos.

Y sin ser puta, ha sido la que más amantes ha tenido a lo largo de los siglos. Faraones, emperadores, reyes, campesinos, poetas, músicos, hombres y mujeres, niños y niñas, negros y blancos… Todos han caído a sus pies, algunos más pronto que tarde. Ha habido periodos breves en los que se podían contar en miles, e incluso en millones, los infortunados que desaparecieron para satisfacerla.

Ella no se agobia, nunca. No siente pena, ni tampoco gloria. En definitiva, son sólo negocios, es sólo trabajo. Bendito contraste la frivolidad del oficio con lo que ella es, y representa. Se han cometido barbaries y atrocidades sólo por no caer en sus garras. Muchos han traicionado o se han escondido, pero tarde o temprano han sido encontrados. Y es que en esta vida la única certeza que se tiene es que te acabará hallando. Da igual donde estés o las trampas que le pongas, su gélido abrazo te envolverá algún día.

Puede que no sea justa, pero esa potestad no le pertenece. Nos pertenece a nosotros, los hombres, las criaturas más injustas del planeta. Los que matamos por placer propio, los que asesinamos por ordenes basadas en intereses personales o instauradas por pequeños colectivos elitistas. Somos capaces de quitar vidas inocentes por mejorar la nuestra. ¿Acaso mejora con más riqueza o poder o tierras o petróleo, teniendo en mente las perturbadas imágenes de nuestras victimas? Para algunos sí. Otros no han podido elegir, no han tenido más remedio. Los niños y niñas soldado son un desgarrador ejemplo.

Quizá la manera de acabar con la plaga responsable de tantos actos infames cometidos a lo largo de la historia sea explotando al máximo la hipocresía de los que los critican, y atentando contra la vida de los que desprecian las demás.

¿El nombre de ella? Eso ya no importa, pues aunque no tenga poder de decisión, la muerte nos conoce a todos.

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

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