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Autorretrato de Cristina Nuñez. Fuente: organiconcrete.com

La experiencia del autorretrato

Un artículo de Ester Roig

“Fui heroinómana desde los 15 hasta los 20 años, también me prostituí en alguna ocasión. Sufría problemas de autoestima y para relacionarme con los demás. Puse fin a mi adicción empezando una psicoterapia e ingresé en algunos centros de rehabilitación. Pocos años después conocí a un fotógrafo italiano, nos enamoramos, y me fui a Milán con él. Veía como trabajaba con la cámara para capturar los caracteres de las personas que tenía delante del objetivo y vi el potencial de ese instrumento… Cuando me separé caí en una depresión y empecé a autorretratarme. Era 1988.”

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Autorretrato de Cristina NuñezFuente: El País Cultura

Y así fue como la fotógrafa Cristina Nuñez (1962, Figueres, Girona) empezó a utilizar las imágenes como una forma de auto-terapia. El autorretrato se convirtió, sin querer, en un método que logró dar a Cristina “la mirada profunda que necesitaba de los demás, solo que ella misma”, un importante paso hacia su independencia. Su historia se ha materializado en la obra Higher Self, una exposición itinerante que comprende una serie de fotos que forman una “línea de vida”, combinando autorretratos de la autora con imágenes de sus antepasados. Una serie que muestra la historia de una búsqueda personal, de un viaje a sus raíces y la propia identidad.

En sus fotos ella se muestra desnuda, transparente y sincera. Muestra su vulnerabilidad, se desprotege ante todos. Cuando Cristina descubrió los beneficios que el autorretrato conllevaba,  definió su método para poder compartirlo: ¿cómo conseguía este “reencuentro personal” a través de la fotografía?

El método del autorretrato

El doctor en psicología David Viñuales atribuye a la fotografía un gran poder terapéutico, además de narrativo, ya que ayuda a las personas a generar significados y proyectar emociones. También Carlos Canal, hematólogo y fotógrafo, utilizó la fotografía como herramienta arteterapéutica con sus pacientes de cáncer, gracias a la cual estos compartían el miedo a la enfermedad, el dolor y la muerte, convirtiéndose en una práctica común en el tratamiento de enfermedades que generan deterioro físico y psicológico, shock emocional, perdida de identidad y aislamiento.

Uno de los casos más ilustradores que cuenta Cristina es el de Salvatore, interno en un centro de enfermos terminales de SIDA, que cuando entró en el estudio se vació ante la cámara con un grito silencioso. Las imágenes que produjo reflejaban la desesperación que vivía Salvatore, lo invisible que era para una sociedad que no quería verle, pero de esta manera logra comunicárselo al mundo.

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Autorretrato de Salvatore, enfermo de SIDA. Fuente: El País Cultura

En el autorretrato adquirimos, al mismo tiempo, los roles de autor (el que fotografía), sujeto (el que es fotografiado) y espectador (el que observa la fotografía). La dinámica que se establece en entre los tres papeles desata un proceso creativo inconsciente de la persona. Cristina lo define así: “a todos nos gusta sentirnos creadores de algo bello, de arte. A la vez nos gusta sentirnos una parte de aquello creado, sentirnos lo suficientemente bellos como para convertirnos en eso: arte. Y por último, tener el mismo poder de un observador crítico, obtener un nuevo punto de vista”.

En un taller de autorretrato, Cristina hace escoger entre cuatro emociones: rabia, terror, euforia, desesperación. A solas,  delante de la cámara y con el disparador en la mano, la persona debe “actuar”, expresar la emoción elegida. Tras unas cinco fotografías aproximadamente, se procede a su observación: el espectador normalmente rechaza la imagen, no se reconoce. Ve un yo que no conocía, o que escondía. No le gusta su cara, su cuerpo. Pero poco a poco, a medida de que se mira, empieza a aceptarse, hasta a gustarse. Al final, el espectador aprecia esas fotos como una obra de arte.  El último paso es el de la interpretación, en el que Cristina aplica los métodos de análisis fotográfico, se dialoga en profundidad con la imagen y su multiplicidad de sentidos. Este es la fase del método en que se produce un mayor avance: autor, sujeto y espectador logra ver cosas que no reconocía en sí mismo. Objetiva el dolor y lo moldea para crear una obra con él. En definitiva, logra es expresar las emociones más difíciles, dejar al descubierto sus “defectos” para  desprenderse de aquellas etiquetas que se autoatribuye, para liberarnos de nuestros fantasmas.

 

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Fuente: oscarfvega.wordpress.com

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