Inici / Política / Món / Meir Margalit: “Todos los grandes cambios en la historia empezaron con un cambio en la percepción”
Meir Margalit. Foto: Álvaro Imbert
Meir Margalit. Foto: Álvaro Imbert

Meir Margalit: “Todos los grandes cambios en la historia empezaron con un cambio en la percepción”

Una entrevista de Álvaro Imbert

Con motivo de la conferencia llevada a cabo en el Instituto Europeo del Mediterráneo, bajo el lema: “Una solución al conflicto israelí-palestino desde el punto de vista del pacifisimo y la resistencia pacífica”, tuvimos en Barcelona al destacado activista israelí, Meir Margalit. Doctor en historia contemporánea por la Universidad de Haifa, ex consejal del Ayuntamiento de Jerusalén, fundador del Israeli Committee Against Housing Demolitions (ICAHD) y del Committee for the Advancement of Peace Initiatives (CAPI), Meir es una de las figuras más destacadas en la lucha contra el conflicto.
Nacido en Argentina, se trasladó a Israel en 1972. Un año más tarde, durante el servicio militar obligatorio, Meir resultó gravemente herido en la guerra de Yom Kippur. Durante el periodo de su recuperación, empezó a replantearse el conflicto de otra manera. Desde entonces no ha dejado de luchar en la pugna que parece no tener fin. Y, cuarenta y dos años más tarde nos encontramos sentados en la librería Laie,  debatiendo sobre una batalla que sí que parece tener fin.

“El conflicto israelí-palestino sí que tiene solución, desde una perspectiva pacifista”. ¿En qué te basas para formular una premisa tan atrevida en un contexto actual tan pesimista?

Mira, puedes pensar que soy un poco ingenuo y tienes todo el derecho de pensarlo. De forma personal le tengo mucha simpatía a la gente ingenua, así que no hay problema. Prefiero a estos ingenuos, soñadores, que a estos seres racionalistas que se las saben todas y que no tienen ninguna duda en la vida.

Veo que la ocupación se está acabando, se está desgastando sola. Todas las ocupaciones, todos los regímenes imperialistas de la historia en algún momento se quebraron solos. Algunos más rápido, a otros les llevó más tiempo por obra de violencia o problemas económicos. Pero en la historia del S.XIX, del gran imperialismo, vimos que de todo ese colonialismo ya no queda nada. Tal vez Israel sea la última colonia imperialista del mundo. De modo que si esto le pudo pasar al Imperio Otomano, si le pasó a Inglaterra, a Francia en Argelia, a Holanda y a todos los países que tuvieron colonias más allá del Mediterráneo, esto nos va a pasar a nosotros tarde o temprano.

Tengo la sensación de que la gente en Israel, más bien dicho los jóvenes, se  sienten absolutamente cansados, agotados, podridos de la ocupación. Y éstos se preguntan qué sentido tiene continuar con este conflicto, que de última estancia nos exige un sacrificio que no está escrito en la Biblia, que no es obligatorio; no es que “así es la vida”. Creo que el hecho de que tantos jóvenes israelíes, en los últimos años, hayan tenido la oportunidad de viajar al extranjero, por ejemplo, de venir acá en Barcelona y poder disfrutar tomando cervezas con jóvenes de su misma edad, les ha abierto los ojos y la mente. Los jóvenes hoy se preguntan: por qué yo no puedo vivir como Jordi o Xavi, como chicos que tienen mi misma edad y viven una vida normal.

Por experiencia de todos, estos cambios no sucederán si no lo hay en la tendencia política. Y por ahora parece que volverá a ser de derechas, en la próximas elecciones anticipadas del 17 de marzo. Este aspecto dificulta mucho el cambio. ¿Qué opinas al respecto?

Si me anticipas que en las elecciones que se celebrarán en diez días ganará la derecha no me sorprendería nada. Hay una disociación cognitiva entre lo que la gente dice y lo que hace y lo que vota.  Pero que quede claro que lo más importante es que todos los grandes cambios en la historia empezaron con un cambio en la percepción. Y la de los jóvenes es distinta a la que tenían hace veinte años atrás. La gente percibe que este conflicto ya no tiene sentido.

¿Por qué ahora?

