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‘Selma’ (2014) dirigida por Ava DuVernay // Harpo Films

Hollywood: el antídoto contra el racismo que no pudo ser

Una columna de Samuel Rubin

¿Qué tienen en común todos los directores, guionistas, productores, actores y actrices (protagonistas y de reparto) nominados en esta edición de los Oscar? Todos ellos son más blancos que la cal. Este año 2015, la gala de los premios de la Academia, presentada por Neil Patrick Harris, será la más ‘blanca’ desde 1998, año en el que ‘Shakespeare in Love’ se llevó siete estatuillas, Jim Carrey triunfó con ‘The Truman Show’ y Edward Norton no recogió el esperado Oscar por su rol en ‘American History X’. ¡Qué tiempos aquellos!

La polémica está servida. ‘Selma’ -la biopic sobre Martin Luther King- dirigida por Ava DuVernay, se ha hecho solo con dos nominaciones: Mejor Película y Mejor Canción Original. Los críticos están estupefactos ante la mala cosecha; la película ha quedado fuera de las categorías de dirección, guión, producción y fotografía. ¿Por qué?  Al final parece que tengamos que nominar a todas las películas que traten los derechos civiles o esclavitud -dice un académico (anónimamente) en una entrevista al Entertainment Weekly-. Esto a mi me parece racista. Mira lo que hicimos ya el año pasado con ’12 Years of Slavery’.

Recapitulemos: ‘Selma’ echa la vista cincuenta años atrás, durante las marchas de Selma a Montgomery (Alabama), organizadas por la Southern Christian Leadership Conference. Las movilizaciones condujeron a la aprobación de la ‘Voting Rights Act’ de 1965, permitiendo finalmente a la comunidad afro-americana ejecutar su derecho a voto. El filme retrata las vidas cotidianas de los héroes que tomaron las calles para hacerse con sus libertades. Las dificultades detrás del ‘sueño’ de King, no eran pocas. Evitando el triunfalismo, Ava DuVernay -que dirige con elegancia y poder- plasma los miedos y las dudas de los luchadores. Por otro lado, David Oyelowo, sublime en su rol, encarna la gentileza y paciencia del líder. La dureza de los acontecimientos sucedidos medio siglo atrás siguen siendo ejemplo de la realidad racista que vive hoy en día Estados Unidos. Las muertes de Michael Brown en Ferguson y de Eric Garner en Nueva York, víctimas de la brutalidad policial, son algunos tercos ejemplos de ello. Quizás la presión social que estos últimos episodios han ejercido (provocando que centenares de miles de personas salieran a las calles manifestándose pacífica y a veces no tan pacíficamente) ha propulsado el significado de la película más que nunca. “Queda mucho por hacer” confiesa la directora durante el estreno del filme.

Según el Ministerio de Justicia de los Estados Unidos, 1 de 4 hombres afro-americanos, entre 18 y 34 años, ha reportado alguna vez el tratamiento desproporcionado o injusto por parte de las autoridades. La misma fuente reconoce que el racismo representa el 54% de las denuncias contra el abuso policial. Y mientras según el 70% de la comunidad negra la actuación policial es desproporcionada, solo un 37% de los blancos reconoce tal desigualdad. Quizás donde mayor se respire el clima de la segregación es en la cárcel, dónde por cada recluso caucásico hay 6 afro-americanos y 2 latinos. También en los arrestos por posesión de Marihuana se nota tal discriminación: el número de detenciones se multiplica por tres en el caso de los afro-americanos. Posteriormente, sus condenas serán un 20% más longevas que el resto de grupos étnicos. Sin embargo, el Gobierno Federal sigue insistiendo que el consumo de maría -a diferencia de otras drogas- no es mayor en ningún grupo racial en particular. Las consecuencias del racismo se palpan diariamente.

En Hollywood el panorama no es distinto y los prejuicios raciales se esconden entre los flashes de las cámaras. Ante todo, las nominaciones de actores y actrices afro-americanos se basan casi exclusivamente en roles sobre la esclavitud o los derechos civiles. ¿Limitación artística? ¿Cuando veremos una ‘blockbuster’ o una comedia romántica interpretada por una mujer negra de cuarenta años? El paseo de la fama se reserva abrir sus puertas más allá de las ‘black stories’. Otro asunto, del cual ‘Selma’ es ejemplo, es la narrativa que Hollywood sugiere a la hora de premiar las mejores películas. Que un filme sobre la esclavitud gane en 2014 –’12 Years of Slavery’– no debería afectar el juicio de cara al año posterior. En definitiva, patrones que decepcionan.

Boyhood’, ‘Birdman’, ‘The Grand Hotel Budapest’, ‘Into the Woods’ y ‘Whiplash’, nominadas este año, son películas de ficción que no presentan ni un solo personaje que no sea caucásico. Sin embargo, cuando hay razones históricas para que los protagonistas sean afro-americanos, como es el caso de la superproducción ‘Exodus’ dirigida por Ridley Scott, centrada en Egipto durante la época de Moisés, los personajes principales acaban siendo blancos. Dudo que Christian Bale o Joel Edgerton sean el perfil más adecuado para semejante época y contexto.

Este año, como muchos otros, ha habido películas estelares con personajes sublimes y afro-americanos, que nuevamente se han quedado fuera de los focos. Es el caso de ‘Get On Up’ –la biopic de James Brown- interpretada por Chadwick Boseman o Gugu Mbatha-Raw’s, que ha arrasado con ‘Belle’ y ‘Beyond the Lights’ y pese coronarse como una de las actrices revelación del año ha sido ignorada en los festivales más importantes. Tales ejemplos son la mejor demostración que, en Estados Unidos, el trato, la igualdad y las oportunidades siguen denegándose en base al color de piel; y el mundo del cine no se queda atrás… Al final, en Hollywood el verde es el único color que importa.

Samuel Rubin
Barcelona - Los Angeles. Escriure des de 10.000 kilòmetres de distància només em fa voler estar més aprop.

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