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Festival Acróbatas. Fuente: Propia
Festival Acróbatas. Fuente: Propia

La poesía con música, dos veces buena

Un artículo de Iris Rodríguez

Audiovisual de Eugenia Basauli

“Cita a ciegas de ciego” así definían Escandar Algeet, recién llegado de Madrid, y el cantautor barcelonés Rafa Pons su actuación en el Festival Acróbatas. Para ser una primera cita, con espectadores, el romanticismo y el buen rollo salían a raudales de L’Oncle Jack de Hospitalet. Podemos suponer que es lo que debe pasar cuando se juntan un creador de palabras y otro de ritmos, que al unirse rozan un clímax casi perfecto.

La poesía se define como aquel género literario considerado como manifestación de la belleza o del sentimiento, a través de la palabra. Y la canción de autor el género reivindicativo que también puede incluir canciones sobre el amor. Quizá estén un poco incompletas o fuera de contexto, las definiciones de libro es lo que tienen, por qué no hablamos mejor de creatividad, de ese proceso de tener ideas con un valor. Y ya que hablamos de valores, ambos géneros son la mejor demostración de que sentimientos personales y necesidad de cambios sociales, van ligados de la mano. Todo está en manos del artista, de saber usar sus armas de la forma adecuada.

Festival Acróbatas. Fuente: Propia

Festival Acróbatas. Fuente: Propia

Pons aseguró entre risas que el capullo que tenía al lado “decía cosas”, entendiendo esta expresión por el mejor piropo que le podía echar a Escandar, que con sus palabras había conseguido emocionarle hasta a él. Igual lo que ellos hacen es arte, el arte de embaucar y transportar al público lejos de la realidad, pero mostrándosela más de cerca. Con la maravillosa virtud de hacer de las palabras, sueños. Su arte es tal que hacen que la rabia que guarda mucha gente en este país, parezca hasta bonita tal y como te la cuentan y si no, lean

 

Un día salisteis a organizar la mentira y os quedasteis con la calle,
dijisteis esto sí y esto no como si pudierais decidir qué flores eran bonitas a los ojos de todos,
opinasteis con la mano en la espalda y el cuchillo en la mano bien preparado para todos aquellos que no estaban dispuestos a daros la razón.
Hicisteis que en los ojos de la buena gente creciera un hálito de decepción ante la muerte natural de la magia
y luego os jactasteis de ello en páginas y páginas de historia a las que cambiasteis los adjetivos.
(..)
porque detrás de cada robo en los ojos de la gente se acumularon lágrimas,
y en cada universidad que entrasteis a quemar libros, en cada calle con fusiles a la puerta,
en cada peldaño de sangre que pusisteis a la historia
hubo un testigo que no va a callarse ninguna de las costillas rotas que le partisteis,
la marca en la frente de vuestros cañones nos dibujo una mirilla en el pensamiento
y ahora os señalamos con la pluma porque su peso es mayor que el de vuestras pistolas,
usamos paletas de colores para dejar en ridículo vuestra triste escala de grises,
bailamos con las trompetas de vuestros desfiles y nos quitamos la ropa para que os avergoncéis de la sombra de vuestros uniformes.”

Es casi un hecho empírico que si hay poesía, habrá una musa. Y no porque la palabra sea de género femenino implica que ese ente de inspiración tenga que serlo. La de estos dos debía ser maravillosa para provocar que le escriban cosas como esta:

Te beberás un oceano de mis miedos en un vasito de agua que pondré en la mesilla cada noche,
tendré que despertarte por la mañana, lo siento, pero es que
dormir contigo es más excitante que cualquiera de mis sueños,
quiero este aquelarre de humo, este complot de elegías,
quiero en verdad cada sombra y cada despiste,
tus medias sonrisas,
este no saber qué hacer ni dónde, pero contigo.

No te vayas demasiado lejos porque puedo mover un planeta para encontrarte,
no me importan los continentes si tu eres el contenido,
y espero que a ti no te importen las confidencias,
los atracos a beso o muerte,
todo lo que se mueve en un sigilo,
voy a pasar mis brazos por tus hombros cuando vayamos al cine,
voy a discutir contigo sobre el final de cada película,
sobre el principio de nuestra historia,
voy a abrir las ventanas de par en par para que entres en mi vida de la única forma que sabes: volando.”

Cómo artistas de públicos minoritarios, alejados de lo estereotipadamente catalogado de música o literatura, consiguen que un público de no más de 30 personas, se sienta afortunado, por saber que el espectáculo que acaban de disfrutar, es único. Que la próxima vez que ambos toquen juntos, será distinto. Que cada concierto es una historia, aderezada por más o menos copas de whisky, o por más o menos rabia según lo que las noticias digan ese día.

Lo que empezó siendo una cita a ciegas acabó con una despedida monárquica, nótese la ironía, dando las gracias con “orgullo y satisfacción” a aquellos que siguen apoyando la poesía y la música de autor, en directo.

Redacció

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