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Portada del libro Los caminos del mar. Fuente: lahistoriaenmislibros.com
Portada del libro Los caminos del mar. Fuente: lahistoriaenmislibros.com

La transición eterna

La novela Los caminos del mar nos lleva a la Grecia del siglo III a.c.

Una crítica de Marta Mearin

Avanzamos a pasos de tortuga. Pasan los años, no, los siglos, y todavía nos falta más de la mitad del camino por recorrer. Vivimos en una sociedad dividida en clases sociales separadas por abismos y en la que se marca duramente una distinción por géneros: hombres y mujeres. Mujeres y hombres. No, primero ellos. Desde siempre. Y choca darse cuenta de que en el siglo III a.c., como nos muestra Magdalena Albero Andrés en su novela debut Los caminos del mar, las cosas empezaron a cambiar pero se estancaron.

Una vez te adentras en su lectura parece que estés leyendo el mundo. Sí, el actual. Es cierto que su historia transcurre en esa época lejana en que miles de hombres trabajaban duramente para construir el faro de Alejandría con la fuerza de sus cuerpos. Cuando reinaron los Ptolomeos, parece ser que con bondad. En ese momento en que el filósofo Epicuro planteó una nueva visión de la existencia y habló de vencer al dolor en vez de huirlo. Esos tiempos en que la medicina dio sus primeros pasos como ciencia, poco después de que intelectuales como Aristóteles e Hipócrates vivieran y se rebelaran contra las ideas establecidas, intentando demostrar que existían motivos para las dolencias y las muertes de la gente, que no eran la mera voluntad de los Dioses. Esa época en que las mujeres estaban obligadas a quedar no ya en segundo plano, sino a relegarse a la posición de amas de casa que abandonaban el hogar en contadas ocasiones para ir al mercado y, a lo mejor, charlar durante un rato con las mujeres de su círculo de amistades en los baños públicos. La historia que narra Los caminos del mar nos muestra que la realidad actual no está tan alejada de aquellos tiempos y la manera de vivir de su gente.

La novela de Magdalena Albero Andrés ha sido ganadora del II Concurso de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. Se trata de una obra que nos permite adentrarnos en el siglo III a.c. a través de Irene, su protagonista, a la que conocemos cuando es prácticamente una niña. Su padre, Kleón, le ha dado una educación poco común para las mujeres de esa época, instruyéndola no en las labores de la casa y el cuidado del marido y los hijos, sino desarrollando su inteligencia y curiosidad junto a los sabios e intelectuales de Atenas con los que él mantiene relación. Pero en un momento dado Irene tiene que abandonar Atenas, su ciudad natal, para huir de los nuevos mandatarios del país, que han encarcelado a su padre por pensar diferente a como lo hacen ellos. Atenas empieza a sumirse en la decadencia y Kleón sigue creyendo en la democracia y la libertad. Temiendo por la seguridad de su hija la envía con Herófilo, un médico familiar suyo que reside en Alejandría. A partir de ese momento Irene deberá seguir su camino sola, sin el cariño y la ayuda que su padre le ha proporcionado siempre. La protagonista llevará al lector a vivir aventuras en Creta, Alejandría, Rodas y Atenas, mostrándole las ciudades, a su gente, sus costumbres y su manera de ver el mundo.

En sus viajes conocerá a Herófilo, el tutor con el que su padre la envía y uno de los médicos más importantes de Alejandría. Él despertará en Irene la pasión por la medicina y será su maestro, omitiendo siempre comentarios en contra de que una mujer aprenda y practique la medicina. Se cruzará también con dos hombres que serán importantes en su vida: Linos, el discípulo de Herófilo, y Leandro, un escultor que la hará madurar como mujer con sus idas y venidas. A lo largo de su vida, sus viajes y aprendizajes Irene crecerá, madurará y cambiará, dejando de ser esa niña inocente que tanto dependía de su padre.