Esto te va a resultar un tanto extraño. Yo diría que esto se lo debemos a Ariel Sharón. El ex Presidente de  Israel fue quien tomó la iniciativa de construir el conocido “muro de la vergüenza”, que separa Israel de Cisjordania. Y éste tuvo un efecto muy interesante en la sociedad israelí. Por primera vez, jóvenes, que nacieron después del 1967 y su respectiva ocupación, se empezaron a hacer preguntas que antes ni se hubieran imaginado. Por ejemplo la pregunta de dónde está la frontera. Dónde empieza y dónde termina Israel.  Y estoy hablando de jóvenes para los cuales la presencia israelí en territorios de Cisjordania era lo más natural del mundo. Jóvenes que decían que así como en Galilea hay árabes y ésta es nuestra; así como en Negev hay beduinos y es nuestro. Que en Cisjordania hay palestinos pero es nuestra.  Cuando Sharón empieza por ahí del 2002/3 a construir el muro, la gente se empezó a preguntar: ¿Pero por qué ahí? Y a partir de ese momento empezaron a entender que aquí hay algo raro, anormal. Que hay un nosotros y hay un ellos. Un Israel y algo más que no lo es, porque si lo fuera, no tendría que haber un muro que lo separase. Empezó un proceso que está llevando mucho tiempo, a pesar que en conceptos de historia no lo es, por el cual la gente empieza a entender que Cisjordania no nos pertenece.

Podría decirte que el proceso de desgaste, de cansancio hubiera venido igualmente sin Sharón. Pero creo que éste, y el muro,  han contribuido a que la gente se ponga a reflexionar sobre dónde empieza y dónde termina el Estado de Israel. No estoy hablando a favor del muro, tengo cantidad de argumentos en contra, pero no me cabe duda de que ha tenido un efecto positivo sobre el proceso de reflexión y ha generado un nuevo enfoque de la delicada situación actual en Oriente Medio.

¿No se habrá producido un efecto inverso, es decir, una mayor radicalización por parte del pueblo palestino?

Sí, efectivamente, en el lado palestino el proceso es inverso. El muro, que para los jóvenes israelíes supuso una revaluación de la situación, para los palestinos ha sido un elemento que ha afectado muy profundamente a la vida cotidiana. Más allá de que es una humillación y que les ha robado enormes cantidades de tierra, el muro es un elemento violento en el paisaje local. Estoy hablando –para aquellos que no lo sepan- de una masa de siete metros de altura de cemento armado que transmite violencia. No me cabe duda pues, que la juventud palestina “está en otra”. Si se produce algún tipo de evaluación es precisamente aquella que conduce a otra dirección. Aquella en la que impera el: “esto no tiene solución”; Israel continúa confiscando y anexando nuestras tierras; tenemos la violencia frente a nuestros ojos día y noche. Y los palestinos sí, indudablemente, giraron más hacía el extremismo.

Una cosa influye a la otra. Cada vez que un palestino ofendido y dolido reacciona, bueno, el israelí dice: “there is no partner” (no hay con quien hablar). Y cada vez que el israelí, ya no hablemos de los colonos con las barbaridades que hacen a diario, incluso aquellos que son menos politizados, ven la realidad y no hacen nada; el palestino también dice: “there is no partner, ni siquiera tienen la sensibilidad de poder venir y darnos un poco de apoyo, ¡que más!”

En ambos lados los procesos van en direcciones opuestas. No tengo la fórmula para poder encontrar un punto de encuentro entre ellos. En estos momentos, por ser de Israel, mi preocupación es cómo hacer para convencer al israelí de que hay que acabar con la ocupación. ¿Cómo hacer para convencer al palestino de que cambie su estrategia, su percepción y su forma de lucha? No lo puedo saber porque no estoy allá. No es que no esté allá físicamente, ni siquiera psicológicamente, como para entender el dolor palestino y como para poder decir: me gustaría que actúen de otra manera. Las dos direcciones en el conflicto se van contradiciendo una con la otra.

La pregunta es si vamos a ser lo suficientemente inteligentes y fuertes como para que nuestro camino se imponga al camino palestino. Es natural la forma en la que reaccionan los palestinos. Cuando nosotros estábamos bajo el mandato británico no éramos mejores que ellos. También nosotros matamos a gente inocente; también nosotros pusimos bombas donde no correspondía por la lucha en la batalla por la autodeterminación. Ellos también están en la misma lucha, así que, como historiador, veo los paralelismos.

