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Manel Prat, una historia de roles y guardias

Columna de Cristina Barrial

Dimitir viene del prefijo dis (‘negación’, ‘privación’ o ‘separación’) y del término mittere (‘enviar’, ‘soltar’ o ‘arrojar’). Este último, a su vez, procede de iter (‘camino’). Según la RAE, dimitir significa ‘renunciar a algo, especialmente a un cargo’.

Manel Prat parecía haber salido directamente del experimento de la cárcel de Stanford. Como pupilo de Phillip Zimbardo, muchas veces me lo he imaginado vestido de guardia, demostrando al psicólogo americano que un mal ambiente puede corromper a una buena persona. A los voluntarios presentados al experimento les podían ser adjudicados dos papeles al azar: el de guardia o el de prisionero. Los afortunados guardias comenzarían a pecar de un comportamiento abusivo y denigrante hacia unos prisioneros cada vez más pasivos y complacientes. El experimento, planeado para quince días, solo duró seis. La situación se había vuelto, fuera de todo pronóstico, insostenible. Zimbardo confirmó que las personas tienen una especial capacidad para adapatarse a los roles. Sobre todo, cuando estos están relacionados con el poder.

Manel Prat creía tener poder. No es de extrañar teniendo en cuenta la impunidad de sus actos. Creía tener poder para, después de arrebatarle la vista de un ojo a Esther Quintana, continuar usando pelotas de goma. También creía tenerlo para ordenar reducir a Juan Andrés Benítez, que “llegaría sin vida al hospital”. Se acuerdan en Vendrell de Yassir, muerto en la comisaría local en circunstancias que nunca se llegaron a aclarar, y de todos los abusos que sufre por parte del poder policial la comunidad magrebí. Se acordarán en Can Víes del derribo del Centro Social Okupado que llevaba 17 años sirviendo como fertilizante del poder popular en Sants.

Manel Prat cumplía con su rol de director del cuerpo de Mossos d’Esquadra. Pero la situación se había vuelto, fuera todo pronóstico, insostenible. Como uno de esos guardias de Stanford, creyó tener el poder, olvidando que su persona –de tintes psicópatas-, y a quien representa, es sólo un eslabón legitimador de un sistema sin escrúpulos que se nutre de esos prisioneros cada vez menos pasivos y complacientes. Un eslabón fácilmente reponible que mañana no se llamará Manel Prat, pero tendrá otro nombre. Mientras tanto, en un despacho, Phillip Zimbardo continuará frotándose las manos.

Antena3:  Dimite el director de los Mossos d'Esquadra, Manel Prat

Antena3: Dimite el director de los Mossos d’Esquadra, Manel Prat

Redacció

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