Inici / Les Columnes / La desmemoria histórica de Netanyahu
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en una fotografía de Diario Uchile.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en una fotografía de Diario Uchile.

La desmemoria histórica de Netanyahu

Una columna de David Castelló 

Llego tarde, como siempre. Pero mejor llegar tarde que mal y con la espalda cargada de muertos, como lo suele hacer Benjamín Netanyahu. Este hombre de convicciones morales nulas es el actual líder del Likud, el partido de la derecha liberal y conservadora de Israel, y el primer Ministro del país judío. Se incorporó a las Fuerzas de Defensa de Israel durante la guerra de los Seis Días en 1967 para acabar convirtiéndose en líder de una de las unidades de las fuerzas especiales de élite Sayeret Matkal. Probó con la guerra, eso de jugar con la distopía de la vida a la muerte, y le complació. Participó, entonces, en varios conflictos y episodios como la operación Infierno, la guerra de Desgaste o la de Yom Kippur.

Agotada la munición, estudió en Estados Unidos para volver a su tierra, la prometida. La perfecta metamorfosis de soldado a hombre de institución. Mismo (des)corazón, pero con distinto envoltorio. En 1978 fundó el Instituto Antiterrorista Yonatan Netanyahu, en honor a su hermano, y empezó su carrera hacia el limbo político israelí. Sirvió como embajador de Israel ante las Naciones Unidas, ganó las elecciones de 1996 para ser el primer ministro más precoz de la historia de Israel, ocupó el cargo de ministro de Relaciones Exteriores y de Finanzas en los gobiernos de Ariel Sharon y volvió a ser elegido hasta en tres ocasiones más como máximo mandatario del país. De hecho, en 2015 ha igualado la figura del teórico fundador de Israel, David Ben-Gurión, como persona reelegida más veces en ese cargo esencial.

A lo que íbamos, que los currículums se hacen un tanto pesados, pero muy necesarios. Resulta que aparece este tipo con el pelo blanco y las manos rojo chillón, del que esconde gritos, para volver a torcerlo todo, si cabe, un poco más –siempre hacia la derecha-. Netanyahu, defensor a ultranza de la operación militar israelí del pasado verano en Gaza –Margen Protector- que mató más de 2.192 palestinos y causó daños humanos y en viviendas e infraestructuras de una magnitud desproporcionada, ha hecho aflorar de nuevo su odio eterno hacia el pueblo árabe.

El primer ministro israelí se ha entrometido en las páginas de la historia para destripar hechos incuestionables e inolvidables (por su horror). “Hitler no quería exterminar a los judíos en ese momento, quería expulsar a los judíos”, afirmó Netanyahu. Algo así como negar la voluntad del nazismo de aniquilarles. Pero no acaba aquí la polémica, la desmemoria y la manifiesta alteración histórica. El sionista prosigue: “Haj Amin al -Husseini fue a Hitler y le dijo: ‘Si los expulsas vendrán todos aquí’. ¿Qué debo hacer entonces con ellos? Preguntó (Hitler). Le contestó (Husseini): ‘Quémalos’”.

Y aquí es cuando uno se da cuenta que el primer ministro de Israel está dispuesto a eximir a uno de los criminales de guerra más sangrientos de la historia humana, Adolf Hitler, de seis millones de muertes con la única intención de cargar las culpas sobre las espaldas de una figura árabe. Y se te escapa, al menos a mí, cómo alguien puede atreverse a desafiar el consenso histórico –reto al que únicamente se enfrentan los revisionistas o negacionistas- sobre un hecho tan remarcable. ¿Cómo alguien que preside una de las potencias armamentísticas mundiales –suponemos que un asesino inteligente- ignora que cuando se produjo tal entrevista (1941) el Holocausto ya había empezado, que en Mein Kampf Hitler utiliza la palabra Vernichtung (exterminio) para referirse a los judíos y que una de las voluntades del nazismo era la aniquilación de este pueblo? ¿Cómo alguien niega la historia?

Netanyahu debe padecer de manipulismo crónico y ceguera histórica. Quizá es eso lo que le ha hecho llegar al punto crítico de exculpar, en cierta medida, la figura esencial del nazismo. En sus palabras, que incluso han recibido críticas internas del partido, también denota una clara estrategia política (frustrada) para atacar al pueblo palestino. Siempre aparece Palestina en el horizonte de Netanyahu. Puestos a pedir podría dejar a un lado este oportunista revisionismo histórico y hablar de las consecuencias de sus actos.

Hablemos del bloqueo, de la desposesión de la vida y de la tierra, de los check points, de los muros de la vergüenza y el crimen, de la impunidad, de la resistencia como única opción, del dios inexistente, de las playas sin pescadores, del odio intrínseco, de los olivos rotos de los que habla Teresa Aranguren, de la ocupación y de la lluvia de bombas. Hablemos también de las aves de guerra sobrevolando el cielo, de la manipulación mediática, del falso mito que entiende que ser antisionista es comprar el discurso del antisemitismo. No olvidemos mencionar el “tested in combat” que convierte en cómplice todo aquel que compre armas a Israel, las prisiones a cielo descubierto, el Estado militar, las piedras, la necesidad del periodismo punzante de Oriana Fallaci –que hizo una entrevista histórica a Ariel Sharon–, los poemas escondidos bajo las piedras de Mahmud Darwish y a los sin nombre.

El radicalismo y el sionismo de Netanyahu han vuelto a traspasar una peligrosa línea. Se ha quitado el disfraz que los medios no dudan en colocarle para ponerse, de nuevo, en evidencia. Pensándolo bien, nos ha hecho un gran favor. Que siga perdiéndose en su particular baile de palabras, pero que cese el terror.

David Castelló García
Estudiant de periodisme a la UAB. La utopia a l’horitzó i els versos al carrer. Fills de l’oblit, la paraula i les persones. Interessat en història contemporània, moviments socials i cultura.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*