Inici / Cultura / Cinema / La oscuridad
Escena de The Witch. Fuente: idigitaltimes
Escena de The Witch. Fuente: idigitaltimes

La oscuridad

Una crítica de Daniel Morente

Érase una vez, la historia de un hombre poseedor de extensos conocimientos, de vida cómoda, pero profundamente deprimido e insatisfecho, pues deseaba saber mucho más. Un día, después de intentar suicidarse, este hombre decide hacer un pacto con el demonio, a quien ofrece su alma a cambio de sabiduría y placer ilimitado. Este último acepta, sabiendo que, pasado un tiempo, el alma de ese pobre miserable será suya para siempre. A grandes rasgos, esta es la historia de Fausto, el protagonista de una leyenda clásica alemana, cuyos orígenes literarios datan de finales del siglo XVI, y que ha servido como fuente de inspiración para infinidad de trabajos artísticos posteriores, como es el caso de The Witch. La presencia del diablo en la literatura universal es una constante. Así como por ejemplo, en las obras de Nathaniel Hawthorne, célebre escritor estadounidense del siglo XIX y descendiente de John Hathorne, miembro clave del tribunal de los Juicios de Salem, en Massachusetts, y recordado por ser el único de los jueces que jamás se arrepintió de lo que hizo.

Y es que lo que ocurrió en esos juicios, entre febrero de 1692 y mayo de 1693, representa una de las muchas manchas de la historia de los Estados Unidos, pues a resultas de ellos veinte personas, de las cuales catorce eran mujeres, fueron ejecutadas bajo acusaciones de brujería. Por aquel entonces, en muchos lugares del país existía la fuerte convicción de que Satán estaba presente físicamente en la tierra, acechando en las sombras y listo para llevar el caos y la miseria a aquellos impuros que no siguieran la senda de Dios. Nueva Inglaterra, donde tienen lugar los acontecimientos que se narran en The Witch, era uno de esos sitios. Fue fundada por protestantes que buscaban una sociedad pura, basada en los principios que dictaba la Biblia, y gobernada por puritanos conservadores, influidos fuertemente por el calvinismo. Allí, los crecientes rumores sobre brujería llegaban a todos los rincones y producían un estado de pánico y terror constante.

Cuando se presenta a la familia protagonista de la película, salta a la vista que sus miembros no escapan a todas esas creencias. Su devoción y miedo llegan a rallar la locura. Se trata de un padre, una madre y cinco hijos. Han sido desterrados de la colonia en la que vivían, así que deben adentrarse en un bosque para construir allí una granja e intentar sobrevivir de la mejor manera posible. El aislamiento de la familia y el descenso a la locura recuerdan a The Shining, del genio Stanley Kubrick. La austeridad de sus vidas y las fuertes convicciones religiosas típicas de las comunidades rurales se parecen a lo visto en Das Weisse Band, obra maestra de Michael Haneke y alegoría de los peligros que se esconden detrás de la religión y la autoridad. En su tenebrosidad hay reminiscencias de The Village, de M. Night Shyamalan, y de The Blair Witch Project: el miedo que pueden llegar a provocar un bosque y los misterios que dormitan en su interior.

La historia que se narra es poderosa, y el ritmo de la película, pausado pero implacable, consigue mantener al espectador alerta y crea, poco a poco, una sensación de asfixia palpable, ya que lo que se ve resulta muy real. Su oscuridad estremece, por los temas que trata y por cómo se desenvuelven, por su planteamiento de la religión llevada al extremo, causante de tantos males y justificación de atrocidades y perversiones. La muy trabajada partitura de Mark Korven promueve esa sensación de malestar a la que el público se ve sometido. Los actores, empezando por la joven protagonista, Anya Taylor-Joy, están estupendos, creíbles, siempre seguros de lo que dicen y perfectamente definidos. Pero lo más remarcable es la caracterización de esa época tan oscura, la ambientación y representación de unas ideas y unas creencias venenosas y arraigadas. También la vestimenta usada por los personajes, el acento al hablar y el vocabulario empleado, señales de un gran trabajo de investigación previo a la realización del proyecto.

The Witch se aleja del cine de terror al que la mayoría de directores han acostumbrado al público, notorio por sus sustos efectistas y vacíos, camuflaje de historias repetidas incontables veces y totalmente faltos de originalidad. Afortunadamente, durante los últimos años el género está experimentando un cambio. Como sucedió con Kill List en 2011, o It Follows y The Babadook en 2014, The Witch aparece como una reivindicación del verdadero cine de miedo, del que rememora a clásicos como John Carpenter, Roman Polanski o David Cronenberg, dirigido a alimentar los más profundos temores del espectador y no a hacerle saltar de la butaca.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*