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La fábula mal contada

22M, un día para la indignación y la dignidad

Una columna de Mª Camila Ardila

¿Recordáis el cuento de la hormiga y la cigarra? Aquel en el que se nos relataba cómo la hormiga, muy trabajadora ella, recolectaba alimento para el invierno durante el verano y le preguntaba a la cigarra, una vaga que se pasaba el día cantando:

 –       “¿Y qué harás cuando no tengas nada para comer?,

–       “Ya veremos…” contestaba la vividora

La moraleja del relato popular era: trabaja y, durante las vacas flacas, tendrás tranquilidad, comida y una seguridad. El que no lo hace sufre. Nuestra protagonista, por muy dedicada y previsora que fuera, seguro que jamás se imaginó que desde el 2008 no saldría el sol y no tendría la oportunidad de ganarse el pan.

En este mundo, que no es una fábula ni por asomo, un mundo en el que todo vale y mientras a mi no me toque no me importa… La pobre hormiga estaría sufriendo de la subida del transporte y de las tasas universitarias, se hubiera quedado sin ambulatorio en su barrio, estarían quitándole alimento para dárselo a quien más tiene, la hubieran desahuciado y, de seguir teniendo un techo, estaría sufriendo pobreza energética… Todo esto a falta de compañeras. Sin embargo, la hormiga, como insecto social que es, nunca ha estado sola. El cuento nos lo contaron mal.

Desde hace algunas semanas cientos de hormigas han salido de sus respectivos hormigueros  para decirle a las cigarras, esta vez a las de la capital, que están hartas de ese canto rechinante y abrumador que repite: “Los recortes son necesarios”, “la deuda hay pagarla” y “nos estamos recuperando”. Ayer en Madrid, dos millones de hormigas de todo Estado español para la Organización y 36.000 para la policía -pocas horas antes 50.000- marcharon por una vida digna en la que no se las reduzca a mera mano de obra, demostrando que no están solas en lo que se ha bautizado como Marchas de la dignidad.

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Llegada de la columna noreste a la Puerta de Alcalá. Fuente: Mª Camila Ardila – lacolumna.cat

Las cigarras las estaban esperando con una comitiva de bienvenida de alrededor de 1.700 antidisturbios. Efectivamente, tuvieron trabajo, hubo actos violentos a los que desgraciadamente los medios han dado más importancia que al ambiente festivo, familiar y de indignación que imperó en todas las columnas que marchaban desde el comienzo del día hacia Atocha. Ayer Madrid fue el altavoz de decenas de luchas: por la vivienda, por la educación, contra la nueva ley de aborto, por el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros, en contra de la ley de Seguridad Ciudadana, alías ley Mordaza, contra la precarización laboral…

Los antidisturbios cargaron contra el insecto equivocado. Unos rompieron cajeros ayer por la noche. Otros en actos de completo pacifismo permiten cada día que miles de familias se queden sin casa, que más del 25% de la población activa esté en paro, que más de la mitad de jóvenes que buscan trabajo no tengan oportunidades. Es en nombre de la paz que las cigarras rebajan el nivel adquisitivo de las personas mayores, recortan en educación y en sanidad a costa de rescatar bancos, invertir en las fuerzas militares y hacer la vista gorda al fraude fiscal de grandes empresas y fortunas.

Fue en un acto de total transparencia que las otras cigarras, los medios de comunicación convencionales, no dieron noticia de las Marchas hasta que no pudieron criminalizarlas. Es por mostrar la verdad que la prensa de hoy domingo, si habla de las Marchas, pone en relieve los altercados, las declaraciones de Cristina Cifuentes y las fotos de los enfrentamientos dejando en segundo plano la fuerza, la rabia y el descontento mostrado por aquellos para los que el día no comenzó a las 8:15 de la tarde.

Queridas hormigas, nos están contando mal muchas fábulas, todo para ponernos en contra de nuestra misma especie. Llegadas a este punto la dignidad es lo poco que nos queda. Que no nos la quiten.

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Fuente: Mª Camila Ardila – lacolumna.cat

Redacció

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