Está claro que las cosas seguirán igual si no hay un cambio en la mentalidad. Y una buena manera de conseguirlo sería a través de la presión social y política de grupos pacifistas. ¿Crees que estos movimientos en contra del conflicto se están abriendo paso a paso en la sociedad de Israel?

Te voy a dar de nuevo una respuesta un tanto complicada. El movimiento pacifista israelí, o mejor dicho, el movimiento disidente, porque en realidad no es que sean pacifistas en la línea de Gandhi, son disidentes, está cada vez más débil. Pero es importante recalcar la palabra “movimiento”. La concepción de mundo, de la vida y la ideología disidente están cada vez más arraigadas. Si cuentas cuanta gente somos, cuantas organizaciones, estamos mal. Pero lo paradójico e interesante  es que las ideas nuestras están cada vez calando más profundo en la sociedad israelí, incluyendo dentro de los partidos o marcos que tradicionalmente los denominamos de derechistas. Incluso la derecha israelí hoy entiende que la ocupación no puede continuar interminablemente.

No es que venga Netayanhu y te diga: “mañana devuelvo los territorios y recuperamos la frontera del 67”. No, pero incluso él mismo dice que es necesario que haya algún tipo de arreglo, de acuerdo territorial, porque la situación es imposible de sostener. En otras palabras, si hace veinte años atrás, la discusión en Israel era si devolver la tierra o no;  la discusión hoy es qué porcentaje de la tierra devolver. Cabe distinguir claramente ambas preguntas. Hoy por hoy la gente entiende que algo hay que devolver. Nosotros [los pacifistas] decimos que hemos de devolver todo. Y la derecha te dirá que un cincuenta, un sesenta, un cuarenta por ciento, ya que varía. Entienden que tiene que devolver algo. Eso significa que estamos mal a nivel numérico pero muy bien a nivel ideológico.

Hemos logrado filtrar dentro de la ideología derechista la idea de que esto no puede continuar así. Y no es poco.

Poco a poco, el reconocimiento de que algo no va bien está cogiendo forma en la sociedad israelí. ¿Cuál es la explicación de que siga sin haber resultados?

Es lo que se llama “la fuerza de la inercia”. En instituciones grandes a veces es dificilísimo mover una lapicera de una punta a la otra de la mesa. En un país inmerso en un conflicto tan complejo es sumamente complejo cambiar de opinión. A los hombres les resulta difícil. Al Estado mucho más. Puede ser que la gente haya cambiado de opinión pero siga actuando de acuerdo al modelo anterior por la fuerza de la inercia. Lleva tiempo, pero si la gente lo entiende, en algún momento va a dar el paso y va a cambiar de postura. Lo más importante es que lo comprendan. Que el discurso interno cambie.

Nuestro desafío –el de los movimientos pacifistas o disidentes- es, simplemente, tumbar una sola pieza del engranaje psicológico israelí. Esta pieza iniciará el efecto dominó. Caerá una, la otra y la otra hasta que todo este sistema caiga abajo. Hay que encontrar la pieza que haga mover todo este proceso de replanteamiento y se producirá el cambio.

Alguien puede decir que es importante lo que se hace y no lo que se piensa. Y estoy totalmente de acuerdo, pero el cambio de acción comienza con un cambio de percepción mental. Y ya estamos en ese momento.

¿Y cuál crees que podría ser esa pieza del engranaje?

Si lo supiera, ya lo hubiera implementado. No hemos encontrado todavía esa pieza. Lo que tenemos claro es que tenemos que seguir buscándola y no desesperar, a diferencia de muchos que piensan que ya lo han probado todo y que no tiene solución.

No. El día menos pensado sucederá. Deberá suceder. Y ahí estamos nosotros tratando todo el tiempo de incentivar, de generar estos cambios.

Tal vez hoy Israel no se da cuenta de los beneficios de la paz pero no me cabe duda que en algún momento abrirá los ojos y sabrá que el futuro de nuestros hijos depende de ella. Acabarán entendiéndolo. No les estamos ofreciendo más riqueza; les estamos ofreciendo la posibilidad de vivir una vida normal. Y hoy ni siquiera lo aprecian porque no saben lo que es una vida normal. Acabarán entendiéndolo.

Álvaro Imbert Paradinas
Periodista a veces, fotoreportero siempre. Amante del mundo. La curiosidad y la observación me empujan a seguir fotografiando.

Deixa un comentari

La teva adreça de correu electrònic no es publicarà. Els camps obligatoris estan marcats *

*