Magdalena Albero nos presenta una novela con una documentación amplísima, exponiendo muchos datos que nos permiten conocer mejor la Atenas de la época de manera amena y entretenida. Por eso al leerla hay cosas que chocan tanto. Vemos a mujeres recluidas en sus casas y a niñas destinadas a casarse con hombres a los que no conocen. Pero después pensamos y nos damos cuenta de que eso sigue pasando en la actualidad en muchos países y que no hace tanto que ocurría en el nuestro. Asistimos a los primeros pasos de la medicina, a la eterna lucha entre la fidelidad a los principios morales y el afán de conocimiento a cualquier precio. La experimentación con animales o con seres humanos es uno de los dilemas que más latentes están en la novela y que a día de hoy siguen siendo un tema de discusión.

La organización de la información, una de las labores más complejas a la hora de escribir una novela, está muy bien lograda en esta obra. Las palabras que nos permiten ver y entender cómo pensaban y actuaban los griegos del momento se complementan perfectamente con las historias que Irene nos cuenta en primera persona, narrando su vida. La estructura se basa en una línea cronológica y cuenta con unos ejes muy cuidados que quedan clarísimos y a los que es fácil engancharse. Además, las historias son muy entretenidas y variadas en género y cuentan con subtramas que les aportan un poco más de profundidad.

Uno de los puntos más fuertes de esta novela es la construcción de sus personajes. La escritora consigue hacerlos muy humanos, creando virtudes y defectos para todos ellos y mostrando su carácter, sus pensamientos y sentimientos. No sólo se le coge cariño a Irene, la protagonista y narradora de la historia, a la que vemos crecer prácticamente desde niña, sino también a todas las personas que la acompañan en su viaje vital.

Indudablemente es a ella a la que más nos apegamos, deseando que siga con sus estudios de medicina y que consiga ejercer como tal a pesar de las negativas que recibe sin cesar. Nos vemos llevados a la indignación por el hecho de que no la acepten por el simple hecho de ser mujer y nos damos cuenta de que hoy en día muchas veces pasa lo mismo. Tal y como ocurría en la antigua Grecia — y en la mayoría de las culturas — hoy también es el hombre quien goza de preferencias a la hora de trabajar y desenvolverse en la vida pública. Todavía hoy los hombres tienen un sueldo superior (en nada más y nada menos que un 27%) al de las mujeres en muchos empleos según los últimos datos del INE, y desde las empresas buscan a veces contratarles a ellos para ahorrarse bajas por maternidad según un estudio realizado por la compañía de recursos humanos Randstad.

Según los datos del INE la juventud está volviendo a sumirse en un machismo extremo. Los chicos de hoy tratan a sus novias como a seres inferiores y la cifra de maltratos va en aumento cada año entre los menores de edad. De hecho, haciendo una comparativa entre los datos de víctimas de violencia de género de 2011 y 2014 vemos que la cifra ha incrementado entre los menores de 18 años y ha disminuido entre los mayores de edad.

Leyendo Los caminos del mar nos escandalizamos al ver las trabas que le ponen a Irene para ejercer la medicina. Nos hierve la sangre y pasamos las páginas con furia, maldiciendo a esa sociedad griega anticuada y evolucionada al mismo tiempo. Hasta que nos paramos a pensar y vemos que todo sigue igual. Somos la sociedad del cambio a pasos de tortuga. La de mucho hablar y poco hacer. La de mucho desear y poco conseguir. La de la prevalencia de los intereses de unos pocos poderosos sobre una mayoría conformista. Pocos — relativamente —luchan como Irene por cambiar su situación y la del mundo y dejan atrás el miedo, haciendo caso omiso a los reproches de unas convicciones sin sentido.

Somos la sociedad de la estupidez inamovible. La transición eterna hacia lo que nunca llega. Ojalá haya Irenes fuera de los libros que tengan las narices de hacerle frente.

Marta Mearin
Estudiante de periodismo y escritora. Creo en el periodismo narrativo como vehículo para la comprensión del ser humano y el mundo que le rodea. Estoy convencida de que la cultura puede cambiar el mundo.

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